El pueblo quiere, otra vez, saber de qué se trata

urna-electoral-argentina-2015Llegó, por fin, el año electoral, en el que los argentinos con nuestro voto tendremos que vencer la incertidumbre, la desconfianza, la pobreza, la falta de trabajo y de educación, la inflación, la recesión, la inseguridad, el narcotráfico, la corrupción y los demás problemas que padecemos.

Pero, ¿qué alternativas se plantean?

– Otra vez nos proponen elegir el mal menor. La opción de hierro es, de nuevo, Mauricio Macri o Cristina Fernández de Kirchner. Ambos así lo quieren, a pesar de sus malos desempeños como presidentes. Los que intentan terciar: Sergio Masa, Miguel Pichetto, Juan Manuel Urtubey, Alfredo Olmedo y algunos otros no demuestran, todavía, solidez en sus pretensiones.

Una “interna invisible” condicionará la voluntad popular. Donde serán palabras santa las alternativas y candidatos que propongan Macri y Cristina, los gobernadores e intendentes, siguiendo los consejos de sus asesores -como Jaime Durán Barba-, de sus “mesas chicas”, del “círculo rojo” y de lo que digan las encuestas y focus groups.

Y ¿las elecciones primarias (visibles) de agosto próximo? – Repetirán, seguramente, los inútiles resultados de los comicios que precedieron las presidenciales 2015, en el que las alianzas y partidos mayoritarios presentaron una sola lista, por lo que será, de nuevo, una costosa “encuesta”.

A 35 años de democracia los ciudadanos debemos exigir respeto, participación y definiciones. Protestaremos cuando sea necesario –sin chaquetas amarilla como los franceses-, y no aceptaremos falsas opciones, violencias, y requeriremos explicaciones a los candidatos.

Macri no debería volver a priorizar la “pobreza cero, derrotar al narcotráfico y unir a los argentinos” o anunciar inversiones extranjeras, sino explicar cómo y cuando lo va a conseguir. Queremos saber, además, cómo se crearán empleos y se mejorará la educación, cómo se terminará la inflación, la recesión, el déficit fiscal y el aumento de los tributos y tarifas.

En 2018 la producción legislativa del Congreso, la institución más importante de la República, fue la más baja desde1991, ya que sancionó sólo 64 leyes (34 en sesiones ordinarias, de marzo a noviembre, y 30 en diciembre). La Legislatura de Córdoba sancionó 93. Sin embargo, los presidentes dictan leyes mediante decretos de necesidad y urgencia (DNU), que el Congreso casi nunca corrige ni deroga. Néstor Kirchner dictó 239 en 4 años y medio, Cristina Fernández de Kirchner 82 en 8 años y Macri 45 en 3 años. Hay muchas leyes sancionadas y promulgadas que no se aplican por no estar reglamentadas.

La Corte Suprema, por otro lado, mediante fallos prácticamente deroga o aprueba leyes, sin que el Congreso intervenga. Además, por Acordada 20/96 la Corte derogó la ley que impuso el impuesto a las ganancias al personal judicial. Muchos de sus fallos exhortan al Congreso a dictar o modificar normas que nunca son respondidos.

Por qué no se actualiza el número de diputados de acuerdo a la cantidad de habitantes de cada distrito, como exige la Constitución. Córdoba tiene 18, y más habitantes que la CABA, que tiene 25, y que Santa Fe 19; y por qué no se permite el voto de preferencia, para que al sufragar alteremos el orden de las listas proporcionales, y desplacemos así a los corruptos, parientes y punteros que encabezan las boletas, privilegiados por los que las confeccionan, y así tener mejores diputados.

Por qué no se sanciona un Reglamento General del Congreso, como el que proyecté cuando fui diputado, que regule las reuniones conjunta de ambas cámaras, las comisiones bicamerales, el juicio político, los pedidos de informe al Poder Ejecutivo, el control de los DNU y la redacción de las leyes y la designación del Defensor del Pueblo, hoy demorada desde hace 10 años.

Por qué no se reforma el Justicia Federal cubriendo la gran cantidad de vacantes que tiene, pasando la Justicia Nacional a la CABA y la competencia para atender los recursos contra los fallos de los tribunales orales del interior a las cámaras federales con asiento en las provincias, y que actualmente falla la Cámara Federal de Casación Federal en Buenos Aires.

Reclamar el “de que se trata”, como en l810, ayudará a cambiar el rumbo del país.

Córdoba, enero de 2019.

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Recuerdos de un egresado de 1958 del Monserrat

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Colegio Nacional de Monserrat

Un ejercicio de la memoria nos traerá al presente algunos hechos y episodios de nuestro paso por este querido Colegio Nacional de Monserrat que para mí merecen ser recordados.

Cursé mis estudios secundarios en este centenario colegio hace sesenta años, como antes lo había hecho mi padre, José Miguel; y luego lo hizo mi hijo, José Gabriel.

La calle Obispo Trejo y Sanabria era, entonces, más angosta; no era peatonal -como tampoco lo eran ninguna de las del centro-, y tenía los rieles del tranvía.

En la entrada estaba escrita una leyenda que decía: “Nadie es tan grande que pueda entrar o salir con el sombrero puesto”.

La pizzería de Don Luis, donde íbamos algunas veces después de clases a comer su tradicional pizza, estaba entonces en la calle 27 de Abril y Obispo Trejo, donde hoy luce la plazoleta Jerónimo Luis de Cabrera.

Durante los seis años de cursado, mis compañeros fueron varones, salvo al final del período peronista, en el que se permitió el ingreso de algunas pocas mujeres. Solo recuerdo una en nuestra camada.

La política influyó mucho en el colegio y en nuestras vidas, ya que algo parecido a lo que hoy denominamos “grieta” se adueñó de la vida de los argentinos en la década del cincuenta. Al final del gobierno de Juan Domingo Perón, en el colegio se comenzó a dictar la asignatura Cultura Ciudadana – en la que se difundía la doctrina peronista-, se creó la agrupación estudiantil Unión de Estudiantes Secundarios (UES) – identificada con el oficialismo-, y se cambiaron las autoridades – el rector y el vicerrector – por personas identificadas con ese gobierno.

Cuando fue derrocado Perón, recuerdo haber visto a algún profesor en la puerta del colegio con una ametralladora en el hombro. Los luctuosos sucesos políticos del año 1955 hicieron que ese año se nos eximiera del examen final con el promedio de 4, y no con el de 7 como era siempre.

Luego, con la “Revolución Libertadora” que en 1955 derrocó a Perón, se volvieron a designar autoridades del colegio. En dicho golpe de estado, que comenzó en nuestra ciudad, hubo profesores y alumnos que participaron, incluso armados.

