A los 325 Años del Colegio Nacional de Monserrat de Córdoba

Dr. Jorge Horacio Gentile en el Colegio Nacional de Monserrat

Señor Director, autoridades presentes, señores profesores, queridos  compañeras y compañeros egresados, alumnos, señoras y señores:

Vuelvo después de 53 años al muy querido Colegio Nacional de Monserrat; del que me fui a fines de 1959, luego de la tradicional ceremonia en la que los egresados se arrojan a la fuente del Patio Mayor; con el título de bachiller, dispuesto a enfrentar un porvenir incierto, a tratar de realizar un proyecto de vida, teniendo entre manos algunas metas, ideales e ilusiones – bastante vagas-, que me surgieron mientras permanecí en sus aulas.

Pero esta vez no vine en tranvía, como lo hice en los seis años en que fui alumno. La calle Obispo Trejo y Sanabria era, entonces, más angosta, no era peatonal -como tampoco lo eran ninguna de las del centro-, y los rieles del tranvía, han hoy desaparecido. Recuerdo que cuando fuimos estudiantes se demolió la antigua almacén que había en frente del Colegio, oportunidad en que se rompió un recipiente del que se derramaron muchas monedas antiguas, lo que nos llamó mucho la atención.

El edificio de la Casa de Duarte Quirós está ahora dentro de la manzana declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO; lo que permitió que su fachada esté mejor cuidada, pintada e iluminada que en la década del ’50, tanto, que, hasta los escritores de grafitis, hoy la respetan.

En el entrada no está más escrita la leyenda: “Nadie es tan grande que pueda entrar o salir con el sombrero puesto”.

La pizzería de Don Luis; a donde íbamos algunas veces, después de clases, a comer su tradicional pizza no está más en la calle 27 de Abril y Obispo Trejo, donde hoy luce la plazoleta Jerónimo Luis de Cabrera.

La Argentina y Córdoba, en aquella época, tenía menos de la mitad de habitantes que ahora. Las familias eran más numerosas y estables. Yo venía de una en la que éramos y somos 7 hermanos, y la de mi compañero de promoción, brillante alumno y gran amigo que falleció en Roma, Carlos Horacio Clariá, eran 17.

La mayoría de las madres no trabajaban y estaban dedicadas a educar a sus hijos y a cuidar el hogar. Además, de la actual reducción de miembros y del menor tiempo que se dedica a la vida familiar, hay que agregar que entonces había muchísimo menos padres separados o divorciados que ahora.

En el interior del Colegio me encuentro ahora que hay tantas o más mujeres que varones, algo impensado en mi época, que tuvo el privilegio de  hacer un experimento de ingreso femenino, pero que duró poco tiempo y no prosperó. Recuerdo que las compañeras  mujeres que tuvimos se podían contar con los dedos de la mano. El ingreso masivo de mujeres se concretó, para bien, recién en 1998, luego de una dura resistencias, a la que nunca me quise plegar.

Los alumnos y alumnas de hoy, a diferencia de lo que ocurría hace más de 5 décadas, usan uniformes; tienen, como sus profesores, teléfonos celulares, y a través de los mismos o de sus computadoras, netbook, notebook, IPad o tablet están conectados a Internet, se informan mejor y se comunican con fluidez entre sí y mediante las redes sociales con personas de todo el mundo, especialmente por Facebook y Twitter. Obtener, en aquel entonces, un teléfono fijo en una casa de familia podía demorar años.

No hubo en Córdoba televisión hasta 1960, tampoco había fotocopiadoras. La globalización que hoy vivimos, era también impensada entonces, ello obliga a los jóvenes de ésta época a estudiar necesariamente, para leer y hablar, el idioma universal que es hoy el inglés. En mi época podíamos optar entre estudiar el idioma de Shakespeare, el francés o el italiano. La educación bilingüe es hoy imprescindible, mal que nos pese.

En el plan de Estudio, que se mantiene hoy como Bachillerato Humanista, se desarrollaba cuando yo era estudiante en seis años y ahora se lo cursa en siete; con varias materias más. Al estudio del Latín, que teníamos entonces, se agregó para bien, hace ya algunas décadas, el Griego. Las materias Religión, para los que éramos católicos, y Moral, para los que no lo eran, se estudió hasta 1954, y se interrumpió por el conflicto entre Perón y la Iglesia. Durante su presidencia se incorporó también la asignatura Cultura Ciudadana, que en su contenido difundía la doctrina peronista, pero fue suprimida en 1955 cuando se produjo la llamada “Revolución Libertadora”, levantamiento militar que se inició en esta ciudad.

Colegio Nacional de Monserrat

Hoy el Colegio cuenta con un terciario, en el horario que en mi época era utilizado por el Colegio Manuel Belgrano, porque entonces no tenían edificio propio. Las clases de gimnasia las hacíamos en el Parque Sarmiento, detrás del Museo Caraffa.

Mientras fui alumno del Monserrat entre 1953 y 1958, como lo fueron también mi padre y mi hijo, tuve oportunidad de hacer queridos amigos, que todavía conservo, algunos viviendo muy lejos de Córdoba.

Tuvimos excelentes profesores, alguno de los cuales merecen ser recordados por su nombre y por sus apodos, como: José María Fragueiro, “Orejita” Buteler, Próspero Grasso, Ceferino Garzón Manceda, la “Vieja” Centeno”, Román Velasco, Samuel Sánchez Bretón, Mario Revol Lozada, “Mister” Hughes, Felipe Yofre Pizarro, Juan “el Loro” Achaval, Emilio Sosa López, López Carusillo, Sánchez Sarmiento, Santiago Ruiz Fontanarrosa, el “Cachilo” Bustamante, Juan Ignacio Bas y muy especialmente al Maestro de música Alberto Grandi, a quien fastidiábamos cuando cantábamos el himno del Colegio diciendo a coro: “Frente a Duartessssss y Quirós”, práctica que se repitió por años, incluso cuando mi hijo fue alumno.

El país vivió, en esa época, la crisis del segundo mandato de Perón; el conflicto con la Iglesia; el gobierno militar que lo derrocó y que fusiló a militares peronistas; el conflicto entre “libres” y “laicos” y la revolución cubana, todo lo cual impactó en nuestras vidas y en la del Colegio.

La inestabilidad política hizo que los rectores y vicerrectores –hoy Director y Vicedirector- fueran sustituidos tres veces por razones políticas, los dos principales que quiero recordar fueron Valeriano Torres y Rafael Escuti. Cuando fue derrocado Perón recuerdo haber visto a algún profesor con una ametralladora en el hombro en la puerta del Colegio. Los luctuosos sucesos políticos del año 1955 hicieron que ese año se nos eximiera del examen final con el promedio de 4, y no con el de 7 como era siempre.

Actualmente los profesores son designados mediante concurso y existe un Consejo Asesor, lo que no existía en mi época. El exámen de ingreso sigue siendo, para mí, una garantía y un premio para quienes se esfuerzan y aspiran a tener una educación de excelencia, en un momento que nuestras casas de estudios retroceden peligrosamente en todas las encuestas donde se mide la calidad de la educación, y la repitencia y el abandono escolar son más frecuente que antes.

Como profesor universitario de primer año he podido apreciar muchas veces la diferencia que hay entre un egresado de este Colegio y otros que vienen de otras establecimiento que tienen serias dificultades en la comprensión de texto, en lengua, en escritura o en conocimiento elementales de historia o geografía, que la proliferación de institutos privados que preparan ingresantes no han podido corregir. Tengo para mí que el necesario objetivo de la inclusión no tiene por qué contradecir al de la calidad en la educación.

