La Visita del Presidente Urquiza a Córdoba en 1854

Justo José de Urquiza

Explicándole a mí nieta Giuliana, que hoy tiene 9 años y que desde su primer año de vida vive en Estado Unidos, que el general José de San Martín era el prócer más importante de Argentina, me preguntó: “Abuelo, ¿San Martín fue presidente?” Esta inocente respuesta me hizo tomar conciencia de lo importante que es en una cultura democrática la institución presidencial, no siempre respetada y valorada por nuestro pueblo; y no siempre ejercida en nombre y beneficio de toda la sociedad.

Esta lección es la que me ha animado a proponer, el mes pasado y a través de la prensa, declare el Día de los Presidentes por ley el 5 de Marzo, fecha en que Justo José de Urquiza, muchas veces mejor recordado por sus acciones militares, asumió como primer presidente constitucional de la República; y a referirme en este discurso a un hecho casi anecdótico de nuestra historia, como fue la visita que el Gran Entrerriano hizo a Córdoba a poco de comenzar su mandato, como una forma de identificarse con el pueblo que acababa de confiarle su destino y al que debía servir.

La elección y el juramento del primer presidente

 Urquiza que asumió la presidencia de la Confederación ese día de 1854, junto al vicepresidente Salvador María del Carril, en el Cabildo de la ciudad de Santa Fe, donde prestó juramento ante 18 convencionales integrantes la Convención Constituyente, que el 1º de Mayo del año anterior había sancionado la Constitución, y que el 20 del mes anterior había hecho el escrutinio de los votos de los electores que eligieron la primera fórmula presidencial, y en la cual Urquiza había sido elegido presidente con el voto de 94 de los 106 electores.

En su discurso inaugural Urquiza afirmó que no había que usar más el cintillo punzó, ya que los unitarios habían desaparecido definitivamente. En el acto todos se quitaron dicha insignia.[1] Las palabras de Urquiza fueron “Desde hoy no hay mas distintivos entre los argentinos.” [2] Con lo que se reafirmó la consigna de “Ni vencedores ni vencidos” que había proclamado después de Caseros. Hoy es oportuno recordar este gesto, atento la permanente confrontación en que se encuentran empeñados últimamente los Primeros Mandatarios, y quienes lo apoyan, en contra de los opositores, ya que ello ha crispado los ánimos y ha dividido a los argentinos.

Dicha Convención, que presidía el cordobés Santiago Rafael Derqui, se disolvió dos días después, el 7 de marzo, con una proclama a los pueblos en la que se hizo esta exhortación:

“En nombre de lo pasado, y de las desgracias sufridas, les pide y aconseja; obediencia absoluta a la Constitución que han jurado. ¡Los hombres se dignifican postrándose ante la ley, porque así se libran de arrodillarse ante los tiranos! Otra lección importante de recordar en momentos en que la transgresión de las leyes está a la orden del día, y que su dictado está muchas veces a cargo del presidente, a través de decretos de necesidad y urgencia o legislación delegada y no por el Congreso, que es el órgano que representa al pueblo y a las provincias que integran la Nación.

La Ley Fundamental establecía que la elección del presidente y el vicepresidente se hacía en forma indirecta, como lo era y es actualmente en Estados Unidos. Dicho Colegio Electoral era elegido por el pueblo de las provincias, y estaba integrado por un número igual al doble de los diputados y senadores que cada una de ellas enviaban al Congreso. La votación de los electores se practicó entonces en la capital de las 11 de las 14 provincias donde se realizaron los comicios, ya que Buenos Aires estaba separada de la Confederación desde 1852, y Tucumán y Santiago del Estero no sufragaron porque estaban en guerra civil. Los electores fueron votados por los pueblos de las provincias el 20 de noviembre de 1853.

Los 16 electores de la provincia de Córdoba, 3 por el Departamento Capital: Manuel Lucero, Gerónimo Yofre y Lucrecio Vásquez, y los 13 restantes, que representaban a cada uno de los otros departamentos en que se dividía el distrito, votaron unánimemente, por Urquiza, quién al ser enterado de ello por el gobernador Guzmán expresó: “La provincia de Córdoba es sin disputa una de las que han jugado un rol importante en el período constitucional y es sin duda acreedora de las consideraciones de los argentinos, como lo es su gobierno al aprecio particular mío(…)” [3] Para vicepresidente 10 votaron por Salvador María del Carril y 6 a su coterráneo Mariano Fragueiro.

