Egresados de la Universidad Católica de Córdoba en 1963

UC-de-Cordoba

FACULTAD DE DERECHO

Compañeros Fallecidos

Víctor Rafael “Bicho” Olmos – Luis Casati Ferro – Carlos López – Raúl Masini – Osvaldo Bouwer de Koning

Compañeros egresados

Héctor Guido Bartolomei – Marisa Bisio de Viano – Ramón Ricardo Ruarte – Ángela Fortuna – Gustavo Carranza Latrubesse – Domingo Viale Eduardo Cúneo – Guillermo Smekens – Jorge Avalos Mujica – Pedro Almeida – Rómulo Marcatini – Margarita Toro – Roberto Fonseca – Jorge Horacio Gentile – Néstor Cadario – Rosa Abal Dutari de Cadario

Jesuitas

Jorge Camargo SJ – Jaime Amadeo SJ – José Antonio Sojo SJ – César Azúa SJ – Jean Sonet SJ – Gustavo Casas SJ – Sixto Castellanos SJ

Decano de la Facultad de Derecho

Agustín Díaz Bialet

Secretaria

“Porota” Salaberría

 

Palabras de recordación

Hace 55 años, los primeros egresados de la Facultad de Derecho de la Universidad Católica de Córdoba ingresamos –luego de rendir el examen de ingreso- en 1959, un año después de su fundación. En ese momento, la misma no estaba reconocida por el Estado, por lo que no sabíamos si íbamos a poder graduarnos allí como abogados. Por eso, varios de nosotros nos inscribimos también en la Universidad Nacional.

Veníamos de luchar en los colegios y en las calles entre “libres” –que querían universidades privadas- y “laicos” –que se oponían a ello-, participando en manifestaciones y actos públicos.

La Universidad se fundó por el impulso que le dieron los jesuitas, entre los que recordamos muy especialmente a: Jorge Camargo, Jean Sonet, Jaime Amadeo, César Azúa, José Antonio Sojo, Sixto Castellanos, Gustavo Casas, etc.

En los cinco años de la carrera, cursamos siete materias por año, una de las cuales era Teología, en lo que fue y es el Colegio San José. Asistimos a clases todos los días hábiles, y rendíamos tres parciales y también un examen final. La asistencia la tomaba casi siempre “Porota” Salaberría.

Luego de graduarnos, y para ser habilitados, tuvimos que rendir un examen ante un tribunal integrado por un presidente designado por el Ministerio de Educación de la Nación, un representante del Colegio de Abogados y otro de la UCC.

El Decano de la Facultad de Derecho era entonces, el doctor Agustín Díaz Bialet, que luego integraría la Corte Suprema de Justicia de la Nación, y fue nuestro eximio profesor de Derecho Romano. Pedro Ángel Spina, que luego presidió el Tribunal Superior de Justicia de Córdoba, y Helio Olmos estaban a cargo de las cátedras de Derecho Penal. Pedro José Frías, que también fue juez de la Corte Suprema y embajador, de la de Derecho Constitucional –junto a Guillermo Becerra Ferrer– y Público Provincial. Alfredo Fragueiro nos enseñaba Introducción a la Filosofía, Derecho Natural y Filosofía del Derecho. Néstor Pizarro, José Manuel Díaz, Lisardo Novillo Saravia y Arturo Granillo, Derecho Civil. Manuel Espinoza y Manuel Augusto Ferrer padre, Derecho Comercial, y su hijo de igual nombre, dictó Derecho de la Navegación junto a Enrique Ferreyra. Rogelio Ferrer Martínez –que supo presidir el Tribunal Superior- en Procesal Civil- y Carlos Ernesto “Cacho” Moreno y Raúl Torres Bas en Procesal Penal. El Padre Jaime Amadeo SJ y Gustavo Casas SJ eran profesores de Teología. Clemente Villada Achával y Celestino Piotti en Internacional Público y Privado respectivamente. Jesús Abad Hernando, Héctor Meehan y Julio Altamira Gigena en Derecho Administrativo. En Laboral, José Narciso Rey Nores; en Agrario y Minero, Calos A. Almuni; en Canónico, el padre redentorista Aldo Luis Cooper; y en Finanzas Públicas, Mario Martínez Casas e Isidoro Cibele. En Historia del Derecho, Luis M. Freijeiro Boullosa –que tenía una memoria fabulosa-; en Economía Política, la doctora Elisa Ferreyra Videla – única mujer que fue profesora-; en Sociología, Alberto Díaz Bialet y el Padre Antonio Donini; y en Derecho Político, Clodomiro Ferreyra.