Fui presidente de la Agrupación de Estudiantes del Monserrat –que cumplía funciones similares al Centro de Estudiantes actual- , director del periódico Proa -que imprimíamos con mimeógrafo-; y participé en las luchas a favor de la enseñanza libre, lo que culminó con la ley Domingorena, que autorizó la creación de universidades privadas, lo que hizo posible la fundación de la Universidad Católica de Córdoba, a pocos metros de nuestro Colegio, a donde luego estudié, me gradué como abogado y en la que todavía soy profesor. Esto no me hizo apartarme de la Universidad Nacional de Córdoba, de la que depende este Colegio, que fue a donde obtuve luego el título de Doctor y de profesor, ahora emérito.

De dirigente estudiantil pasé a militar en política a los 17 años, en las elecciones de constituyente de 1957 y luego en las presidenciales de 1958, habiéndome afiliado, el año siguiente, al partido al que pertenezco actualmente.

En esta querida Casa descubrí muchas de mis condiciones, conocimientos y experiencias, que me marcaron para siempre. Mi vocación por el derecho, la política, la docencia, y la difusión de ideas por la prensa u otros medios nacieron en este Colegio.

La educación humanista que recibí de excelentes profesores, sumada a la circunstancias que rodearon la vida de nuestro país y del mundo de entonces, imprimió en mí valores a los que siempre intenté ajustar mi conducta como: el amor a la libertad, a la justicia, a la democracia, a la Constitución, a la solidaridad, a la igualdad, a la paz, a la excelencia en la educación, al diálogo y al bien común.

Los principales logros que alcancé y las convicciones que me acompañaron en la vida no hubieran sido posible si no hubiera tenido la formación que recibí en esta Casa.

Por eso es que debo agradecer a Dios:

  • por estos 325 años y, por qué no por los próximos 325 años;
  • haber sido y continuar siendo monserratense;
  • por haber pasado por las mismas aulas en la que alguna vez estudiaron próceres de la talla de: Juan José Castelli, Juan José Paso, y el Deán Gregorio Funes; o de quienes fueron presidentes de la República: Santiago Derqui, Nicolás Avellaneda y José Figueroa Alcorta; o por quién redactó el Código Civil: Dalmacio Vélez Sarsfield; o personalidades del siglo pasado: Arturo Orgaz, Ramón J. Cárcano. Deodoro Roca, Leopoldo Lugones y Agustín Díaz Bialet –que egresó con mi padre y fue juez de la Corte Suprema de Justicia-; o los contemporáneos: el filósofo Ernesto Garzón Valdez, el Cardenal Estanislao Karlic, el Ministro de Justicia Jorge de la Rúa y el administrativista, doctorado en la Universidad de París, Enrique Saravia –estos dos últimos que fueron de mi promoción-; entre muchos otros;
  • por los directivos, profesores y compañeros que tuve – con alguno de los cuales nos reunimos desde hace años a cenar los primeros viernes de diciembre para alimentar estos recuerdos-;
  • por la devoción que le debo a la Virgen morena, Nuestra Señora de Monserrat, a quién visité hace algunos años y recé en el Monasterio construido hace más de mil años en su nombre, en una de  las montañas catalanas que hay al norte de Barcelona; y
  • por sentirme siempre guiado por la frase que luce en el escudo del Colegio: En virtud y en letras”, e iluminado, con la que termina su himno: Por la Patria y en la Patria, con la luz del Monserrat.”

Córdoba, 1º Agosto de 2012.

Anuncios

San Pablo, el Apóstol de los Gentiles

 “Pero el Señor me dijo: Ve, porque yo te tengo que enviar lejos, a los gentiles”  (Hechos, XXII: 17-21)

  “Pues de las misma manera que Dios hizo de Pedro el apóstol de los judíos, hizo también de mi el apóstol de los paganos,” (Carta a los Gálatas, 2 – 8)

San Pablo Apóstol

El mejor libro que he leído de Jacques Maritain, o el que más me ha llegado personalmente, es San Pablo (editado en Argentina en 1996 por Club de Lectores), donde describe las ideas de este apóstol tardío, judío de la diáspora, fariseo de formación, que hablaba griego, que había perseguido a los primeros cristianos, que presenció la muerte del primer mártir, Esteban. Que, además, era ciudadano romano, y que camino a Damasco fue iluminado por Dios y se convirtió al cristianismo.

En su nueva vida el Señor lo envió lejos, a predicarles a los gentiles. Su prédica se hizo sentir incluso en el Areópago de Atenas a donde encontró, entre los monumentos sagrados, un altar con la inscripción “Al Dios desconocido”  y referido a esto le dijo a los sabios griegos que sobre “lo que ustedes adoran sin conocer, es lo que yo vengo a anunciarles” (Hechos, XVII 22). Las raíces del pensamiento y de la personalidad del gran filósofo dela Democracia -otro converso- se encuentran no sólo en Tomás de Aquino, sino también, en prédica paulina.

La propuesta mariteneana, de un “humanismo integral”, de una “nueva cristiandad” abierta a todos los hombres, a todas las culturas, a todos los pueblos y a todos los creyentes en Dios, no fue en vano y ha dejado su huella dentro y fuera dela Iglesia, en su Europa y en los demás continentes, entre los que creemos en la dignidad del hombre -como persona humana-, en su libertad, en el sentido de su vida, en la justicia, la igualdad, la democracia, en la universalidad de los derechos humanos, en el bien común, en la necesaria amistad cívica y en la necesidad de construir –en un momento histórico en que la globalización parece imparable-  un gobierno mundial -en el marco de una sociedad política, también, mundial-.

Saulo o Pablo

En este Libro Maritain describe a “Saúl que es también Pablo”, que como judío en la dispersión tenía dos nombres el de Saúl o Saulo, su nombre judío, y Pablo, el nombre latino, que usará después de su conversión –dejando de lado el de Saulo-, “quizá para poner de relieve que era en adelante un hombre nuevo.”

Hebreo hijo de Hebreos”, “nació durante la diáspora en Tarso de Cilicia –en Asia Menor (actualmente ubicada en Turquía)-, su padre era ciudadano romano”, y por ello él, también, lo era. El griego será para él una lengua viva. Fue enviado a Jerusalén a donde hizo sus estudios superiores.

Era fariseo como su padre. “Educado en el judaísmo más estricto, alumno del gran doctor fariseo (Rabban) Gamaliel (discípulo de Hilel), persiguió al principio a la Iglesia naciente y aprobó el asesinato de Esteban (que murió apedreado en el año 36, el tercero después de la crucifixión de Jesús).Saulo guardó los vestidos de los que lo apedrearon”, y habiendo estado presente le escuchó decir antes de morir. “Vosotros que habéis recibido la Ley y no habéis guardado la Ley.” Estas palabras serán un tema central de la futura predicación paulina.

“Después de su conversión en el camino de Damasco –ocurrida el mismo año del martirio de Esteban-  ya no vivió más que para predicar a Cristo y para sufrir con Él. ¡Ay de mi si no evangelizo!” Su destino será de allí en más seguir a aquel que contestó la pregunta que formuló cuando cayó en tierra cerca de Damasco: “¿Quién eres Señor? y la respuesta fue Yo soy Jesús de Nazaret, a quien tu persigues.”. Saulo preguntó entonces “¿Que haré Señor?”Su misión será llevar ese nombre a todas las gentes.