Luego vinieron las elecciones de constituyentes de 1957 y, más tarde, la lucha de “libres” y “laicos”, la cual culminó con la creación y habilitación de universidades privadas, entre las cuales estuvo la Universidad Católica de Córdoba que fue la primera, cuya sede estaba a pocos metros de nuestro colegio.

Todo esto influyó mucho en mi vida, ya que en los primeros años del cursado mi vocación era seguir los pasos de mi abuelo paterno, Salvador, que había sido constructor. Por eso, yo aspiraba ser alguna vez ingeniero civil. Pero las “grietas” políticas, antes referidas, no solo invadieron al colegio, sino que penetraron mucho en mi persona.

El conflicto de Perón con la Iglesia y la finalización de su gobierno fueron el factor determinante para mí. El profesor Amaya, de Cultura Ciudadana, entraba y, más de una vez, me expulsaba de la clase por mis preguntas que para él eran impertinentes. Asistí a la conmemoración del Corpus Cristi de 1955 en la Iglesia de Santo Domingo, donde, además de católicos, había opositores de todos los signos.

Creamos luego la Agrupación de Estudiantes de Monserrat (ADEM), de la que fui presidente, y un periódico, Proa, editado en mimeógrafo, del que fui director.

Hacíamos pegatinas con carteles que confeccionábamos en el garaje de mi casa con páginas de diarios, en la que escribíamos con témpera consignas a favor de la “Enseñanza Libre”, y que pegábamos de noche en las paredes del colegio o del frente con engrudo que elaborábamos con harina y agua.

Todo esto, sumado a la influencia de algunos profesores como José María Fragueiro de Filosofía, Ceferino Garzón Maceda de Historia Argentina, y Felipe Yofre Pizarro de Instrucción Cívica, entre otros, fueron factores determinantes en mi decisión de cambiar mi vocación, por lo que terminé estudiando y recibiéndome de abogado en la Universidad Católica de Córdoba, doctorándome luego en la Universidad Nacional de Córdoba y dedicándome, también, a la política.

Recuerdo que los primeros flechazos de enamoramiento fueron dirigidos a hermanas de algunos compañeros del colegio, como a Suny, hermana de Raúl Martínez, o a Gloria, hermana de Ricardo Criscuolo, ya fallecido.

Recuerdo las fiestas y encuentros que compartimos con los compañeros como, por ejemplo, cuando íbamos a Gimnasia en el Parque Sarmiento, o cuando visitamos a Miguel Berutto, quien más tarde llegó a ser un ejecutivo muy importante de la Empresa Pérez Companc, y que vivía, entonces, en Rio Segundo, y nos hacía pasear en la jardinera de su casa tirados por un caballo.

El apellido de mi amigo, colega y compañero del Monserrat y de la Universidad, Enrique Saravia, abogado que luego se doctoró en la Universidad de París I (Panthéon-Sorbonne), luce en el nombre del estudio jurídico que presido desde hace 54 años, aunque él como consultor y profesor vive actualmente en Brasil.

A esta querida casa la debo muchas de mis condiciones, conocimientos y experiencias, que me marcaron para siempre. Mi vocación por el derecho, la política, la docencia y la difusión de ideas por la prensa u otros medios nacieron en este colegio.

La educación humanista la recibí de excelentes rectores, como fueron Valeriano Torres y Rafael Escuti; y profesores, entre los cuales recuerdo muy especialmente a “Orejita” Buteler, Próspero Grasso, la “Vieja” Centeno”, Román Velasco, Samuel Sánchez Bretón, Mario Revol Lozada, “Mister” Hughes, Julio “el Loro” Achával, Emilio Sosa López, López Carusillo, Sánchez Sarmiento, y al Maestro de música Alberto Grandi, a quien fastidiábamos cuando cantábamos el himno del colegio diciendo a coro: “Frente a Duartessssss y Quirós”, práctica que se repitió por años, incluso cuando mi hijo fue alumno.

Las enseñanzas y los ejemplos de estos docentes, sumadas a las circunstancias que rodearon la vida de nuestro país y del mundo de entonces, imprimieron en mí valores a los que siempre intenté ajustar mi conducta como: el amor a la libertad, a la justicia, a la democracia, a la Constitución, a la solidaridad, a la igualdad, a la paz, a la excelencia en la educación, al diálogo y al bien común. Los principales logros que alcancé y las convicciones que me acompañaron en la vida no hubieran sido posibles si no hubiera tenido la formación que recibí en esta alta casa de estudios.

Por eso es que debo agradecer a Dios por:

* estos 60 años de egresado;

* haber pasado por las mismas aulas en las que alguna vez estudiaron próceres de la talla de Juan José Castelli, Juan José Paso, y Deán Gregorio Funes; o presidentes de la República como los fueron: Santiago Derqui, Nicolás Avellaneda, Miguel Ángel Juárez Celman y José Figueroa Alcorta; o quien redactó el Código Civil: Dalmacio Vélez Sarsfield; o personalidades del siglo pasado como: Arturo Orgaz, Ramón J. Cárcano. Deodoro Roca, Leopoldo Lugones y Agustín Díaz Bialet –quien egresó con mi padre y fue juez de la Corte Suprema de Justicia-; o personajes contemporáneos como: el filósofo y diplomático Ernesto Garzón Valdez y el Cardenal Estanislao Karlic; y de las cuales fueron distinguidos compañeros de nuestra promoción que se recibieron de abogados con medallas de oro en la Universidad Nacional de Córdoba como: Carlos Horacio Clariá – fallecido en Roma en 2009 siendo uno de los directivos del Movimiento de los Focolares-, y el ex Ministro de Justicia Jorge de la Rúa – quien nos dejó el año 2015;

* los compañeros que tuve -con algunos de los cuales nos reunimos cada tanto para alimentar estos recuerdos-;

* la devoción que le debo a la Virgen morena, Nuestra Señora de Monserrat, a quien visité hace algunos años y a quien recé en el Monasterio construido hace más de mil años en su nombre, ubicada en una de las montañas catalanas que hay al norte de Barcelona; y

* sentirme siempre guiado por la frase que luce en el escudo del Colegio: “En virtud y en letras”; e iluminado, con la que termina su himno: “Por la Patria y en la Patria, con la luz del Monserrat.”

Córdoba, noviembre de 2018.

Discurso del egresado Jorge Horacio Gentile en el Acto en que se conmemoran los 325 años del Colegio Nacional de Monserrat

Señor Director, autoridades presentes, señores profesores, queridos  compañeros y compañeras egresados, alumnos, señoras y señores:

Vuelvo después de 53 años al muy querido Colegio Nacional de Monserrat; del que me fui a fines de 1958, luego de la tradicional ceremonia en la que los egresados se arrojan a la fuente del Patio Mayor; con el título de bachiller, dispuesto a enfrentar un porvenir incierto, a tratar de realizar un proyecto de vida, teniendo entre manos algunas metas, ideales e ilusiones – bastante vagas-, que me surgieron mientras permanecí en sus aulas.