Dos de los cinco ministros del primer gabinete que tuvo el presidente Urquiza eran cordobeses. Como Ministro de Hacienda designó al referido Fragueiro, un acaudalado comerciante, que había sido gobernador de la provincia mediterránea en 1831 y lo sería nuevamente entre 1858 y 1860; y, más tarde, presidiría las Convenciones Constituyente que reformaron en Santa Fe la Constitución Nacional en 1860 y 1866. El otro ministro de Córdoba fue Santiago Derqui, que se hizo cargo de la cartera de Justicia, Culto e Instrucción Pública; que en 1860 sucedería en la presidencia a Urquiza, luego de derrotar a Fragueiro en el Colegio Electoral por 72 votos contra 46.

Más adelante el presidente designaría a otros dos hombres de Córdoba en su gabinete: a Elías Bedoya, un antiguo unitario que era doctor en derecho civil y canónico; y a Juan del Campillo, que junto a Derqui habían representado a Córdoba en la Convención Constituyente, y que le tocó escribir, con su puño y letra, el texto original de la Constitución, en veinte fojas de un libro de contabilidad, que los convencionales firmaron al pie el 1º de Mayo de 1853, y que hoy se exhibe en el Templete erigido desde el 1º de marzo de 2005 en el Salón Azul del Congreso de la Nación.

El 6 de agosto de 1854, cuando Urquiza nombra los nueve jueces y dos fiscales de la Corte Suprema de Justicia de la Confederación, designó a dos juristas de Córdoba, a los doctores José Roque Funes, como ministro, y a Ramón Ferreyra, como Procurador Fiscal. El 20 de febrero de 1855 el doctor Manuel Lucero -otro cordobés-  fue designado para sustituir a uno de los jueces antes nombrado. Esto sólo sirve para mostrar la importancia que tenían los hombres de la docta en el primer gobierno constitucional, ya que estos magistrados nunca asumieron sus cargos.

Por entonces, Córdoba era gobernada por Alejo Carmen Guzmán, desde la revolución del 27 de abril de 1852, que derrocó al gobernador rosista Manuel “Quebracho” López. Enrolado en la posición federal favorable a Urquiza, ejercía la jefatura del recientemente formado Partido Constitucional y le tocó la difícil faena de regenerar el funcionamiento de las instituciones provinciales tras el largo período del gobierno de Manuel López, que comenzó en 1835. Una de las primeras medidas fue restablecer el uso del cintillo punzó, acatando una recomendación de Urquiza que lo impuso después de la batalla de Caseros, lo que le produjo en Buenos Aires un serio conflicto con el antiguo unitario Valentín Alsina. Guzmán adoptó una serie de medidas de corte liberal progresistas, entre ellas puso fin a la esclavitud y a la discriminación de sangre en la Universidad, que aún regía y limitaba el acceso a la misma. A su tiempo, Dalmacio Vélez Sarsfield, para ser  admitido, debió probar “que no poseía sangre negra ni india”. [4] Entre los militantes del Partido Constitucional estaban Juan del Campillo, José Severo de Olmos, Luis Cáceres y Elías Bedoya, entre otros. Este núcleo editaba El Fusionista, periódico que con su nombre evocaba la principal consigna política de Urquiza.[5]

La secesión de Buenos Aires dividió a los cordobeses en dos bandos. Evocando a los contrincantes de la lejana Guerra de Crimea que enfrentaban a Rusia contra una coalición de turcos, franceses, ingleses e italianos, dieron en llamarse Rusos y Aliados respectivamente. Los Rusos eran los antiguos federales netos, circunstancialmente aliados a Urquiza y viceralmente antiporteñistas. En sus filas revistaban además de Alejo Carmen Guzmán, Agustín San Millán, José Pío Achával, Jerónimo Cortez, Eduardo Ramírez de Arellano, Felipe Yofre, José Mateo Luque y Manuel Lucero, entre los principales animadores. Los Aliados eran de pensamiento liberal, encarnado en esa hora por Mitre  y cercanos a la posturas de Buenos Aires. Se destacaban en este bando Félix de la Peña, Justiniano Posse, Rafael García, Antolín Funes y Augusto López, entre otros, algunos de ellos connotados rosistas de otrora.[6]