Sus viajes apostólicos están relatados en los Hechos de los Apóstoles y en sus epístolas a las comunidades cristianas y a sus compañeros de apostolado, que fueron escritas en los últimos diez y siete (17) años de un ministerio, que duró treinta (30). Las mismas son “el testimonio más ardiente de su amor evangélico y el tesoro más precioso de doctrina”, cuya luz se proyectó luego en los padres y doctores dela Iglesia, especialmente en San Juan Crisóstomo, San Agustín y Santo Tomás de Aquino y del cual no ha dejado de alimentarse el pensamiento cristiano.

Aprisionado dos veces en Roma, el Apóstol de los Gentiles fue condenado a muerte bajo el reinado de Nerón –un 29 de junio– verosímilmente en el año 67”

El Israel de Jesús

La salvación viene de los judíos” (Juan, IV: 22). De Israel nació el Salvador, de madre judía, “tomó carne humana el Verbo por quién todo ha sido hecho; acogido inmediatamente por el primer programo de la era cristiana, las matanza de los pequeños inocentes judíos en quién el rey Herodes trataba de herir a su Rey”.

Con José y María perteneció a “una familia indigente de pequeños artesanos sin dinero, sin medios de vida y sin pasaportes, los primero refugiados judíos de la era cristiana, con su pobre asno fatigado.” La Segunda Persona de la Trinidad “debe comenzar siempre por ocultarse entre aquellos que no pueden reconocerla.”

Moisés y Pablo

Los apóstoles eran judíos y “Los dos conductores de almas más grande que ha conocido la humanidad, Moisés y Pablo, eran judíos. Uno y otro entrevieron a Dios. Eran hombres rodeados de debilidad, enfermos y temblorosos bajo su terrible misión. Moisés tartamudeaba, Pablo se sentía `abofeteado´ por un mal que lo humillaba (…) ambos eran vagabundos de los caminos (…) Uno y otro fueron perseguidos y abandonados” Moisés transmitió al pueblo de Israel las Tablas de la Ley y Pablo predicó, mediante la “espada de la palabra”, ala Iglesia Universal, de judíos y gentiles.

La esencia de la misión de Pablo fue que “el cristianismo adquirió conciencia de su libertad con respecto al judaísmo y de su pura universalidad.” El “Hijo del Hombre no había venido solamente para el judío, sino para el Hombre, para el género humano(…)era preciso comprender que el salvar con su sangre a los hombres de todas las naciones del mundo no les pedía que se hicieran judíos o judaizantes para ser cristianos, sino que por el contrario hacía de ellos sus verdades israelitas en espíritu y en verdad, su pueblo, circunciso en el corazón, no en la carne, al cual eran llamados a pertenecer igualmente los que venían de la circuncisión y los que venían de la incircuncisión (…) El Reino de la redención continuada de generación en generación, no era ni una secta judía ni una extensión religiosa de la teocracia de Israel sobre todos los pueblos de la tierra, sino, por el contrario, un Cuerpo Universal recientemente engendrado en su realidad visible por la virtud invisible de la sangre de cristo y del Espíritu de Dios

Era necesario comprender la “ruptura extraordinaria -por la cual el Templo roto, desposeído, caído en tierra iba a surgir y a separarse el Israel espiritual, el Templo místico del Cuerpo de Cristo- estaba ella misma condicionada por el traspié de Israel y la gran prevaricación de sus sacerdotes. Era preciso comprender que si la salvación era para todos los hombres y si en Cristo no hay ni judío ni gentil, es porque el poder que opera la salvación no es la Ley de los judíos, sino la Fe en quien ha sido crucificado en nombre de esta misma Ley.”

Intuiciones paulinas

La primera gran intuición de Pablo es la “universalidad del Reino de Dios”.

La segunda es “la primacía de lo interior sobre lo exterior, del espíritu sobre la letra, de la vida de la gracia sobre las observancias externas” Pablo tuvo conciencia de la “inmensa revolución espiritual realizada por Jesús” “En adelante la pureza de corazón importa más que las purificaciones legales, la misericordia más que el Sábado”.

La tercera intuición es “la libertad de los hijos de Dios”. “Los que son conducidos por el Espíritu no están ya bajo la ley. No están ya tampoco por encima de la ley; han pasado al otro lado de las cosas, están en la sustancia interior de la ley, donde la ley no se ve ya desde fuera como ley, sino desde dentro como amor.”

“San Pablo es inseparable de su experiencia. No solamente fue llamado como los demás apóstoles, sino que fue convertido; es el primer gran converso elegido para llevar lejos el nombre de Cristo.”

El Hombre nuevo

Dice en una de sus cartas el Apóstol: “Más ahora dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, maledicencia, torpes palabra de vuestra boca. No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos, y revestidos del nuevo, el cual por el conocimiento es renovado conforme a la imagen del que lo creó; donde no hay Griego ni Judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni escita, siervo ni libre; más Cristo es el Todo, en todos.” (Colosenses, III, 9)

Cuando hablamos del hombre nuevo debemos aclarar que la no exigencia de la circuncisión para ser cristiano pone, con el bautismo, en igualdad de condiciones a todos los hombres, sean ellos varón o mujer, con lo que se continúa una tradición que las enaltece, desde que María fue la Madre de Jesús y que María Magdalena, fue la primera en enterarse de que Cristo había Resucitado y la primera en hacer conocer esta Buena Nueva a los apóstoles y al resto de la humanidad.

El Mensaje

Este libro, con su antiguo y sabio mensaje, recreado para nuestra época por Maritain, es un himno a la esperanza, una convocatoria a creer, a dar sentido a nuestras vidas, a las de quienes nos rodean, a quienes debemos servir y a amar, aunque no piensen como nosotros, aunque respondan a distintas tradiciones religiosas, especialmente a los que sufren, a los pobres de corazón, a quienes quieren descubrir y alcanzar en esta tierra el destino trascendente que, ejerciendo su libertad, el Señor puso al alcance de todos los hombres de buena voluntad.

Los que hemos abordado el pensamiento del gran pensador francés desde el ángulo de la política, después de leer este libro, debemos reconocer que el mensaje que nos legó el campesino del Garona, tiene sus raíces profundas en las enseñanzas de Pablo, el apóstol de los gentiles.

Buenos Aires, Junio de 2012.

A donde Estudiar para ser Político

Este dilema se me planteó antes de entrar a la universidad y lo resolví cambiando la idea que tenía mientras cursaba el secundario de estudiar ingeniería civil, por la de inscribirme en la Facultad de Derecho. Hoy no estoy arrepentido, ya que esos estudios me sirvieron para: ejercer la profesión de abogado; para militar en política y ejercer cargos legislativos; y ser profesor universitario, en la enseñanza de una materia tan política como lo es el derecho constitucional.

L’École Nationale d’Administration

Lamentablemente no hay en nuestro país carreras universitarias ni de estudio superiores que formen a políticos, como los hay en otros países. En Francia, por ejemplo, existe la Escuela Nacional de Administración (ENA), creada en 1945 por el presidente Charles de Gaulle, con sede actual en Estrasburgo, donde se forman muchos de los altos funcionarios del gobierno y la administración, a quienes se les llama: énarques. Lo fueron 2 presidentes y 7 primeros ministros, aunque los énarques son raros en el gabinete del actual presidente Nicolás Sarkozy.

En Brasil ocurre algo parecido conla Fundación Getulio Vargas, creada en 1944 por el presidente que le dio su nombre, y que provee, desde entonces, de personal político y administrativo a los distintos gobiernos del país vecino.

En el nuestro muy pocos egresados de las escuelas de ciencias políticas se dedican a la política, entre los cuales está el actual el jefe de gabinete de ministros Juan Manuel Abal Medina.