Pero esta vez no vine en tranvía, como lo hice en los seis años en que fui alumno. La calle Obispo Trejo y Sanabria era, entonces, más angosta, no era peatonal -como tampoco lo eran ninguna de las del centro-, y los rieles del tranvía han hoy desaparecido. Recuerdo que cuando fuimos estudiantes se demolió la antigua almacén que había en frente del Colegio, oportunidad en que se rompió un recipiente del que se derramaron muchas monedas antiguas, lo que nos llamó mucho la atención.

El edificio de la Casa de Duarte Quirós está ahora dentro de la manzana declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO; lo que resultó en que su fachada esté mejor cuidada, pintada e iluminada que en la década del ’50, tanto, que hasta los escritores de grafitis de hoy las respetan.

En la entrada no está más escrita la leyenda: “Nadie es tan grande que pueda entrar o salir con el sombrero puesto”.

La pizzería de Don Luis, donde íbamos algunas veces, después de clases, a comer su tradicional pizza, no está más en la calle 27 de Abril y Obispo Trejo. Allí, hoy luce la plazoleta Jerónimo Luis de Cabrera.

Argentina y Córdoba, en aquella época, tenía menos de la mitad de habitantes que ahora. Las familias eran más numerosas y estables. Yo venía de una en la que éramos y somos 7 hermanos, y la de mi compañero de promoción, Carlos Horacio Clariá, brillante alumno y gran amigo que falleció en Roma, eran 17.

La mayoría de las madres no trabajaban y estaban dedicadas a educar a sus hijos y a cuidar el hogar. Además de la actual reducción de miembros y del menor tiempo que se dedica a la vida familiar, hay que agregar que entonces había muchísimo menos padres separados o divorciados que ahora.

En el interior del Colegio me encuentro ahora que hay tantas o más mujeres que varones. Esto fue algo impensado en mi época, en donde se tuvo el privilegio de hacer un experimento de ingreso femenino, pero que duró poco tiempo y no prosperó. Recuerdo que las compañeras  mujeres que tuvimos se podían contar con los dedos de la mano. El ingreso masivo de mujeres se concretó, para bien, recién en 1998, luego de una dura resistencia, a la que nunca me quise plegar.

Los alumnos y alumnas de hoy, a diferencia de lo que ocurría hace más de 5 décadas, usan uniformes; tienen, como sus profesores, teléfonos celulares, y a través de los mismos o de sus computadoras, netbooks, notebooks, iPads o tablets están conectados a Internet, se informan mejor y se comunican con fluidez entre sí y mediante las redes sociales con personas de todo el mundo, especialmente por Facebook y Twitter. Obtener, en aquel entonces, un teléfono fijo en una casa de familia podía demorar años.

No hubo en Córdoba televisión hasta 1960; tampoco había fotocopiadoras. La globalización que hoy vivimos era también impensada entonces; ello obliga a los jóvenes de esta época a estudiar necesariamente, para leer y hablar, el idioma universal que es hoy el inglés. En mi época podíamos optar entre estudiar el idioma de Shakespeare, el francés o el italiano. La educación bilingüe es hoy imprescindible, mal que nos pese.

En el plan de estudio, que se mantiene hoy como Bachillerato Humanista, se desarrollaba cuando yo era estudiante en seis años, y ahora se lo cursa en siete, con varias materias más. Al estudio del Latín, que teníamos entonces, se agregó para bien, hace ya algunas décadas, el Griego. Las materias Religión, para los que éramos católicos, y Moral, para los que no lo eran, se estudió hasta que en 1954 se interrumpió por el conflicto entre Perón y la Iglesia. Durante su presidencia, se incorporó también la asignatura Cultura Ciudadana, que en su contenido difundía la doctrina peronista, pero fue suprimida en 1955 cuando se produjo la llamada “Revolución Libertadora”, el levantamiento militar que se inició en esta ciudad.

Hoy el colegio cuenta con un terciario en el horario que en mi época era utilizado por el Colegio Manuel Belgrano, ya que entonces no tenían edificio propio. Las clases de gimnasia las hacíamos en el Parque Sarmiento, detrás del Museo Caraffa.

Mientras fui alumno del Monserrat entre 1953 y 1958, como lo fueron también mi padre y mi hijo, tuve oportunidad de hacer queridos amigos que todavía conservo, algunos viviendo muy lejos de Córdoba.

Tuvimos excelentes profesores, alguno de los cuales merecen ser recordados por su nombre y por sus apodos, como: José María Fragueiro, “Orejita” Buteler, Próspero Grasso, Ceferino Garzón Manceda, la “Vieja” Centeno”, Román Velasco, Samuel Sánchez Bretón, Mario Revol Lozada, “Mister” Hughes, Felipe Yofre Pizarro, Julio el “Loro” Achaval, Emilio Sosa López, López Carusillo, Sánchez Sarmiento, Santiago Ruiz Fontanarrosa y muy especialmente al Maestro de música Alberto Grandi, a quien fastidiábamos cuando cantábamos el himno del Colegio diciendo a coro:“Frente a Duartessssss y Quirós”, práctica que se repitió por años, incluso cuando mi hijo fue alumno.

El país vivió, en esa época, la crisis del segundo mandato de Perón, el conflicto con la Iglesia, el gobierno militar que lo derrocó y que fusiló a militares peronistas, el conflicto entre “libres” y “laicos”, y la revolución cubana, todo lo cual impactó nuestras vidas y la del Colegio.

La inestabilidad política hizo que los rectores y vicerrectores –hoy Director y Vicedirector- fueran sustituidos tres veces por razones políticas; los dos principales que quiero recordar fueron Valeriano Torres y Rafael Escuti. Cuando fue derrocado Perón, recuerdo haber visto a algún profesor con una ametralladora en el hombro en la puerta del Colegio. Los luctuosos sucesos políticos del año 1955 hicieron que ese año se nos eximiera del examen final con un promedio de 4, y no con el de 7 como era siempre.

Actualmente, los profesores son designados mediante concurso y existe un Consejo Asesor, lo que no existía en mi época. El examen de ingreso sigue siendo, para mí, una garantía y un premio para quienes se esfuerzan y aspiran a tener una educación de excelencia, en un momento en que nuestras casas de estudios retroceden peligrosamente en todas las encuestas donde se mide la calidad de la educación, y en el que la repitencia y el abandono escolar son más frecuentes que antes.

