La invasión digital al Poder Judicial

La invasión digital al Poder Judicial

La invasión digital al Poder Judicial

No hay un código de estilo que obligue a los tribunales y a los abogados a escribir con pautas que los hagan más claros. En nuestros tribunales, la electrónica ya no se limita al uso de computadoras, sino que también se emplea para varias tareas procesales.

La tecnología digital ha revolucionado el mundo y acelerado la globalización, al simplificar las comunicaciones y los trámites, ahorrar papeles y combustibles y suprimir el uso de medios de transporte, oficinas y empleos. Las ventajas que ella nos depara y los problemas que resuelve no nos relevan de afrontar los nuevos desafíos que ella crea.

Los gobiernos, la administración y el funcionamiento de los tribunales de justicia no han podido sustraerse a este fenómeno.

La despapelización

En nuestros tribunales, la electrónica ya no se limita al uso de computadoras e impresoras, sino que también se emplea para notificar, tomar vista de las actuaciones en los escritos y recursos que se presentan, en la producción de las pruebas, en las resoluciones y sentencias que se dictan, y hasta en los expedientes, judiciales o administrativos, que se tramitan o archivan. La despapelización es irreversible, con el correspondiente beneficio ecológico.

Pero esta invasión de tecnología se produjo de manera desordenada, ya que los sitios web que tienen la Corte Suprema de Justicia de la Nación y los tribunales inferiores, federales y nacionales (www.pjn.gov.ar), no son los mismos y están programados en forma diferente de los que tienen los tribunales provinciales (en Córdoba: www.justiciacordoba.gob.ar) y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (www.tsjbaires.gov.ar).

Diferentes y limitados

Los archivos y las estadísticas que se necesita disponer, con base en la información que contienen, son de alcances diferentes y por demás limitados. Las páginas de los abogados, de los estudios jurídicos y del Ministerio Público Fiscal (https://www.mpf.gob.ar) y de la Defensa (www.mpd.gov.ar) federal, como las de los ministerios públicos provinciales, también son distintas de las de los tribunales. Las nubes adonde van a parar las informaciones son diferentes en cada página.

Los escritos se presentan en papel y digitalmente en los Tribunales federales, y en los de la provincia de Córdoba sólo en papel. En las notificaciones federales y provinciales que se hacen en las respectivas páginas web, se indica el expediente y el texto de resolución que se comunica.

Los abogados pueden inscribirse en los tribunales, federales o provinciales, para que les comuniquen digitalmente, por una “cortesía”, si se ha dictado una resolución o fallo. En este caso, sólo se indica la carátula y el número de expediente, pero no el texto de la resolución, la que hay que buscar en el sitio web correspondiente.

En la Justicia federal, los plazos procesales corren desde el día en el cual la resolución notificada es subida a la página.

En la provincia de Córdoba, tres días después, según una acordada del Tribunal Superior, lo que crea desconcierto cuando se tramitan en este tribunal los recursos extraordinarios y de queja de la ley 48, que finalmente resolverá la Corte Suprema de Justicia de la Nación, ya que esta no admite esta demora de tres días para comenzar a contar el plazo.

En la página de los Tribunales federales, se pueden ver los escritos y resoluciones de cada expediente; en la de la provincia de Córdoba, sólo las resoluciones o fallos, pero no los escritos.

Los recursos, reclamos y pedidos de vista en la Caja de Jubilaciones de la provincia de Córdoba sólo se pueden presentar, y se notifican, en formato digital; pero los que se presentan en la administración nacional, en la provincial y en los municipios de Córdoba, deben hacerse en papel. Anses, para los casos de la reparación histórica (ley 27.260), digitalizó los trámites.

Código de estilo

No hay un código de estilo que obligue los Tribunales federales y provinciales y a los fiscales y letrados a escribir y subir los escritos, resoluciones, sentencias y peritajes con pautas que los hagan más claros, sintéticos y de fácil comprensión, como exige la Corte Suprema para los recursos que se le presentan (resolución 4/2007), siguiendo las reglas de la Suprema Corte de los Estados Unidos.

La torre de Babel, donde todos hablaban distintas lenguas, se parece mucho a todo esto. Si no se pone orden mediante leyes y no por acordadas –como viene sucediendo– que algunas veces reforman los códigos de procedimiento, en esta revolucionaria invasión digital no faltarán los que reclamen volver al papel y a la máquina de escribir.

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