Los que alcanzan, en nuestro país, el título de abogado, que en otros países se les denomina –a lo mejor con mayor precisión- licenciatura en derecho, están habilitados para ser no solamente abogados,  sino también jueces, fiscales, defensores públicos, auxiliares de la justicia, asesores letrados y auditores; y sus conocimientos les sirven para ejercer el arte de la política en cargos como los de:constituyente, legislador, concejal, presidente, gobernador, intendente, ministro, secretario de estado, o en funciones partidarias o de asesoramiento.

Desde que recuperamos la democracia en 1983 todos los presidentes elegidos por el pueblo han sido abogados, y tres de los cinco que lo hicieron provisionalmente en la crisis de2001 a2003, también lo fueron. Los dos que no eran letrados: el ingeniero Ramón Puerta y el empresario Eduardo Caamaño ejercieron la primera magistratura sólo 3 días cada uno.

En la etapa de 53 años,  en el que se alternaron gobiernos civiles con gobiernos de facto (1930-1983), y en la que la mayoría de los presidentes fueron militares, solamente fueron abogados los presidentes Roberto Ortiz, el vicepresidente que lo sucedió por la enfermedad que lo llevó a renunciar antes de fallecer, Ramón Castillo (1938-1943), y Arturo Frondizi y José María Guido, que lo siguió como presidente de facto, luego del golpe de estado que lo derrocó (1958-63). Entre 1854 y1930 de los 16 presidentes que hubo 11 fueron abogados.

Desde que en 1994 se creó el cargo de jefe de gabinete de ministros 7 de los 13 que ejercieron ese cargo eran abogados. En el actual gabinete del Poder Ejecutivo Nacional 5 de los 15 ministros son abogados.

En la composición actual del Congreso dela Nación, segúnla Direcciónde Información Parlamentaria, hay 62 diputados y 27 senadores que son abogados.

En Diputados hay también 21 ingenieros -10 de los cuales de especialidad agrónomos- ; 10 contadores; 9 médicos; 6 economistas; 4 psicólogos; 4 licenciados en ciencia política, una en relaciones internacionales, una en humanidades, una en ciencias de la educación, una en bromatología, uno en Turismo, y otra en servicios sociales; 3 son veterinarios; 3 arquitectos; 2 odontólogos; 2 sociólogos; 2 bioquímicos; una bióloga; un farmacéutico; un master en sistema y servicios; y 25 de declaran docentes, profesores o pedagogos.

En el Senado hay, además, 6 ingenieros; 3 médicos; 3 contadores; 2 periodistas; un licenciado en economía; un arquitecto, una fonoaudióloga; un sociólogo; una bioquímica; un agrimensor; y 6 son profesores o docentes.

La formación y capacitación que hacen los partidos políticos es por demás deficiente y la debilitación de los mismos, ocurrida en los últimos años, ha agravado esta insuficiencia, que no ha podido ser corregida a pesar de los aportes que el Estado les asigna a los partidos con este propósito, mediante el Fondo Partidario Permanente; ni por el Programa Nacional de Formación de Dirigentes y Fortalecimiento Institucional” del Instituto Nacional de Capacitación Política dependiente del Ministerio del Interior, por su sectaria orientación oficialista; ni por los programas o becas de las fundaciones nacionales o extranjeras  (como las alemanas Konrad Adenauer, Friedrich Ebert o Friedrich Nauman) y de otras ONG que entre sus fines tienen la educación política.

Si queremos mejores políticos tendremos que, además de corregir las carencias antes apuntadas, mejorar su educación, y, hasta que tengamos una Escuela como la que hay en Francia o en Brasil -si alguna vez se creara-, habrá que reformar al menos las currícula de las facultades de derecho, que son las que proveen mayor cantidad de personal político. La creación en los últimos años, de cátedras, cursos, seminarios y maestrías, de: ética; de derecho parlamentario, procesal constitucional,  electoral y constitucional comparado en algunas facultades ha sido un aporte positivo para la formación de nuestros políticos.

Córdoba, febrero de 2012.

La Libertad Religiosa en la Educación de Córdoba

Juan Bautista Alberdi

El tema de hoy lo elegí luego de leer un graffiti, escrito en la pared del frente del Arzobispado de Córdoba cuando se debatía la última ley de educación –y que todavía está-, que dice: “No educarás. Fuera la Iglesia de nuestros colegios”, y que me recordó una frase que escuché en la época del gobierno militar de boca de un guardia de la Cárcel de Sierra Chica -una especie de campo de concentración que había al sur de la provincia de Buenos Aires- mientras hacía cola para ingresar y visitar a un preso político que defendía entonces, y que se lo dijo a una señora que estaba adelante mío en la fila: “La Biblia (que tenía en sus manos) no entra”; y, en esta exposición, me voy a circunscribir a lo que tiene que ver con la Educación religiosa en los colegios de gestión estatal en nuestra provincia, especialmente a partir del debate que hubo en la Convención Constituyente que en 1987 que dictó la quinta Constitución de la provincia de Córdoba, y que tuve el honor de integrar.

La Libertad Religiosa

Pero antes de llegar a este hecho histórico me parece importante significar lo que entiendo por el derecho humano a la libertad religiosa, para lo cual es bueno recordar las palabras que Jesús de Nazaret dijo en respuesta a una pregunta capciosa que le hicieron algunos fariseos y herodianos, a quienes les respondió: “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” (Mateo 22, 15-21), ó aquella otra en la que expresó que: “Mi Reino no es de este mundo” (Juan 18, 33-37). Siempre me ha parecido que estas frases deben haber impactado fuertemente en los judíos de entonces –entre los cuales estaban los primeros cristianos-; que esperaba un Mesías con un perfil más político, y con mayor preocupación por las vicisitudes que padecía desde hacía siglos el Pueblo Elegido. La fuerza de las tradiciones y las rígidas normas que regulaban sus conductas fue, para muchos de ellos, un obstáculo para entender el mensaje liberador y de alcance universal del Hijo de Dios.

Pero me animaría a afirmar, también, que esas palabras todavía no han sido bien entendidas por la humanidad de hoy, en el que incluyo a nosotros los cristianos, que durante estos veinte siglos y en estos tiempos les hemos dado las más diversas interpretaciones. De allí la dificultad que tenemos todavía para ubicar la religión o lo religioso en la sociedad política, y la relación que ello tiene con el Estado, que la gobierna, y las normas que lo rigen; especialmente en aquellas áreas de la sociedad civil, donde confluyen intereses y normas civiles y religiosas, y que podríamos denominar de carácter mixto, como son las referidas a: la preservación de la vida, desde la concepción hasta la muerte natural; al matrimonio; a la familia; a la educación pública; a los medios de comunicación y a todo lo que tiene que ver con la cultura.

Acabo de participar en dos Simposios Internacionales sobre Libertad Religiosa; en Santiago de Chile, y en Provo, Utah, Estados Unidos de América; donde se revisó el estado de la Libertad Religiosa en el mundo y podemos afirmar que vivimos en la zona del planeta donde menos ataques hay al derecho humano a la libertad religiosa, aunque todavía falta mucho para que podamos afirmar que este derecho está debidamente reconocido y garantizado en el mundo y en nuestro país, a pesar de que hay normas constitucionales, tratados internacionales y leyes que los reconocen. En muchas partes del mundo judíos, cristiano, musulmanes o creyentes de otras religiones, padecen persecución, cárceles, exilios o son condenados a muerte por ser creyentes o practicar su fe.