La decisión de viajar a Córdoba

El 8 de Marzo, tres días después de su juramento, el presidente decretó que el ministro Fragueiro marchara a Córdoba, La Rioja, Santa Fe y Catamarca con el objeto de organizar el crédito público. Derqui dispuso acompañarlo. Fragueiro le escribió a su cuñado Manuel de la Lastra, casado con su hermana, pidiéndole su casa (ubicada a donde hoy está el Museo Marqués de Sobremonte) e informó al gobernador Alejo Carmen Guzmán (1852-1855) que el gobierno federal pagaría los gastos de su permanencia en Córdoba. El 14 de marzo Urquiza le delega el mando a su vicepresidente Del Carril y decide viajar también con sus dos ministros cordobeses; a los que se le sumaría luego el gobernador de Santa Fe, Domingo Crespo; y del Campillo, que en ese momento era secretario de Derqui.

Fragueiro le comunicó esta decisión al gobernador Guzmán diciéndole: “El señor presidente desea hacer éste viaje por manifestarse grato al buen sentido que  vuestro pueblo ha manifestado en la presenten cuestión de la organización nacional, y por las demostraciones que ha recibido con relación a su persona.”  Del Campillo le expresó además que: “Es preciso mi amigo echar las puertas por la ventanas, preparar como se pueda bailes, conciertos y fiestas, para sostener el honor del pabellón y corresponder al general Urquiza. Es preciso adornar la ciudad de modo que se tome aires de capital de la Nación”.

Del Carril, por su parte, le explicó a Guzmán que este viaje era importante por la paz y el engrandecimiento de las  provincias, para despertar confianza en las demás hermanas, impulsándolas a la obra de la organización nacional. Urquiza confiaba en el gobierno de Córdoba pero temía la acción de sus opositores a quienes era necesario que el gobernador los venciera para asegurar el proyecto de la Organización Nacional, no sólo en su provincia sino en las provincias del Norte y de Cuyo sobre las cuales Guzmán tenía influencia.[7]  

El gobernador dictó un decreto el 14 de marzo creando una comisión encargada de organizar todos los festejos y que presidió el jefe de policía Gerónimo Yofre, y que integraban: Miguel Rueda, Nicolás Posse, Eusebio Ocampo, Luis Montaño, Eloy Novillo, Martín Ramos, Pedro Deluy, Carlos Bouquet y Francisco Bravo. El doctor Eusebio Ocampo se encargó de atender al presidente y Luis Montaño de preparar el gran baile y banquete que se llevó a cabo en el teatro el 30 de marzo.[8]

También invitó para ese acontecimiento a los gobernadores de otras provincias, y el de Mendoza Pedro Segura le respondió que no lo podía hacer pero nombró a Gregorio Sosa, un catamarqueño que vivía en Córdoba, para que lo representara en tan importante acontecimiento.[9]

El viaje y el arribo a Córdoba

El presidente partió de Paraná el 16 de marzo con destino a Santa Fe, a donde se agregaron otros cordobeses y santafesinos. Derqui, que hacía diez y siete años que no volvía a su Córdoba natal, desde Santa Fe, le escribe al Gobernador Guzmán y le dice que durante su ministerio desea tener la ocasión de hacer a esta provincia algún servicio de importancia, lo que indudablemente cumplió. Le anuncia que vienen en siete carruajes, y le pide ponga en conocimiento a su señora madre, doña Josefa Rodríguez y Orduña, la casa que va a ocupar en esta ciudad, a fin de que ella la haga arreglar.[10]

Desde “El Sauce” en Santa Fe Derqui le pide al gobernador que calculan llegar el día 19 a Córdoba y le pide que le busquen dos casas y le reserven 20 camas. De acuerdo a este pedido -según cuenta Arturo Torres- se le reservó a Urquiza la casa de doña Josefa Tagle, o doña “Pepa”, como se la llamaba, ubicada en la actual calle 27 de abril, casi llegando a Obispo Trejo y Sanabria, al frente del antiguo Seminario y donde después vivieron los señores Buteler.[11]

Los siete carruajes que trasladaron al presidente y su comitiva, fueron escoltados por cien hombres, a través de 400 kilómetros de tierra, lodo y peligros acechando en el camino, y la monotonía de los pueblo de campaña que pasó fue alterada por las banderas que adornaban sus calles, los repiques de campanas y las salvas de artillería y demás honores que se le rindieron al presidente.