Como profesor universitario de primer año, he podido apreciar muchas veces la diferencia que hay entre un egresado de este colegio y otros que vienen de otros establecimientos y que tienen serias dificultades en la comprensión de textos, en lengua, en escritura o en conocimientos elementales de historia o geografía. Una cuestión que la proliferación de institutos privados que preparan ingresantes no ha podido corregir. Tengo para mí que el necesario objetivo de la inclusión no tiene por qué contradecir al de la calidad en la educación.

Fui presidente de la Agrupación de Estudiantes del Monserrat –que cumplía funciones similares al Centro de Estudiantes actual- , director del periódico Proa -que imprimíamos con mimeógrafo-; y participé en las luchas a favor de la enseñanza libre, lo que culminó con la ley Domingorena, que autorizó la creación de universidades privadas, lo que hizo posible la fundación de la UniversidadCatólica de Córdoba, a pocos metros de nuestro Colegio, a donde luego estudié, me gradué como abogado y en la que todavía soy profesor. Esto no me hizo apartarme de la Universidad Nacional de Córdoba, de la que depende este Colegio, que fue a donde obtuve luego el título de Doctor y de profesor, ahora emérito.

De dirigente estudiantil pasé a militar en política a los 17 años, en las elecciones de constituyente de 1957 y luego en las presidenciales de 1958, habiéndome afiliado, el año siguiente, al partido al que pertenezco actualmente.

En esta querida Casa descubrí y le debo muchas de mis condiciones, conocimientos y experiencias, que me marcaron para siempre. Mi vocación por el derecho, la política, la docencia, y la difusión de ideas por la prensa u otros medios nacieron en este Colegio.

La educación humanista que recibí de excelentes profesores, sumada a la circunstancias que rodearon la vida de nuestro país y del mundo de entonces, imprimió en mí valores a los que siempre intenté ajustar mi conducta como: el amor a la libertad, a la justicia, a la democracia, a la Constitución, a la solidaridad, a la igualdad, a la paz, a la excelencia en la educación, al diálogo y al bien común.

Los principales logros que alcancé y las convicciones que me acompañaron en la vida no hubieran sido posible si no hubiera tenido la formación que recibí en esta Casa.

Por eso es que debo agradecer a Dios:

  • por estos 325 años;
  • haber sido y continuar siendo monserratense;
  • por haber pasado por las mismas aulas en la que alguna vez estudiaron próceres de la talla de: Juan José Castelli, Juan José Paso, y el Deán Gregorio Funes; o de quienes fueron presidentes de la República: Santiago Derqui, Nicolás Avellaneda, Miguel Ángel Juárez Celman y José Figueroa Alcorta; o por quién redactó el Código Civil: Dalmacio Vélez Sarsfield; o personalidades del siglo pasado: Arturo Orgaz, Ramón J. CárcanoDeodoro RocaLeopoldo Lugonesy Agustín Díaz Bialet –que egresó con mi padre y fue juez de la Corte Suprema de Justicia-; o los contemporáneos: el filósofo Ernesto Garzón Valdez, el Cardenal Estanislao Karlic, el Ministro de Justicia Jorge de la Rúa y el administrativista, doctorado en la Universidadde París, Enrique Saravia –estos dos últimos que fueron de mi promoción-; entre muchos otros;
  • por los directivos, profesores y compañeros que tuve – con alguno de los cuales nos reunimos desde hace años a cenar los primeros viernes de diciembre para alimentar estos recuerdos-;
  • por la devoción que le debo a la Virgenmorena, Nuestra Señora de Monserrat, a quién visité hace algunos años y recé en el Monasterio construido hace más de mil años en su nombre, en una de  las montañas catalanas que hay al norte de Barcelona; y
  • por sentirme siempre guiado por la frase que luce en el escudo del Colegio: En virtud y en letras”,e iluminado, con la que termina su himno: Por la Patria y en la Patria, con la luz del Monserrat.”

Córdoba, 1º Agosto de 2012.

El Vínculo entre Religión y la Paz

religion y paz

Emmanuel Macron ha dicho y ha dicho bien que “los que más atesora una nación, lo que le da vida, lo que la hace grande y lo que es esencial para ella son sus valores morales”, esto bien lo podríamos ampliar afirmando que toda sociedad política atesora valores, principios, reglas e ideas fuerza, de carácter moral o de derecho natural, que encuentran su fundamentos en sus constituciones y en las creencias y principios religiosos de los que la integran.

La Constitución de un país, como la nuestra, aparte de ser el acta fundacional y organizacional de una sociedad política y de su estado, declara y garantiza derechos de los que la integran, y fija deberes a qué atenerse. Los objetivos, los principios, los valores y las ideas fuerza que hicieron posible su fundación y organización, también declaradas por la Norma fundamental, son básicas para orientar su posterior reglamentación y aplicación.

La religión o las religiones que profesan los que viven en estas sociedades políticas crean, al exteriorizarse, relaciones jurídicas que merecen ser reguladas. La paz es una idea fuerza y un valor que los ciudadanos y las autoridades del estado deben tratar de realizar y de hacer posible para una mejor convivencia social.

Si queremos determinar qué vinculo hay entre la religión y la paz, tenemos que precisar su significado.

Religión, según el Diccionario de la Real Academia Española es el: “Conjunto de creencias o dogmas acerca de la divinidad, de sentimientos de veneración y temor hacia ella, de normas morales para la conducta individual y social y de prácticas rituales, principalmente la oración y el sacrificio para darle culto.” Se entiende, también, que hay religiones no teístas, como el budismo, el confucianismo, el taoísmo, etcétera.

La Paz, para dicho Diccionario, es la: “(…) 2. f. Pública tranquilidad y quietud de los Estados, en contraposición a la guerra o a la turbulencia. (…) 4. f. Sosiego y buena correspondencia de unas personas con otras, especialmente en las familias, en contraposición a las disensiones, riñas y pleitos.5. f. Reconciliación, vuelta a la amistad o a la concordia. 6. f. Virtud que pone en el ánimo tranquilidad y sosiego, opuestos a la turbación y las pasiones.”

 

Religión y Paz en la Constitución Argentina

Nuestra Constitución utiliza la palabra paz en cuatro oportunidades: en el preámbulo, cuando declara como objetivo “consolidar la paz interior”; en el artículo 27, al señalar que “El Gobierno federal está obligado a afianzar sus relaciones de paz y comercio con las potencias extranjeras (…)”; en el art. 75 inc. 25, cuando dispone que el Congreso debe “Autorizar al Poder Ejecutivo para declarar la guerra o hacer la paz”; y en el inc. 27 cuando dice: “Fijar las fuerzas armadas en tiempo de paz y de guerra (…)”.