Libertad de Conciencia, Religiosa y de Culto

Cuando la libertad es empleada por el hombre para decidir sobre su relacionamiento con Dios, tenemos lo que conocemos como la libertad religiosa, y cuando la misma debe ser defendida frente a los ataques que puedan hacerle otras personas o la autoridad social, surge el derecho a la libertad religiosa, que las reglas y normas morales y positivas deben reconocer y garantizar. En consecuencia, la libertad religiosa, por su proyección sobrenatural, es la primera de las libertades, el primer derecho; que debe ser respetado y protegido por las leyes.

Desde la profundidad de la conciencia de las personas opera la libertad, que es un medio para decidir sobre un fin, y se proyecta a la vida social, siendo su ejercicio y desarrollo normado por reglas morales, mientras no se expresen en el interactuar de las personas; y en leyes naturales o positivas, cuando se dan en la vida social, para que las decisiones libres de unos no afecten ni avasallen las de otros, para que así se produzca el equilibrio social que exige la justicia –“el dar a cada uno lo suyo” -, que es la esencia del derecho.

El hombre ejerce su libertad religiosa: cuando decide creer en Dios y aceptar su voluntad y mandatos; cuando reza; cuando decide rendirle culto; cuando se reúne o se asocia con otras personas para orar o celebrar su culto; cuando se incorpora, cambia o abandona una confesión o comunidad religiosa; cuando adopta las creencias, dogmas, reglas y participa de los ritos de su religión; cuando elige expresar, transmitir o recibir información religiosa; cuando presta juramento o hace promesas en base de sus creencias religiosas; cuando pide ser asistido por ministros de su confesión religiosa por estar internado en un hospital, asilo o cárcel, o por prestar servicios en una institución militar, o en un organismo de seguridad; cuando conmemora las festividades de su comunidad religiosa; cuando se dispone a recibir o impartir educación religiosa para sí o para sus hijos o personas que de él dependan; cuando decide contraer matrimonio según los ritos de su religión; cuando construye o establece, con su comunidad religiosa, templos o lugares destinados al culto, cementerios, instituciones educativas, hogares, seminarios, centros educativos, editoriales o medios de comunicación.

El ejercicio de la libertad religiosa debe entonces ser defendido invocando el derecho a la libertad religiosa y el mismo debe ser garantizado por las constituciones, los tratados internacionales, las leyes y demás normas positivas.

La persona necesita convivir con otras personas y las comunidades y sociedades en la que lo hace, como la familia y demás sociedades intermedias, son parte de la sociedad política; que está organizada, reglada y tiene por finalidad el bien común. La manifestación de lo religioso, cuando se socializa, se expresa en la vida de relación y por tanto merece regulación jurídica, para que dicha relación sea justa, como bien lo reconoce la Constitución Nacional (Arts. 14 y 20) cuando dispone que el Congreso debe reglamentar el derecho “a profesar libremente el culto” que tienen los habitantes de la Nación, incluido los extranjeros. Entendiendo por culto no solamente el conjunto de actos y ceremonias que expresan “veneración y respeto a un ser divino o sagrado”, como definen los diccionarios, sino también a lo que se relaciona con la cultura de un pueblo, de una nación, de un continente o de la humanidad en general.

La Iglesia y las demás comunidades religiosas tienen su ámbito de actuación en la sociedad política o civil y como tales merecen también regulación legal. El Estado, como aquella parte de la sociedad política especializada en la ley, que gobierna a la sociedad política y que administra y regula los servicios públicos esenciales, no debe identificarse con ningún de las expresiones religiosas que se muestran en la sociedad, aunque no puedan desconocerlas, ni dejar de tenerlas en cuenta en el ámbito de su actuación para permitirles su mejor desarrollo y contribución al bien común.

La confesionalidad del Estado, en nuestro país, se abandonó cuando se dictó la Constitución de 1853, y no se aceptó que el Estado adoptara la Religión Católica como oficial, y quién fundamentó esta posición con más claridad fue un sacerdote católico, el convencional Benjamín Lavaysse, quién en aquella oportunidad expresó que: “(…) la Constitución no podía intervenir en las conciencias, sino reglar el culto exterior (…).Que la religión, como creencia no necesitaba más protección que la de Dios, para recorrer el mundo, sin que hubiese podido nunca la tenaz oposición de los gobiernos detener un momento su marcha progresiva. (…)”.

El bien entendido Estado laico -no laicista-, o secular, donde lo religioso está separado de la estructura estatal –sin que ello signifique ruptura-, no debe entendérselo como una Estado ateo, agnóstico o indiferente ante la religiosidad del pueblo y de la sociedad a la que sirve, y debe mantener con la Iglesias Católica, que es la más arraigada y que mayor número de fieles tiene en nuestro país, y con las demás  confesiones religiosas una relación regida por los principios de autonomía y cooperación. Lamentablemente nuestra Carta Fundamental de 1853 mantuvo, a pesar de la oposición de la Iglesia, el instituto del patronato para que el Estado siguiera interviniendo en la designación de los obispos de la Iglesias catedrales lo que fue dejado sin efecto en el Acuerdo con la Santa Sede de 1966, cuyos principios fueron incorporados al texto de la Constitución en la reforma de 1994.

Educación

En el caso de la educación si bien ya no se discute el derecho a enseñar y a aprender, ni el de la libertad religiosa; su ejercicio, algunas veces, es cuestionado en nombre de un laicismo trasnochado que todavía desconfía, con alguna razón, y teme de que lo que se quiere con ello es volver a usar la educación pública, de gestión estatal, con el propósito de “adoctrinar” a los educandos a favor de algún credo o confesión religiosa; cuando en realidad de lo que se trata es de cumplir con la finalidad de la educación que es contribuir al desarrollo integral de la persona humana, especialmente en lo que tiene que ver con su dimensión trascendente. Para ello es necesario trasmitir a los educandos la experiencia religiosa que la historia, la tradición y los textos sagrados nos han legado.

Las dificultades y problemas que enfrenta el hombre, en estos tiempos, como consecuencia del debilitamiento de la familia; la crisis moral; la desigualdad de oportunidades -especialmente en el plano educacional, laboral, y de ingresos-; la falta de conciencia y participación cívica, la desconfianza en los dirigentes, la inseguridad, la criminalidad, las adicciones, y la distancia entre religión y la vida, etcétera; nos obligan a volver sobre la necesidad de una mejor educación. Con hacer más severo el Código Penal no vamos a corregir la conducta desviadas de las personas.

Para lograr una mejor educación es necesario apelar no sólo a los conocimientos científicos y técnicos, sino también a los principios y valores universales de la moral y ética, que sólo la sabiduría práctica, estudiada por la filosofía y la teología, nos la pueden proporcionar. Ello nos plantea la necesidad de revisar nuestra educación pública, donde es necesario enfatizar los estudios sobre moral, ética, filosofía y teología, conocimientos en los que confluyen la razón y la fe religiosa.

Un  reciente estudio sobre la formación de los docentes -de nivel primario- en nuestra provincia nos dice que: la sociedad cordobesa prioriza la valoración de las competencias axiológicas de los maestros  –es decir la asunción de valores y la conducta ética–  las  que son señaladas como importantes en la formación por el 55, 5 % de los entrevistados. En este último aspecto,  debe destacarse que,  entre la población con mayor nivel de instrucción,  el  83.0% demanda a los maestros que transmitan y sean ejemplo de valores, mientras que,  entre aquéllos que no concluyeron el nivel medio,  la frecuencia de respuestas  es del 42.3%.  Más específicamente se reclama a los maestros que sean capaces de fomentar la solidaridad, la amistad (…)” (Centro de Investigación de la Facultad de Educación de la Universidad Católica de Córdoba  realizado por Susana Carena, Livio Grasso, Ángel Robledo y otros).