El 16 de marzo el Gobernador Guzmán le comunicó al provisor del obispado Dr. José Gregorio Baigorrí de la llegada de Urquiza cuyo recibimiento “debe hacerse con la mayor pompa y solemnidad” y que “se ha decretado que se cante una misa de acción de gracias con toda la suntuosidad posible”; el día 17 se ordenó que no se despachen bebidas alcohólicas hasta dos días después de la llegada del presidente con pena de multa para los que la violaran El 18 el gobernador le hizo llegar al primer mandatario una carta saludándolo y manifestándole que tendría el honor de hospedarlo. El día 19 designó una comisión para que lo fuera a recibir, integrada por el jefe de policía Gerónimo Yofre, Manuel de la Lastra y Miguel Rueda.[12]

El presidente, y su comitiva, pasaron por el Fuerte de “El Tío” el 17 de marzo y en Quebracho Herrado lo recibieron con una salva de 21 cañonazos, y arribaron a Córdoba el 19 o el 20 de marzo –según el relato de distintos historiadores- [13], ingresando por el paraje conocido entonces con el nombre de “La Huertilla” –ubicado en lo que es hoy Villa Revol, al sudeste de la Plaza del Medio, como se le llamaba a lo que hoy es la Plaza San Martín-. Desde ese lugar fue trasladado al centro de la ciudad, entre vítores y aclamaciones, y a donde tuvo un grandioso recibimiento por parte del vecindario y las autoridades civiles, eclesiásticas y militares.[14]

Urquiza se bajó del carruaje presidencial frente al templete erigido en la plaza principal, con cuatro altas columnas que sujetaban con otros tantos arcos cubiertos de flores, engalanados con gallardetes y banderas; y fue recibido por el gobernador Guzmán, y el ministro general de gobierno doctor Agustín San Millán. Luego de la recepción Urquiza, la comitiva que lo acompañaba y las autoridades civiles y militares se dirigieron a la Catedral –que está al frente de la plaza- por una avenida alfombrada, con un tapiz de menudos yuyos de hermosos verdes matizado con una profusión de flores del tiempo, de distintos colores y tamaños. En la Iglesia Mayor se rezó un solemne Te Deum con todo el boato que se estilaba entonces y la más brillante ornamentación. Relacionando esto con la actualidad, es de lamentar que los dos últimos presidente se han negado a asistir a los Te Deum del 25 de mayo en la Catedral Metropolitana quebrando una tradición que Urquiza y quienes los sucedieron supieron respetar.[15]

Luego Urquiza fue acompañado a la casa de la matrona doña Luisa López de Besónico, donde sería alojado durante su estadía en la ciudad doctoral. Allí recibió a dos delegaciones: una en nombre de la Sala de Representante integrada por Don  Manuel de la Lastra, el doctor Tiburcio López, el doctor Fenelón Zuviría, el doctor Luis Walcarde y doctor Lucrecio Vásquez; y la otra en nombre de la Universidad. Integrada por el Rector el sacerdote Estanislao Learte, el doctor Luis Cáceres, el doctor Fernando Félix de Allende, y el doctor Francisco de Paula Moreno. Antes de ponerse el sol el presidente recibió una guardia militar de honor presidida por el comandante Pueyrredón, que fue invitada a compartir su mesa y con quienes el primer mandatario brindó: “¡A la salud de Córdoba y de los patriotas jefes de su ejército!” Delegaciones de comerciantes y artesano hicieron guardias de honor en la casa en que se alojaba Urquiza.[16]

En la Plaza principal rodeada del Cabildo y la Catedral, y las demás iglesias y edificios que había en el centro de la ciudad, estaban iluminadas y bandas de música alegraron la velada. Los niños, subidos al templete que estaba en el centro de la Plaza, entonaron el Himno Nacional y canciones patrias, dirigidos por el profesor Justo Vidal.