La religión es mencionada desde el preámbulo, cuando expresa “invocando la protección de Dios, fuente de toda razón y justicia”, y en el artículo 19, al referirse a “Las acciones privadas de los hombres que (…) están sólo reservadas a Dios (…)”.

El término culto está en el art. 2 cuando habla del sostenimiento del “culto católico, apostólico romano”, y en el art. 14, cuando enumera y declara como derecho de los habitantes el “de profesar libremente su culto”. El art. 75 inciso 22 menciona que el Congreso puede “Aprobar o desechar (…) los concordatos con la Santa Sede (…)”. El art. 73 declara que “Los eclesiásticos regulares no pueden ser miembros del Congreso (…)”.

Desde 1994, el artículo 93, único que se refiere a la religión, no exige, como lo hacía antes, que el presidente y el vicepresidente juren por Dios, sino por “sus creencias religiosas”. Los tratados internacionales, que ahora tienen jerarquía internacional, han invocan reiteradamente a la paz.

 

La religión y la paz en la sociedad política y con el estado.

Jesús dijo:

“Den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” (Mateo 22, 15-21); y

“Mi Reino no es de este mundo” (Juan 18, 33-37).

No siempre se ha interpretado con claridad estas expresiones, que no solamente establecen una diferencia o separación del poder político con el de la autoridad religiosa, sino que, por el contexto en que fueron dichas, significan también que la autoridad Divina es superior a las autoridades humanas.

Hay sociedades políticas que ubican a la religión y lo religioso en un lugar preponderante. Esto lo hacen no solamente por la fe que profesan los que la componen, sino, y muy especialmente, porque comparten las normas morales y reglas del derecho natural que son esenciales en sus creencias, sus conductas, su modo de vida y su prédica. Pero hay otras que no respetan la libertad religiosa, sea porque adoptan alguna y discriminan a otras, o porque las reconocen solo como una creencia aprisionada en la conciencia de las personas, o porque directamente la niegan, la prohíben y muchas veces la combaten.

Hay constituciones que diferencian la autoridad del estado con el de las religiones, como la nuestra, donde la “autonomía y la cooperación”, como bien lo expresa la Constitución de Córdoba (Art. 6), son la regla principal. Sin embargo, existen otras donde ambas se identifican y confunden, o que adoptan o declaran a alguna como religión oficial. Hay, también, constituciones que omiten o desconocen a ciertas religiones, y estados que persiguen a quienes las profesan.

 

Las religiones y la Paz del mundo

Las dos guerras mundiales fueron sepultadas por dos bombas atómicas. La guerra fría con la caída del muro de Berlín, y sus últimos atisbos por el acuerdo de EEUU y Cuba en época de Obama. Pero las guerras religiosas o antirreligiosas parecen no terminar, aunque emergen nuevas modalidades.

En este siglo, Al Qaeda destruyó las Torres Gemelas; el Estado Islámico (ISIS en inglés) desde Irak propuso una guerra santa (yihad) para imponer un califato. Hubo atentados en París en la revista Charlie Hebdo y muchos más; en Nigeria, por Boko Haram; en Kenia, por Al Shabab; en Sudán del sur; y entre palestinos y judíos. Esta violencia nos muestra que hay conflictos políticos o étnicos que usan o instrumentan la religión para imponerse, atraer adeptos o vencer al enemigo. Usan la religión y lo religioso como pretexto para conseguir objetivos políticos, pisoteando la dignidad de la persona humana y violando las normas morales y del derecho natural.

En este mundo globalizado, la violencia (política-religiosa-étnica) no tiene frontera, y puede ocurrir en cualquier parte. Argentina lo padeció con el atentado a la embajada de Israel en 1992 y en 1994 contra la AMIA, y en 2015 con la muerte del fiscal Alberto Nisman.

Judíos, cristianos, musulmanes y quienes profesan otros credos muchas veces son perseguidos, denostados o castigados por su fe, por practicar su culto o cambiarlo; por lo que es imprescindible reforzar las garantías a estos derechos injustamente vulnerados.

Por ello, el Consejo Argentino de la Libertad Religiosa (CALIR) impulsa la aprobación de una ley interna y de un tratado internacional de libertad religiosa, que no solo declare derechos – como hacen ya algunas normas internacionales-, sino también que cree un órgano internacional que encueste, supervise, aconseje y medie para el mejor ejercicio de estos derechos, y denuncie e impulse el juzgamiento de las graves violaciones de los mismos. Que aliente, además, la secularización de los estados, el respeto de la autonomía de las iglesias o confesiones religiosas, y vele por el pleno ejercicio de los derechos a la libertad de conciencia, religiosa y de culto. Que periódicamente informe, como lo hace en la actualidad el Relator de Libertad Religiosa de la ONU, los avances y retrocesos que ocurren en esta materia.

 

La buena noticia de la Paz

Las ideas fuerza que declaran las constituciones al igual que las religiones muchas veces han sido mejor explicadas, ponderadas y fundamentadas por los libros sagrados que por las constituciones, los tratados y las leyes positivas, como ocurre por ejemplo con la idea de la paz, lo que es claro apreciar en la tradición judeo-cristiana.

La paz, en el Antiguo Testamento, es fruto de una vida entregada a cumplir la voluntad de Dios, a cumplir la alianza. Es el regalo que Dios hace al justo (cfr. Sal 119, 164-168). La paz auténtica, por tanto, se da cuando Dios reina realmente en medio del pueblo de Dios. Es lo que anuncia el segundo Isaías (en 52, 7): “Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae buenas nuevas, que anuncia salvación, que dice a Sión: “Ya reina tu Dios”.

Un Salmo exclama: “Oh Dios, da al rey tu juicio, al hijo del rey tu justicia: que con justicia gobierne a tu pueblo, con equidad a los humildes. Traigan los montes paz al pueblo y justicia los collados (colinas). Él hará justicia a los humildes del pueblo, salvará a los hijos de los pobres, y aplastará al opresor. Durará tanto como el sol, como la luna de edad en edad; caerá como la lluvia en el retoño, como el rocío que humedece la tierra. En sus días florecerá la justicia, y dilatada paz hasta que no haya luna” (Salmo 72, 1-7).

El Nuevo Testamento proclama: “Dichosos los que trabajan por la paz, porque Dios los llamará sus hijos” (Mateo 5, 9).

Esta Buena Noticia de la Paz, que Dios regala al mundo por medio de Jesús, resuena específicamente en el canto de los ángeles, cuando estos anuncian el nacimiento de Jesús a los pastores: “Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres en quien Él se complace” (Lucas 2, 14).