Los estudios sobre moral y religión no pueden estar ausentes de los planes de estudios de los establecimientos educaciones, sean ellos de gestión estatal o privados. Esto no significa que proponemos volver a la experiencia que a nivel nacional se dio entre los años 1943 y 1955[1], o que se viene dando en algunas provincias, como Salta, Tucumán y Catamarca donde se enseñó y enseña educación católica, para los católicos y moral para los que no lo eran o son, sino que se trata de hacer conocer lo religioso a través y según la interpretación de las distintas tradiciones y confesiones religiosas, permitiendo así un mejor desarrollo de la faz trascendente que tiene el educando como persona, y permitir que se enriquezca en los valores que adopte para sustentar su vida como persona y como integrante de la sociedad a la que pertenece. Ello le servirá también para decidir mejor y con ello cimentar los proyectos de vida que decida emprender.

No se trata de alimentar o de difundir la fe entre los educando, ya que ello se debe hacer en el hogar, en los templos o en las instituciones religiosas -como ocurre por ejemplo con los cursos de catecismo-, pero en las escuelas no se puede omitir el trasmitir a los alumnos el significado que tiene para las personas lo religioso, según las distintas tradiciones, con sus libros sagrados, sus ritos y la incidencia que ello ha tenido y tiene en nuestra cultura, en nuestra historia, en nuestra legislación y en nuestro modo de vida. Esta omisión implica también una discriminación para aquellos que no pueden acceder a la educación pública de gestión privada donde esta enseñanza es impartida. Que respuesta le debe dar un docente a un alumno que pregunta por qué nuestra Constitución invoca a Dios, como lo hacen más de la mitad de la constituciones de los países que integran las Naciones Unidas. No hay justificativo para negarse a responder en nombre de una falsa neutralidad.

La ley 1420; dictada en 1884 y que se conoce como la que implantó “la enseñanza laica”, en realidad no prohibió la educación religiosa en los colegios del Estado sino que dispuso que: “La enseñanza religiosa sólo podrá ser dada en las escuelas públicas por los ministros autorizados de los diferentes cultos, a los niños de su respectiva comunión y antes o después de las horas de clases” (Artículo 8).

Con la “jornada extendida” o la “doble escolaridad”, que se impone en la actualidad cada día con mayor fuerza, ya no hay pretexto para que la educación religiosa se deje de hacer en las escuelas, al menos en el horario extendido y no con un criterio catequístico sino verdaderamente de educación religiosa. Lo que dispone la nueva ley provincial de educación (ley 9870 artículo 11 A) e) de que la misma debe estar; a cargo de los ministros autorizados de los diferentes cultos” tampoco tiene sentido, por el tipo de educación religiosa que se propone, sino también  porque en la actualidad la educación religiosa en las universidades y escuelas confesionales, en casi todos los casos, está a cargo de laicos. No es indispensable que los maestros y profesores que les toque enseñar religión tengan que pertenecer a la misma religión que profesen sus alumnos, lo importa es que conozcan lo que tienen que trasmitir y que lo hagan objetivamente, como les toca hacer a los profesores que enseñan las distintas ideas o doctrinas políticas.

Si de valores y educación se trata el punto de partida tiene que ser la persona humana y el desarrollo de la personalidad dentro de una sociedad encaminada al bien común.

“La primera finalidad de la educación – como bien indica Jacques Maritain- es formar al hombre, o más bien guiar el desenvolvimiento dinámico por el que el hombre se forma a sí mismo y llega a ser hombre.”  

La educación, que se desarrolla en la familia, la escuela o en la universidad; no puede desentenderse del plan de vida que deberán adoptar los educandos. Una educación preocupada sólo por los medios, los métodos o por el destino laboral del alumno, pero desentendida del fin trascendente del hombre no es una educación integral; como no lo es la que se ocupa sólo de la ciencias, que indaga sobre las causas segundas, y no atiende a lo ontológico, en donde se interroga respecto de las causas primeras; o del destino trascendente de la persona, de lo que se ocupa la teología.

Declaraciones y normas internacionales

Estos propósitos están previstos en normas que en Córdoba no se cumplen, como la que disponen la Convención Americana sobre Derecho Humanos (Pacto de San José de Costa Rica) cuando expresa que “Los padres, y en su caso los tutores, tienen derecho a que sus hijos o pupilos reciban la educación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones.” (Artículo 12,4) [2] y que se reitera casi textualmente en el Pacto Internacional de Derecho Económicos, Sociales y Culturales  (Artículo 13, 3); y en el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (Artículo 18, 4) de 1966. [3] Dichos tratados de derecho humanos tienen, en nuestro país, jerarquía constitucional (artículo 75, inciso 22 de la Constitución).

El Acuerdo firmado por el presidente Inacio Lula da Silva entre Brasil y la Santa Sede en el año 2008 admite la enseñanza religiosa la que se imparte en los horarios normales de las escuelas del Estado, como ocurre en otros países.[4]

Constitución de la Provincia

El rol que le cabe a lo religioso en la Constitución de la provincia de Córdoba, dictada en 1987, es bastante claro, por la influencia de la inspiración de la filosofía “personalista” de alguno de los convencionales que la integrabamos, lo que se muestra en el uso reiterado de la palabra persona (30 veces), que comienza en el preámbulo donde se indica como primera finalidad de la Constitución el: “exaltar la dignidad de la persona y garantizar el pleno ejercicio de sus derechos” y a donde, como en la Nacional, se invoca a “Dios, fuente de toda razón y justicia

En una de sus cláusulas declara que Son inviolables en el territorio de la Provincia, la libertad religiosa en toda su amplitud, y la libertad de conciencia. Su ejercicio queda sujeto a las prescripciones de la moral y el orden público. Nadie puede ser obligado a declarar la religión que profesa.” (Artículo 5) Y en otra “reconoce y garantiza a la Iglesia Católica Apostólica Romana el libre y público ejercicio de su culto. Las relaciones entre ésta y el Estado se basan en los principios de autonomía y cooperación. Igualmente garantiza a los demás cultos su libre y público ejercicio, sin más limitaciones que las que prescriben la moral, las buenas costumbres y el orden público.

Respecto de los derechos personales, es importante resaltar, que, entre otros, reconoce el de “la vida desde la concepción (…)” (Inciso 1) y “A la libertad de culto y profesión religiosa o ideológica. (…)” (Artículo 19 Inciso 5)

Cuando se refiere a la Educación declara que su finalidad “es la formación integral, armoniosa y permanente de la persona, con la participación reflexiva y crítica del educando, que le permita elaborar su escala de valores, tendiente a cumplir con su realización personal, su destino trascendente, su inserción en la vida socio-cultural y en el mundo laboral, para la conformación de una sociedad democrática, justa y solidaria.(Artículo 61), y como principio de la política educativa dispone que debeAsegurar el carácter gratuito, asistencial y exento de dogmatismos de la educación pública estatal. Los padres tienen derecho a que sus hijos reciban en la escuela estatal, educación religiosa o moral, según sus convicciones. (…)” (Artículo 62 inciso 5)

Debate sobre educación religiosa en la Convención de 1987

En el debate de ésta dos últimas disposiciones está la esencia de lo que hoy queremos remarcar, ya que para su aprobación fue necesario acordar posiciones que históricamente había sido conflictivas, entre quienes habíamos sido protagonistas de posturas encontradas y que parecían imposible de conciliar, aunque después de sancionada la Constitución estas cláusulas quedaron como letra muerta ya que nunca se implementaron las políticas allí acordadas.