En las ventanas del Cabildo y del monumental “Farol de retreta”, inaugurado con la llegada del presidente, lucían 14 cuadros transparentes, diseñados por el artista portugués Luis Gonzaga Coní, de imperecedera memoria en Córdoba, que representaban a las 14 provincias de entonces, y en las que contaban otras tantas estrellas que representaban a las referidas provincias. Una de estas estrellas estaba oscurecida por una nube cuyo color anunciaba que se iba a disipar en breve; se trataba de Buenos Aires, que eclipsada temporalmente por su secesión, pronto se volvería a iluminar como las demás hermanas.

En la ventana central del Cabildo un transparente con la figura del presidente Urquiza, indicando a las provincias el libro de la Constitución, y mostrándola también a las tropas que se le acercaban para jurarla.

Las cuatro alegorías que cierran el “Farol de la retreta” representan: el grito de independencia del 25 de Mayo, la jura de la Constitución el 9 de julio,  la batalla de Caseros del 3 de febrero de 1852 y la Revolución cordobesa del 27 de Abril de 1854, fecha en que asumió como gobernador Guzmán y que dio término al largo gobierno del rosista Manuel “Quebracho” López (1835–1852), que 11 días antes del levantamiento había cedido interinamente la gobernación a su hijo el coronel José Victorio López (desde el 16 al 27 abril de 1852).[17]

Después de la apoteosis que se le habían tributado Urquiza le escribe a Del Carril “Confieso a usted que estaban agotadas mis emociones, que me temblaba el corazón, y que no sentía sino una inmensa gratitud, por el pueblo que recompensaba generosamente los pocos servicios que le he rendido (…) El señor Guzmán es una excelente persona; es querido y respetado por todos: también es cierto que tiene la dicha de gobernar a un virtuoso e ilustrado pueblo. Gobierna con su prestigio moral.”[18]

Además de los referidos ministros, los nombres de los políticos cordobeses, como Guzmán, Villada, del Campillo, Olmedo, Vélez, entre otros, les eran familiares al vencedor de Caseros, y desde su célebre Pronunciamiento del 1º de mayo de 1851, con el que comenzó su campaña para la Organización Nacional, los mismos habían hecho causa común con los ideales de Urquiza. El propio gobernador rosista Manuel “Quebracho” López el  22  de febrero de 1852, días después de la batalla de Monte Caseros, dictó un decreto que reconocía al Gran Entrerriano como el Libertador de la Nación.

El 27 de marzo el gobernador Guzmán, atento a los propósitos de confraternidad de Urquiza, dictó un decreto indultando a Manuel López complicado con los autores del movimiento de julio de 1853 por haberle facilitado armas a los sediciosos. [19] Un gesto que los presidentes y gobernadores de nuestro tiempo deben imitar

La actividad de los visitantes

Durante su estadía en Córdoba el presidente y sus ministros departieron con las autoridades locales y acordaron jubilaciones y pensiones a empleados y familias meritorias; se ayudó al Colegio de Huérfanas; se mandaron a repartir cinco mil pesos entre los menesterosos; y se tomaron otras disposiciones inspiradas en principios de equidad y justicia.[20] Una comisión integrada por Luis F. Robles, Francisco Bravo y Luis Cáceres fue designada para hacer este reparto entre quienes carezcan de medios de subsistencia y tengan imposibilidad de trabajar. [21] La práctica de auxiliar a los que menos tienen, como puede verse, no se inició en los últimos tiempos ni en nombre de políticas populistas, lo que es bueno recordarlo.

El abogado tucumano Marcos Paz -que luego sería gobernador de Córdoba (1861-1862), vicepresidente de Bartolomé Mitre y que falleciera enfermo de cólera en ejercicio de la primera magistratura en enero de 1868-, de regreso del norte, se encontró en Córdoba con Urquiza, quién lo invitó a regresar juntos a Paraná. En carta de este político tucumano a José María del Campo le informaba de los bailes, convites y serenatas que le había brindado en la provincia al presidente “a pesar de estar en cuaresma y ser las gentes tan devotas en  esta ciudad” y respecto de la oposición expresó: “Se ha uniformado de tal modo la opinión con la presencia del señor presidente que los pocos disidentes que (había) en ambos sexos, no sólo se han convertido sino que se han entusiasmado honrándose en confesar francamente que estaban equivocados y que el general Urquiza no es el que ellos habían creído(…) El presidente tiene la intención de volver a esta ciudad dentro de cuatro meses para seguir visitando todas las provincias de la República.”[22]