San Pablo explica: “Porque él (Cristo) es nuestra paz: él que de los dos pueblos hizo uno, derribando el muro que los separaba, la enemistad, anulando en su carne la ley de los mandamientos con sus preceptos, para crear en sí mismo, de los dos, un solo Hombre Nuevo, haciendo la paz, y reconciliar con Dios a ambos en un solo Cuerpo, por medio de la cruz, dando en sí mismo muerte a la enemistad. Vino a anunciar la paz, paz a ustedes que estaban lejos, y paz a los que estaban cerca”. Pues por él, unos y otros tenemos libre acceso al Padre en un mismo Espíritu” (Éfeso 2, 14-18).

“Pues donde existen envidias y espíritu de contienda, allí hay desconcierto y toda clase de maldad. En cambio, la sabiduría que viene de lo alto es, en primer lugar, pura, además pacífica, complaciente, dócil, llena de compasión y buenos frutos, imparcial, sin hipocresía. Frutos de la justicia se siembran en la paz para los que procuran la paz.” (Santiago 3,16-18).

San Óscar Arnulfo Romero nos recordaba: “Hermanos, si de veras lo somos: ¡hermanos!, trabajemos por construir un amor y una paz – pero no una paz y un amor superficiales, de sentimientos, de apariencias-, sino un amor y una paz que tiene sus realces profundas en la justicia. Sin justicia no hay amor verdadero, sin justicia no hay la verdadera paz. He aquí, pues, que si queremos seguir la vertiente del bien que nos hace solidarios con Cristo, tratemos de matar en el corazón los malos instintos que llevan a estas violencias y a estos crímenes y tratemos de sembrar en nuestro propio corazón, y en el corazón de todos aquellos con quienes compartimos la vida, el amor, la paz, pero una paz y un amor en la base de la justicia”.

SS Francisco ha dicho: “¡Cómo quisiera que por un momento todos los hombres y las mujeres de buena voluntad mirasen la Cruz!”, haciendo hincapié en que en la Cruz “se puede leer la respuesta de Dios: allí, a la violencia no se ha respondido con violencia, a la muerte no se ha respondido con el lenguaje de la muerte. En el silencio de la Cruz calla el fragor de las armas y habla el lenguaje de la reconciliación, del perdón, del diálogo, de la paz. Quisiera pedir al Señor que nosotros cristianos y los hermanos de las otras religiones, todos los hombres y mujeres de buena voluntad gritasen con fuerza: ¡La violencia y la guerra nunca son el camino para la paz!” (“La palabra Paz atraviesa todo el Evangelio” Jornada Internacional de intercesión por la paz en Tierra Santa; Domingo, 26 enero 2014).

 

Conclusión

La fuerza de la idea de la paz, si la analizamos desde la óptica de la Constitución y de la religión, adquiere una importancia mayor, tanto cuando se refiere a la dimensión interior de las personas, al interior de la sociedad política, o a las relaciones internacionales, como cuando bregamos para conseguirla a partir de las creencias y las convicciones religiosas.

La paz, vista desde esta perspectiva, y que no siempre coincide con la idea de felicidad, no solamente debe entenderse como contraria al opresor, a la muerte, a la guerra, al atentado, a la violencia, al secuestro, al escrache, al crimen, a la intolerancia, a los malos instintos o directamente al mal; sino que debemos asociarla con el amor, la hermandad, la amistad, la justicia, la equidad, la compasión, la reconciliación, el perdón, la concordia, la tranquilidad, el sosiego, la quietud y la buena correspondencia.

Demoler muros, eludir barreras, suprimir grietas; evitar disensiones, riñas y pleitos; construir puentes y caminos; hacer posible el diálogo, la conversación y la negociación. Todo ello es indispensable para lograr consensos y hacer posible la paz.

Córdoba, noviembre de 2018.

Egresados de la Universidad Católica de Córdoba en 1963

UC-de-Cordoba

FACULTAD DE DERECHO

Compañeros Fallecidos

Víctor Rafael “Bicho” Olmos – Luis Casati Ferro – Carlos López – Raúl Masini – Osvaldo Bouwer de Koning

Compañeros egresados

Héctor Guido Bartolomei – Marisa Bisio de Viano – Ramón Ricardo Ruarte – Ángela Fortuna – Gustavo Carranza Latrubesse – Domingo Viale Eduardo Cúneo – Guillermo Smekens – Jorge Avalos Mujica – Pedro Almeida – Rómulo Marcatini – Margarita Toro – Roberto Fonseca – Jorge Horacio Gentile – Néstor Cadario – Rosa Abal Dutari de Cadario

Jesuitas

Jorge Camargo SJ – Jaime Amadeo SJ – José Antonio Sojo SJ – César Azúa SJ – Jean Sonet SJ – Gustavo Casas SJ – Sixto Castellanos SJ

Decano de la Facultad de Derecho

Agustín Díaz Bialet

Secretaria

“Porota” Salaberría

 

Palabras de recordación

Hace 55 años, los primeros egresados de la Facultad de Derecho de la Universidad Católica de Córdoba ingresamos –luego de rendir el examen de ingreso- en 1959, un año después de su fundación. En ese momento, la misma no estaba reconocida por el Estado, por lo que no sabíamos si íbamos a poder graduarnos allí como abogados. Por eso, varios de nosotros nos inscribimos también en la Universidad Nacional.

Veníamos de luchar en los colegios y en las calles entre “libres” –que querían universidades privadas- y “laicos” –que se oponían a ello-, participando en manifestaciones y actos públicos.

La Universidad se fundó por el impulso que le dieron los jesuitas, entre los que recordamos muy especialmente a: Jorge Camargo, Jean Sonet, Jaime Amadeo, César Azúa, José Antonio Sojo, Sixto Castellanos, Gustavo Casas, etc.

En los cinco años de la carrera, cursamos siete materias por año, una de las cuales era Teología, en lo que fue y es el Colegio San José. Asistimos a clases todos los días hábiles, y rendíamos tres parciales y también un examen final. La asistencia la tomaba casi siempre “Porota” Salaberría.

Luego de graduarnos, y para ser habilitados, tuvimos que rendir un examen ante un tribunal integrado por un presidente designado por el Ministerio de Educación de la Nación, un representante del Colegio de Abogados y otro de la UCC.