En la cocina de la Asamblea los que postulaban los principios de la “enseñanza laica”, y que seguía la tradición de la ley 1420 y de la reforma universitaria, consiguieron imponer aquella vieja consigna que decía que la educación debía ser libre de dogmatismos”, aunque renunciando al texto de la misma, y colocando en la Constitución sólo el concepto, que no era otro de que la educación pública estatal debía ser “exento de dogmatismo”, expresión que no ofrecía reparo. Como contrapartida aceptaron, de quienes habíamos luchado a favor de la “enseñanza libre” y por lo que declaraba el Pacto de San José de Costa Rica, aquello de que los “padres tienen derecho a que sus hijos reciban en la escuela estatal, educación religiosa o moral, según sus convicciones”

Luego en el plenario el convencional Ricardo del Barco (Demócrata Cristiano) citando a Eduardo Sánchez Martínez, dijo: “Esto no significa imponer una enseñanza confesional lo cual violentaría manifiestamente la libertad de conciencia de cada uno; significa en cambio que a través de la enseñanza se ayude al que se educa a plantearse problemas de la trascendencia, a plantearse la cuestión de si detrás del más allá de este mundo, no hay algo que le dé sentido. Y después, de las distintas respuestas que cada uno tenga o se dé, no sólo se respeten y toleren, sino que, además, se encuentren en el medio educativo cauces adecuados para su desarrollo y su profundización. (…)”. Y agregó: “Nosotros creemos que en el escuela pública hay que promover un diálogo, también, entre la fe y la cultura, entre la cultura y la vida. Queremos que las distintas expresiones religiosas tengan su ámbito, eso contribuye al pluralismo. No creemos que los católicos que asisten a las escuelas públicas teman no encontrar en ella la expresión de su fe en un encuentro a través de la educación, del diálogo y de la reflexión. No queremos que aquellos que tienen otras confesiones religiosas, cristianas no católicas u otras confesiones, o los que no tienen ninguna no puedan encontrar su expresión en el seno de la escuela pública, según el modo, manera y circunstancia que la propia práctica educativa encuentre y que desde la legislación se oriente para que no se esconda el tema. Que nadie se avergüence de tener una fe o de no tenerla.  Lo que se intenta aquí es que la educación no omita esta dimensión humana, no que le impongamos fe alguna o que utilicemos los recursos del Estado para imponer una fe determinada, aunque sea la fe católica, que es la de la mayoría de este pueblo; tienen tanto derecho las mayorías como las minorías a expresar su disenso y buscar su verdad por otro camino. No teman los señores convencionales: no se intenta con estas cláusulas revivir polémicas del pasado. Hoy queremos transitar nuevos y distintos caminos. Deseamos ante todo que en la escuela estatal se dé un ámbito de encuentro, de búsqueda y diálogo.”

El convencional Jorge de la Rúa (UCR), oponiéndose a lo acordado por la mayoría, pero con la altura que siempre lo ha caracterizado, anticipó las dificultades que habría más tarde en su aplicación, al expresar que: “la norma estaría estableciendo una regla en virtud de la cual, fundado en el derecho de los padres a que se les proporcione a sus hijos educación religiosa en las escuelas estatales, el Estado tienen el deber de proveer esa enseñanza religiosa.(…)La Nación tiene reconocido centenares de cultos y sino hay ánimo de discriminación –como descuento que no lo hay en los miembros de la Comisión- el Estado tendrá que proveer centenares, o miles, de maestros o maestras de religión o de moral, para cubrir todo el espectro religioso e ideológico de los alumnos. Porque de lo contrario, reitero, estaríamos en un plano de discriminación. (…) Creo realmente que estamos frente de una norma que en su amplitud puede generar severos problemas de aplicación práctica, y puede generar reales y concretas situaciones de discriminación. (…)Todas estas razones(…)hacen que anticipe mi voto negativo a este precepto.”

El convencional Juan Carlos Maqueda (Peronismo Renovador) dijo: “No creemos que ese inciso del artículo que está en tratamiento lleve en sí mismo una discriminación, sino que por el contrario lleva un sentido de apertura; lleva la posibilidad que la ley máxima por vía reglamentaria, que será la ley de la Legislatura, valga la redundancia, podrá determinar las formas y los modos en que habrá de impartirse la enseñanza moral o religiosa que prevé este precepto.(…) Damos el voto favorable de la bancada del Peronismo Renovador y la Democracia Cristiana.”

El convencional Abelardo Rahal (UCR), a su vez manifestó: “Creo en el hombre total. Creo en el respeto profundo entre los hombres, Creo en la educación para la libertad. Por eso es que evidentemente no puedo sectorizar al hombre y remitirlo solamente a las expresiones de su razón en la vinculación solidaria. Creo que la dimensión religiosa está totalmente compenetrada dentro de la naturaleza humana.(…)Por eso –reitero- mi voto positivo va a ser por convicción y no sólo por disciplina de bloque.”

La convencional Ileana Sabattini (UCR), cuya actuación fue fundamental para acordar la cláusula que en definitiva se aprobó, dijo: “Si a un radical se le dice que se va aplicar la ley 1420, se pone contento, si a un católico se le dice que se va a aplicar la ley 1420, que está tildada de laicista, se horroriza. Pues bien, señores convencionales: hoy como no se ha mencionado la ley 1420, nos hemos dividido por el mismo tema y con los argumentos expuestos, de manera opuesta. Es decir, estamos preconizando la posibilidad de que los padres organicen fuera de la hora de clase, sin pago por parte del Estado, la educación religiosa. Se está contemplando a la persona como una integridad, no solamente educar a todos los ciudadanos, sino a todos el ciudadano; se está reiterando lo que hemos firmado en los pactos internacionales (…).”

La Nueva Ley de Educación

El 15 de diciembre de 2010 la Legislatura de Córdoba aprobó la ley 9870, luego de un largo debate donde grupos de activistas hicieron distintas manifestaciones y tomas de colegios secundarios en contra de su sanción; la que días después fue promulgada por el Poder Ejecutivo, y en la misma se declaró que: “Se reconoce a la familia como agente natural y primario de educación, el derecho fundamental de educar a sus hijos y de escoger el tipo de educación más adecuado a sus propias convicciones; (…) (artículo 3º b) y queLos padres, o quienes los sustituyeren legalmente, tienen sobre la educación de sus hijos los siguientes derechos(…) A que sus hijos reciban, en el ámbito de la educación pública de gestión estatal, una enseñanza general exenta de dogmatismos que pudiera afectar las convicciones personales y familiares; y: A que sus hijos reciban de manera opcional, en el ámbito de la educación pública de gestión estatal, educación religiosa que les permita aprehender los valores y contenidos básicos de la creencia por la que hubieren optado, como contenido extracurricular, sin financiamiento estatal, fuera del horario de clases y a cargo de los ministros autorizados de los diferentes cultos; (…) (Artículo 11).

No advertimos que tampoco, luego del ríspido debate que hizo posible esta ley, haya una voluntad política clara para hacer efectiva la educación religiosa en las escuelas públicas del Estado provincial..

Programa Valores Comunes

Sin embargo, en el marco del convenio firmado por el Ministerio de Educación de la provincia y el COMIPAZ (Comité Interreligioso por la Paz) se realiza desde el año 2007 el Programa de Educación en Valores Comunes, con el objetivo de crear espacios de diálogo y encuentro entre jóvenes de diferentes religiones, respetando la diversidad cultural y religiosa, la libertad y la convivencia. El programa está dirigido a alumnos/as de 4° año del nivel medio y desde su implementación han participado más de 6000 alumnos/as de escuelas de gestión pública y privada de capital e interior, dichas escuelas son elegidas por las supervisiones del Ministerio.