En el grupo había un gran cariño a la Universidad que se estaba formando, y de allí es que de este curso surgió la formación de la Asociación de Estudiantes de Derecho y luego la Federación de Asociaciones de Estudiantes de la Universidad, cuyo primer presidente fue Héctor Guido Bartolomei. Estas organizaciones estudiantiles hicieron varias reuniones con dirigentes estudiantiles de otras universidades católicas argentinas. Como dirigentes estudiantiles, tuvimos algunas fricciones con las autoridades, inclusive con el rector Jorge Camargo SJ, pero siempre dentro de un clima de respeto y sin cuestionar la excelencia de la educación que se impartía.

En la Universidad, se organizaban anualmente quermeses, en las que participaban estudiantes de todas las facultades. Además, con frecuencia se organizaban reuniones donde se bailaba, se escuchaba música y se estrechaban vínculos entre alumnos y alumnas de las distintas facultades. Varios de nuestra camada estuvieron de novio o se casaron con quienes conocieron en la Universidad.

El contexto de nuestro paso por la Universidad fue muy activo. La revolución cubana, encabezada por un discípulo de los jesuitas, Fidel Castro, instaló en 1959 la guerra fría en América. Los atentados con explosivos en la Shell y la consecuente intervención federal a la provincia de Córdoba, gobernada por Arturo Zanichelli, se produjeron en 1960. La invasión a Bahía de Cochinos o Playa Girón en Cuba fue en 1961. En 1962, se produjo el golpe de estado que derrocó al presidente Arturo Frondizi, el cuarto de los seis que se produjeron en el siglo pasado. En este mismo año, también se inició en Roma el Concilio Vaticano II y desapareció el obrero metalúrgico Felipe Vallese, uno de los primeros de los tantos ocurridos en el país en ese tiempo. En el año siguiente fue la elección del presidente Arturo Íllia y el asesinato del presidente de EEUU John F. Kennedy. Todo esto impactó nuestras vidas, lo que nos movió a discutir sobre estos sucesos, asistir a conferencias y debates, y hasta comprometernos políticamente.

La reunión que hoy nos convoca coincide también con otros que se merecen tener presente, como el aniversario de los 35 años de la recuperación de la Democracia Constitucional, el gran logro político de nuestra generación que no han logrado interrumpir, a pesar de las graves crisis que padecimos y padecemos, de los avances del populismo, del vertiginoso crecimiento de la pobreza, de los gravísimos casos de corrupción, la degradación de la educación, etc.

En lo religioso, vivimos el quinto año del papado del jesuita argentino Jorge Mario Bergoglio -la actual personalidad más importante de la Argentina- que trata de poner a tono a la Iglesia con los grandes cambios que se han producido y están sucediendo en el mundo. Su prédica a favor del ecumenismo y a las demás expresiones religiosas y culturales del mundo, y sus esfuerzos por renovar a la Iglesia no han declinado, a pesar de los desgraciados casos de pedofilia y las campañas antirreligiosas, como las que esconden las propuestas que buscan suprimir la vida de las personas por nacer o mediante la eutanasia, las que quieren imponer la llamada “ideología de género” o las que quieren encarcelar la religión en la conciencia de las personas, cuando no directamente suprimirla.

Para terminar, es bueno recordar dos frases que quedaron grabadas en nuestras vidas: aquella dirigida a “hombres -varones y mujeres- de ciencia y conciencia”, a la que luego se le agregó también “de compromiso”; y aquella que luce en el escudo de la Universidad, “Veritas Liberavit vos”, “la Verdad os hará libres” (Juan 8:31-38). Estas frases, al menos a mí, me han iluminado este largo camino que hemos recorrido en estas últimas cinco décadas y media.

Córdoba, noviembre de 2018.

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