En medio de este ambiente festivo, el 23 de marzo, se inauguró el Banco, y se instaló la Administración de Hacienda y Crédito Público en cuyos actos el gobernador Guzmán recibió a comerciantes y políticos que esperaban verse favorecido por la circulación de la nueva moneda. Fragueiro, gestor de esta instalación, permaneció un tiempo más en la provincia y cumplió su promesa de ayudar financieramente a las arcas locales para cubrir los gastos nacionales. El 1º de Abril la provincia recibió 108 mil pesos para gastos militares, de frontera y de culto. La catastrófica situación económica de la Confederación era uno de los problemas centrales del nuevo gobierno y el plan de Fragueiro era indispensable que tuviera éxito para afianzarla.

El gobernador Guzmán suscribió, con fecha 8 de abril, el decreto que receptaba las dos notas del 27 de Marzo del ministro Derqui por el que se disponían nacionalizar la Universidad de Córdoba y el Colegio Monserrat  -establecimientos en las que él había estudiado y había obtenido en la carrera de Derecho Civil los grados de bachiller, licenciado y doctor y haber sido profesor de Derecho Público, cuando se creo esa cátedra en 1834-[23], lo que significaba la culminación de una gestión que se hizo durante la estadía de Urquiza en Córdoba, tiempo en el cual el presidente y el ministro Derqui visitaron ambas casas de estudios. La Sala de Representantes aceptó la propuesta el 2 de abril y el vicepresidente Salvador María del Carril, a cargo de la presidencia por ausencia de Urquiza, el 29 de mayo dictó el decreto de nacionalización de ambas casas de estudio y se designaron las nuevas autoridades. Dos años después el Congreso sancionaría por ley lo aprobado por decreto. Los motivos de la nacionalización fueron la falta de financiamiento que padecía la Universidad, la necesidad de implantar un nuevo plan de estudios, y fortalecer la disciplina.[24]

El 30 de mayo Derqui resolvió que cada provincia mandara cinco jóvenes, cuyos gastos serían costeados por la Nación, para que siguieran sus estudios en el Monserrat. En Córdoba los cinco becarios surgieron de un sorteo que se hizo entre los 45 postulantes propuestos por los departamentos en que se dividía la provincia. El Reglamento del Colegio Nacional de Nuestra Señora del Monserrat fue aprobado por Urquiza el 19 de junio de 1855. Como puede apreciarse la prioridad por la educación comenzó con el primer gobierno constitucional, aunque luego se intensificara con las presidencias de Domingo Faustino Sarmiento y Julio Argentino Roca.

El 5 de septiembre de ese mismo año el presidente Urquiza firmó otro decreto que disponía hacer el ferrocarril que unía a Córdoba con el puerto de Rosario, en base a los estudios que había realizado el ingeniero norteamericano Allan Campbell. El año siguiente, en 1855, se contrataron a los señores José de Buschenthal y William Weelwright, correspondiendo a este último realizar esta importante obra unos años después.[25]

La despedida

Urquiza terminó su visita de veintiún días a la ciudad mediterránea el 10 de Abril, y antes de las seis de la mañana de ese día el pueblo se agolpó en la puerta de la casa de calle Buenos Aires casi esquina Entre Ríos, donde se había alojado para saludarlo. El general apareció en el dintel de la puerta para subir al carruaje presidencial, y una salva estruendosa, colosal, saludó su aparición que se prolongó todavía estando en marcha. Los adversarios políticos habían quedado cautivados con su trato fino y su espiritualidad. Numeroso pueblo lo siguió hasta las afueras de la ciudad y regresó al hundirse el sol en el ocaso.[26]

Una comisión integrada por Yofré, Altamira y Armenábal lo acompañarían 20 leguas en su camino de regreso pasando por Mar Chiquita y se dirigió a Santo Tomé, en jurisdicción de Santa Fe, en vez de Rosario, según él por las grandes lluvias, pero lo cierto fue que su viaje coincidió con la sublevación de indios de Guardia de la Esquina, en la provincia de Santa Fe, y ello fue seguramente lo que hizo cambiar el camino de regreso a Paraná. El 13 de abril había habido un saqueo en los Corrales de los Bustos y los asaltantes eran como 200 cristianos y 100 indios y estaban comandados por el capitán Seguin, y la intención que parecían tener era detener a Urquiza en su regreso de Córdoba.[27]