El Decano de la Facultad de Derecho era entonces, el doctor Agustín Díaz Bialet, que luego integraría la Corte Suprema de Justicia de la Nación, y fue nuestro eximio profesor de Derecho Romano. Pedro Ángel Spina, que luego presidió el Tribunal Superior de Justicia de Córdoba, y Helio Olmos estaban a cargo de las cátedras de Derecho Penal. Pedro José Frías, que también fue juez de la Corte Suprema y embajador, de la de Derecho Constitucional –junto a Guillermo Becerra Ferrer– y Público Provincial. Alfredo Fragueiro nos enseñaba Introducción a la Filosofía, Derecho Natural y Filosofía del Derecho. Néstor Pizarro, José Manuel Díaz, Lisardo Novillo Saravia y Arturo Granillo, Derecho Civil. Manuel Espinoza y Manuel Augusto Ferrer padre, Derecho Comercial, y su hijo de igual nombre, dictó Derecho de la Navegación junto a Enrique Ferreyra. Rogelio Ferrer Martínez –que supo presidir el Tribunal Superior- en Procesal Civil- y Carlos Ernesto “Cacho” Moreno y Raúl Torres Bas en Procesal Penal. El Padre Jaime Amadeo SJ y Gustavo Casas SJ eran profesores de Teología. Clemente Villada Achával y Celestino Piotti en Internacional Público y Privado respectivamente. Jesús Abad Hernando, Héctor Meehan y Julio Altamira Gigena en Derecho Administrativo. En Laboral, José Narciso Rey Nores; en Agrario y Minero, Calos A. Almuni; en Canónico, el padre redentorista Aldo Luis Cooper; y en Finanzas Públicas, Mario Martínez Casas e Isidoro Cibele. En Historia del Derecho, Luis M. Freijeiro Boullosa –que tenía una memoria fabulosa-; en Economía Política, la doctora Elisa Ferreyra Videla – única mujer que fue profesora-; en Sociología, Alberto Díaz Bialet y el Padre Antonio Donini; y en Derecho Político, Clodomiro Ferreyra.

En el grupo había un gran cariño a la Universidad que se estaba formando, y de allí es que de este curso surgió la formación de la Asociación de Estudiantes de Derecho y luego la Federación de Asociaciones de Estudiantes de la Universidad, cuyo primer presidente fue Héctor Guido Bartolomei. Estas organizaciones estudiantiles hicieron varias reuniones con dirigentes estudiantiles de otras universidades católicas argentinas. Como dirigentes estudiantiles, tuvimos algunas fricciones con las autoridades, inclusive con el rector Jorge Camargo SJ, pero siempre dentro de un clima de respeto y sin cuestionar la excelencia de la educación que se impartía.

En la Universidad, se organizaban anualmente quermeses, en las que participaban estudiantes de todas las facultades. Además, con frecuencia se organizaban reuniones donde se bailaba, se escuchaba música y se estrechaban vínculos entre alumnos y alumnas de las distintas facultades. Varios de nuestra camada estuvieron de novio o se casaron con quienes conocieron en la Universidad.

El contexto de nuestro paso por la Universidad fue muy activo. La revolución cubana, encabezada por un discípulo de los jesuitas, Fidel Castro, instaló en 1959 la guerra fría en América. Los atentados con explosivos en la Shell y la consecuente intervención federal a la provincia de Córdoba, gobernada por Arturo Zanichelli, se produjeron en 1960. La invasión a Bahía de Cochinos o Playa Girón en Cuba fue en 1961. En 1962, se produjo el golpe de estado que derrocó al presidente Arturo Frondizi, el cuarto de los seis que se produjeron en el siglo pasado. En este mismo año, también se inició en Roma el Concilio Vaticano II y desapareció el obrero metalúrgico Felipe Vallese, uno de los primeros de los tantos ocurridos en el país en ese tiempo. En el año siguiente fue la elección del presidente Arturo Íllia y el asesinato del presidente de EEUU John F. Kennedy. Todo esto impactó nuestras vidas, lo que nos movió a discutir sobre estos sucesos, asistir a conferencias y debates, y hasta comprometernos políticamente.

La reunión que hoy nos convoca coincide también con otros que se merecen tener presente, como el aniversario de los 35 años de la recuperación de la Democracia Constitucional, el gran logro político de nuestra generación que no han logrado interrumpir, a pesar de las graves crisis que padecimos y padecemos, de los avances del populismo, del vertiginoso crecimiento de la pobreza, de los gravísimos casos de corrupción, la degradación de la educación, etc.

En lo religioso, vivimos el quinto año del papado del jesuita argentino Jorge Mario Bergoglio -la actual personalidad más importante de la Argentina- que trata de poner a tono a la Iglesia con los grandes cambios que se han producido y están sucediendo en el mundo. Su prédica a favor del ecumenismo y a las demás expresiones religiosas y culturales del mundo, y sus esfuerzos por renovar a la Iglesia no han declinado, a pesar de los desgraciados casos de pedofilia y las campañas antirreligiosas, como las que esconden las propuestas que buscan suprimir la vida de las personas por nacer o mediante la eutanasia, las que quieren imponer la llamada “ideología de género” o las que quieren encarcelar la religión en la conciencia de las personas, cuando no directamente suprimirla.

Para terminar, es bueno recordar dos frases que quedaron grabadas en nuestras vidas: aquella dirigida a “hombres -varones y mujeres- de ciencia y conciencia”, a la que luego se le agregó también “de compromiso”; y aquella que luce en el escudo de la Universidad, “Veritas Liberavit vos”, “la Verdad os hará libres” (Juan 8:31-38). Estas frases, al menos a mí, me han iluminado este largo camino que hemos recorrido en estas últimas cinco décadas y media.

Córdoba, noviembre de 2018.

Israel, once años después

IsraelCon 17 argentinos, 5 cordobeses,de la Fundación Universitaria del Río de la Plata volví, después de 11 años, a Israel y recorrimos su territorio, que es menor al de la provincia de Tucumán. Estuvimos en Tel Aviv, Jerusalén, el Valle del Jordán, Cafarnaúm, los Altos del Golán –en la frontera con Siria y Líbano-, Safed, Haifa, la fortaleza de Mesada, y Sderot, que está a un kilómetro de la franja de Gaza, desde donde los terroristas de Hama disparan misiles.Visitamos los Kibutz de Hagoshrim, Kfar Szold, Ein Hashlosha y Magal, donde está la fábrica Netafim, líder mundial de riego por goteo. Algunos, por el lujo de sus viviendas, se asemejan a nuestros countries. Estuvimos en las playas del Mediterráneo, del mar de Galilea, y me bañé hice “la plancha” en el salitroso Mar Muerto.

Conocimos la Universidad Hebrea de Jerusalén; la Universidad de Haifa, donde su rector es el cordobés Gustavo Mesch; y el Colegio de Abogados de Jerusalén,que lo preside otro comprovinciano, León Amiras. Conversamos, también, con el periodista de la CNN José Levi y con Israel Rabinowicz. Nos recibió en su casa el embajador argentino Agustín Caucino.

En la visita a la empresa Movileye, líder en sistemas antichoque, me convencieron que los automóviles autónomos son más seguros que los que manejan los humanos. Esto fue confirmado el día que llegué a Córdoba cuando supe del accidente fatal que le costó la vida a José Manuel de la Sota.