El comandante accidental de Tercero Abajo Andrés Terzaga le comunicó al gobierno el 15 de abril de dicha invasión, en la que han arriado vacunos y caballos y saqueado una tropa de carretas, al mando del cacique Guayquilin, por lo que los jefes militares se corrieron hasta los Corrales de Bustos para detenerlos, y es muy probable que esta fuerza haya sido mandada por Buenos Aires para sorprender en su tránsito al señor presidente.[28] Fuera ello cierto o no todos respiraron tranquilos cuando la delegación presidencial volvió sin tropiezos a Paraná.

Derqui, en cambio, se dirigió a Rosario por la antigua carretera real de la costa del Río Tercero. Fragueiro no pudo seguir viaje a otras provincias, como se había propuesto en un principio, para supervisar la instalación de la Administración de Hacienda, pero envió a Manuel Malbrán a La Rioja y Catamarca.

Al despedirse de Córdoba el general Urquiza se dirigió a sus habitantes a los que les expresó:

“Compatriotas:

He venido entre vosotros, para agradeceros personalmente el bien que habéis hecho a la Nación, no menos que la honrosas distinciones de que me habéis colmado; y regreso, llevando nuevos y muy grandes motivos de agradecimiento.

Pero llevo sobre todo, una recompensa muy superior al mérito de mis esfuerzos por vuestra libertad: la gloria de veros libres en el orden, y felices a la sombra de las instituciones, de que sois un invencible apoyo, con la seguridad de que el sentimiento de fraternidad, fusión y olvido que ellos inspiran, acabarán de curar los males que aún lloráis, fruto amargo de la tiranía, entronizada por el olvido de vuestros derechos.

 CORDOBESES: Sois dignos de ser libres y lo seréis. El despotismo es ya imposible entre vosotros: y el monstruo de la anarquía no reaparecerá por que, defensores de la ley, os sobran el patriotismo y la abnegación de que habéis dado tan incuestionable testimonio.

 COMPATRIOTAS Y AMIGOS. Si la ambición, impotente hoy, de aquellos a quienes atormenta el ejercicio de nuestros derechos y nuestras garantías constitucionales, se alzare hasta el punto de hacer peligrar el orden entre vosotros, mi vida, mi reposo, todo lo sacrificaré en vuestra defensa.

Córdoba, abril de 1854.

Justo José de Urquiza.”[29]

El presidente volvió de Córdoba con ánimo deslumbrante, después de haber conversado con sus hombres, obtenido apoyo popular y dado directivas de organización para el futuro. En carta al vicepresidente del Carril le refería: “En todo el camino no he oído sino palabras de gratitud, mezclada con lágrimas arrancadas por el recuerdo de la época pasada. Ellas bien han podido explicarme la razón de tanta decisión, de tanto entusiasmo, por el que llaman su Libertador. La diferencia es palpitante. Un pasado de sujeción completa a la voluntad de un hombre que olvidaba las necesidades de sus hermanos del interior. Un presente de libertad absoluta, en el que el presidente empieza a visitar los pueblos, para remediar sus necesidades, conocer sus hombres y sus cosas, para promover eficazmente a la ventura y respetabilidad de todos.”[30]

Desde la primera provincia que fue visitada por un presidente argentino hemos propuesto, como antes hemos dicho, que el 5 de marzo sea declarado por ley el Día de los Presidentes, en recuerdo de aquella jornada histórica en la que Urquiza juró y asumió la Primera Magistratura, y por haber sido también el día en que terminó su mandato y entregó el mando al segundo presidente constitucional Santiago Derqui, seis años después, desoyendo los consejo que los que le pedían que buscara su reelección, algo que la Constitución no admitía, que él no deseaba y que lamentablemente no todos los que lo sucedieron tuvieron conciencia de lo sabia que era la cláusula constitucional que impedía la reelección.[31] Creemos que ello permitirá a los argentinos, todos los años, hacer un reconocimiento y expresar gratitud y agradecimiento a quienes ejercieron y a quién ejerce constitucionalmente la presidencia de la República desde que Urquiza la asumiera por primera vez.

Buenos Aires, Abril de 2011.


[1] Norma Dolores Riquelme, “Córdoba en la organización nacional – Ensayo de historia nacional desde lo provincial”, página 209, Báez Ediciones, Córdoba, 2007.

[2] Manuel E. Macchi, Primera Presidencial Constitucional Argentina, página 105, Palacio San José, Museo y Monumento Nacional “Justo J. Urquiza”, Serio III, Número 13, año 1979.

[3] Norma Dolores Riquelme, Obra citada,  página 207 y siguiente.

[4] Esteban Dómina, Historia Mínima de Córdoba, página 155 y siguiente, Editorial del Boulevard, Córdoba, 2007

[5] Esteban Dómina, Santiago Derqui El Federalismo Perdido, página 138 y siguiente, Editorial del Boulevard, Córdoba, 2010.

[6] Esteban Dómina, Historia Mínima de Córdoba, página 158 y siguiente, Editorial del Boulevard, Córdoba, 2007

[7] Norma Dolores Riquelme, Obra ciada, páginas 211 y siguiente.

[8] Arturo Torres, El viaje a Córdoba del presidente Urquiza, diario Los Principios, 6 y 7  de septiembre de 1951.

[9] Norma Dolores Riquelme, Obra citada, páginas 211 y 213.

[10] Domingo Guzmán, La Nacionalización de la Universidad Mayor de San Carlos, página 14 y siguiente, Córdoba, 20 de Mayo de 1955.

[11] Arturo Torres, El viaje a Córdoba del presidente Urquiza, diario Los Principios, 6 y 7 de septiembre de 1951.

[12] Arturo Torres, El viaje a Córdoba del presidente Urquiza, diario Los Principios, 6 y 7 de septiembre de 1951.

[13] Arturo Torres dice que fue el día 19, en el artículo del diario Los Principios antes citado; en cambio afirman que fue el 20 de marzo Domingo Guzmán, en Obra citada, página 15; Agustín San Millán,  Entrada del Presidente Urquiza a Córdoba, diario Los Principios, página 4, del 11 de noviembre de 1920, y Efraín U. Bischoff, en Historia de Córdoba Cuatro siglos, página 229, Plus Ultra, Buenos Aires, 1979, Edición de la Cámara de Senadores de la Provincia de Córdoba, de 1985. .

[14] Agustín San Millán, artículo de los Principios antes citado.

[15] Agustín San Millán, artículo de Los Principios antes citado.

[16] Agustín San Millán, artículo de Los Principios antes citado.

[17] Agustín San Millán, artículo de Los Principios antes citado.

[18] Domingo Guzmán, Obra citada, página 15.

[19] Arturo Torres, El viaje a Córdoba del presidente Urquiza, diario Los Principios, 6 y 7 de septiembre de 1951.

[20] Domingo Guzmán, Obra citada,  página 20.

[21] Arturo Torres, El viaje a Córdoba del presidente Urquiza, diario Los Principios, 6  y 7 de septiembre de 1951.

[22] Norma Dolores Riquelme, Obra citada, página 212 y siguiente.

[23] Esteban Dómina, Santiago Derqui El Federalismo Perdido, página 16 y 23, Editorial del Boulevard, Córdoba, 2010.

[24] Efraín U. Bischoff, Obra citada, páginas 229 y siguiente.

[25]  Miguel Rodríguez de la Torres, Los Principios, 11 de noviembre de 1920.

[26] Agustín San Millán, artículo de Los Principios antes citado.

[27]  Arturo Torres, El viaje a Córdoba del presidente Urquiza, diario Los Principios,  6 y 7 de septiembre de 1951. Norma Dolores Riquelme, Obra citada, página 214.

[28] Arturo Torres, El viaje a Córdoba del presidente Urquiza, diario Los Principios, 6 y 7 de septiembre de 1951.

[29] Domingo Guzmán, Obra citada, página 19 y siguiente.

[30]  Efraín U. Bischoff,  Obra citada, página 230 y siguiente.

[31]  Jorge Horacio Gentile  El Día de los presidentes La Voz del Interior, 24 de marzo de 2011, Blog:://jorgegentile.com/.

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