Nuestra visita coincidió con el Año Nuevo judío5779 yel musulmán 1440, y con los 70 años de la creación del Estado de Israel, rechazada por los palestinos, cuando sólo había 600 mil judíos. Hoy Israel tiene 8.793,000 habitantes de los cuales 75% (6.556.000), y el 21 % (1.837.000) son árabes (musulmanes, casi todos sunitas, y cristianos) y hay 400.000 cristianos no-árabes y personas sin clasificación en el censo, representando el 4% de la población.Su tasa de natalidad, el número promedio de hijos por mujer, es de 3,11, la más alta de Occidente.

En la capital, Jerusalén (no aceptada por los palestinos), visitamos la Knesset, el parlamento integrado por 120 diputados, donde ningún partido tiene mayoría; la Corte Suprema, de 12 miembros; y las oficinas del presidente, Reuven Rivlin, y la del primer ministro Benjamín Netanyahu.No tienen Constitución, pero en su lugar hay leyes básicas -como en el Reino Unido.

El servicio militar es obligatorio para varones y mujeres, desde los 18 a los 21 años, por lo que es común ver en las calles a jóvenes con la ametralladora colgando del hombro.

¿Qué cambió después de once años?

Israel también padece alguno de los brotes nacionalistas que intentan frenar la globalización, demostrada en la reciente declaración de que su estado es judío, y en el traslado de la embajada de EEUUa Jerusalén.

Sin embargo, comoel Medio Oriente es ahora el escenario bélico más intenso del mundo, con Siriaen el centro del conflicto, revertir esta situación es hoy más importante y urgenteque terminar con la disputa entre Israel y Palestina. Según José Levi, para esta zona el problema mayorya no es Israel, sino Irán. Por eso, como sugirió Obama al visitar Argentina, el crear el estado Palestino o un estado federal que incluya a Israel y Palestina es urgente, aunque ambos se resistan a imaginarlo.

Si Sudáfrica con 20 millones de negros y 5 de blancospudo abolir el apartheidy lograr con Mandela resolver un problema que parecía imposible; si las dos alemanias se unificaron; si se concluyó la guerra fría y se disolvió la Unión Soviética, ¿por qué no intentar superar el conflicto entre judíos y árabes? Lo mismo están intentando hoy las dos Corea, y el Vaticano y China, que acaban de firmar un convenio, luego de una ruptura de relaciones en 1951.

Los notables avances alcanzados por Israel con su democracia, con su economía y con su aprovechamiento de nuevas tecnologías, le confieren un liderazgo que bien debería aprovecharlo e invertirlo para hacer posible la paz en esta castigada parte del planeta.

Córdoba, octubre de 2018.

Pactar en Política, Una Necesidad

pacto politicoLa grave crisis que padecemos nos recuerda y promete acuerdos, convenios, tratados y pactos; verbales o escritos, publicados u ocultos, que se cumplen o no, que beneficien o perjudiquen a unos o a otros.

Ejemplos históricos fueron el pacto de San Nicolás de los Arroyos en 1852, que hizo posible el dictado de la Constitución en 1853; el de San José de Flores de 1859, por el que incorporó la provincia de Buenos Aires, y más recientemente el pacto de Olivos que permitió la reelección de Carlos Menem y la reforma constitucional de 1994. Los cuadernos de la corrupción nos demuestran que entre políticos y empresarios hubo durante años acuerdos espurios para financiar la política y enriquecer a políticos, intermediarios, empresarios contratistas del Estado y hasta a jueces.

En la coyuntura actual el gobierno suscribió un crédito con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y necesita acordar con los gobernadores para que el Congreso le apruebe el presupuesto de 2019, que contendrá el severo ajuste que exige el FMI, y crear las condiciones que beneficien a unos y a otros en las elecciones del año que viene.

Pero allí no termina la cosa; el gobierno, la oposición, los partidos, las empresas, los sindicatos, la Iglesia y la sociedad toda necesitan, para superar el difícil momento que vivimos; acordar objetivos, soluciones, abrir caminos y disponer de recursos humanos y materiales para encontrar el rumbo de cómo salir de este pozo y cómo orientar nuestro futuro. Los más simplistas proponen un “Pacto de la Moncloa”, o algo parecido, que nos encamine a un final feliz, como ocurrió en 1977 en España, pero esos acuerdos históricos son irreproducibles, y la habilidad y la imaginación política son capaces de crear nuevas fórmulas difíciles de predecir, pero siempre posibles de concretar.

Recuerdo que fui testigo, como diputado de la Nación, del acuerdo no escrito que se concretó, con motivo de la grave crisis financiera en 1989, entre Raúl Alfonsín, cuando renunció a la presidencia -luego de las elecciones presidenciales adelantadas que ganó ese año el PJ-, con Carlos Menem, que había triunfado en dichos comicios, pero que asumió ese cargo un semestre antes que el presidente radical terminara su mandato. Por el mismo, cada vez que el Poder Ejecutivo enviaba un proyecto de ley, como ocurrió por ejemplo con el de Reforma del Estado o el de Reforma Económica, la UCR, que tenía mayoría en la Cámara de Diputados, al momento de votar, un grupo de sus diputados se retiraba del recinto, para que los justicialistas, que eran minoría hasta el 10 de diciembre, ganaran la votación, y los radicales la perdieran, ya que votaban en contra, a pesar de que tenía un mayor número de bancas, por la ausencia de los que se retiraban, y en fiel cumplimiento de lo pactado.

Este, y otros acuerdos políticos, escritos o no, se concretan en la política, todos los días. Y ante la grave situación que nos aqueja, por la que crece desmesuradamente la pobreza, el dólar, el endeudamiento, la inflación, el narcotráfico y la incertidumbre, muchos argentinos creemos que ha llegado la hora de que los dos extremos de la grieta, y quienes tienen más poder en nuestro querido país, se unan para apagar este incendio, que nos perjudica a todos -oficialismo y oposición, a los de arriba y a los de abajo-, no sólo este año, sino también el próximo, en el que habrá elecciones.

Jugar a que Mauricio Macri se tenga que ir en un helicóptero, como Fernando de la Rúa, o, porque fracase en su capricho reeleccionista, no beneficia a nadie, ni siquiera a los más feroces opositores. Lo que hay que acordar es cómo superar la crisis económica, pero, también, ordenar el país, y encontrarle un rumbo, que nos permita tener mejor educación, más trabajo decente, seguridad, castigar la corrupción, acelerar la incorporación de las nuevas tecnologías e integrarnos al mundo.

Argentina vivió situaciones peores, y salimos siempre acordando, de una forma u otra.

¿Por qué no lo podremos hacer ahora?

Córdoba, septiembre de 2018.