El programa tiene como Objetivos: Favorecer espacios de diálogo y encuentro entre jóvenes de diferentes religiones que buscan una sociedad más fraterna. Fortalecer el respeto de la Libertad y la Convivencia por parte de los y las jóvenes. Dicho Programa tiene tres etapas: Una primera etapa en la que alumnos/as y docentes visitan los templos de las religiones que conforman el COMIPAZ. La segunda etapa se desarrolla en  la escuela, en cada curso, donde los y las docentes a cargo de esta experiencia, abordan con los alumnos y las alumnas la lectura y reflexión de la “Convención de los Derechos Humanos”, donde se les sugiere desde el Área de Educación en Derechos Humanos e Interculturalidad pautas abiertas orientadoras del trabajo. Por último se desarrolla un Festival por la Paz, para conmemorar el día de la libertad religiosa, donde se presentan las producciones realizadas por los alumnos/as y se realizan actividades recreativas de integración.

Por otro lado, la ley nacional 25.878 de 2003 declaró el día 29 de julio como “el Día de los Valores Humanos” (Art. 1º) y dispone que “El Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología arbitrará los medios necesarios para que se desarrollen clases alusivas a esta conmemoración en los establecimientos educativos de todo el país.” (Art. 2º). Esto nos ratifica en la necesidad de que los “valores humanos” declarados en la Constitución, como los que tienen que ver con la religiosidad de nuestro pueblo, no pueden estar ausentes de la educación.

Reflexión Final

No somos ingenuos y conocemos las dificultades políticas que acarrea poner nuevamente en el debate político esta cuestión, pero ello no nos exime de hacer presente, una vez más, que la calidad educativa es un propósito, que va a la par de la necesidad y del reclamo por una “educación inclusiva”, porque no solamente debemos tratar de que todos los niños y jóvenes tengan un  lugar en el sistema educativo, sino también que la misma incluya en su currícula  aquello que tiene que ver con el destino trascendente del hombre..

Si en los programas de estudio están ausente los valores morales y religiosos y dejamos que ello se trasmitan sólo en la familia, en el templo o en la educación de gestión privada, estamos cometiendo una grave omisión, y en muchos casos una discriminación a quienes aspiran a que sus hijos tengan una educación integral que abarque también la educación religiosa y no están en condiciones de pagar una educación privada donde no haya esa carencia.

Por ello es que me animo a afirmar que la provincia de Córdoba tiene esta deuda pendiente con sus niños, con sus jóvenes y con sus ciudadanos, y que el implementar la educación religiosa en los colegios no es sólo una obligación del gobierno, sino también de la sociedad civil y de las instituciones que velan por una mejor educación.

Agradezco a la Academia del Plata que me haya dado la oportunidad para replantear este debate y de reiterar esta propuesta inexplicablemente postergada.

Quisiera terminar recordando las sabias palabra de Alberdi cuando afirmaba, refiriéndose a los fines de la Constitución Argentina, que El hombre tiene necesidad de apoyarse en Dios, y de entregar a su protección la mitad del éxito de sus miras. La religión debe ser hoy, como en el siglo XVI el primer objeto de nuestras leyes fundamentales.”

Agregaba, además, que “nuestra política moderna americana (…) debe  mantener y proteger la religión de nuestros padres, como la primera necesidad de nuestro orden social y político; pero debe protegerla por la libertad, por la tolerancia y por todos los medios que son peculiares y propios del régimen democrático y liberal (…)”

“La libertad religiosa es tan necesaria al país como la misma religión católica. Lejos de ser inconciliables, se necesitan y completan mutuamente. La libertad religiosa es el medio de poblar estos países. La religión  católica, y hoy me atrevería a agregar: “los demás credos religiosos”, el medio de educar esas poblaciones.”

Córdoba, Octubre de 2011.


[1] Decreto 18.411 de 1943 del Presidente de facto Pedro Pablo Ramírez: “En las escuelas públicas de enseñanza primaria, posprimaria, secundaria y especial, la enseñanza de la Religión Católica será impartida como materia ordinaria de los respectivos planes de estudio. Quedan excluidos de esta enseñanza aquellos educandos cuyos padres manifiesten expresa oposición por pertenecer a otra religión, respetándose así la libertad de conciencia. A esos alumnos se les dará instrucción moral.” (Art. 1) “Los docentes que tengan a su cargo la enseñanza de la Religión Católica serán designados por el Gobierno debiendo recaer sus nombramientos en personas autorizadas por la Autoridad Eclesiástica”. (art. 2) Los programas y los textos destinados a la enseñanza religiosa será aprobados por el gobierno, de acuerdo con la Autoridad Eclesiástica.” (Art. 3) Este decreto fue ratificado por la ley 12.978 de 1947 y fue derogado por la  ley 14.401 del 13 de mayo de 1955.

[2] Este tratado fue aprobado en la Provincia de Córdoba por ley 7098 de 1984 y una disposición complementaria de su Constitución de 1987 dispone que: “Toda edición oficial de esta Constitución debe llevar anexos los textos de la “Declaración Universal de los Derechos del Hombre”, de la Organización de las Naciones Unidas del año 1948 y la parte declarativa de derechos de la “Convención Americana sobre Derecho Humanos” (Preámbulo y Parte I) (…).”

[3] El Pacto Internacional de Derecho Económicos, Sociales y Culturales en su artículo 13, 3 que: “los Estados partes en el presente Pacto se comprometen a respetar la libertad de los padres y, en su caso, de los tutores legales, de escoger para sus hijos o pupilos escuelas distintas de las creadas por las autoridades públicas…y de hacer que sus hijos o pupilos reciban la educación religiosa o moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones.” Y el  Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos dispone que “Los Estados Partes en el presente Pacto se comprometen a respetar la libertad de los padres, y en su caso, de los tutores legales, para garantizar que los hijos reciban la educación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones” (Art. 18, 4).

[4] Acuerdo entre la República Federativa del Brasil y la Santa Sede relativa al estatuto jurídico de la Iglesia Católica del Brasil firmado el 13 de noviembre de 2008. Artigo 11º A República Federativa do Brasil, em observância ao direito de liberdade religiosa, da diversidade cultural e da pluralidade confessional do País, respeita a importância do ensino religioso em vista da formação integral da pessoa. §1º. O ensino religioso, católico e de outras confissões religiosas, de matrícula facultativa, constitui disciplina dos horários normais das escolas públicas de ensino fundamental, assegurado o respeito à diversidade cultural religiosa do Brasil, em conformidade com a Constituição e as outras leis vigentes, sem qualquer forma de discriminação.

El político y maestro Pedro José Frías

Dr. Pedro José Frías

Testimonio de una relación personal en el mundo de la política y de la docencia

Conocí a Pedro José cuando, en la década del cincuenta del siglo que pasó, él era dirigente del Partido Demócrata Cristiano (PDC) de Córdoba, agrupación en la que comencé a militar en el año 1957 y en el que continué actuando hasta ahora, que soy apoderado e integrante dela Junta Provincial.

Su paso por la política partidaria fue fugaz -duró apenas un lustro- aunque intensa, en un momento en que la politización de los universitarios y de los católicos, en particular, fue significativa por lo ocurrido al finalizar el segundo gobierno de Juan Domingo Perón, por el golpe de estado, mejor conocido entonces como la “Revolución libertadora” (1955) que lo derrocó, y por los distintos ensayos que se intentarían a continuación para establecer un gobierno democrático, que pusiera fin al conflicto peronismo versus antiperonismo, que dividía al país desde 1946.

Frías, que había militado enla Acción Católica, recibió la primera propuesta para ingresar ala Democracia Cristiana–partido fundado en 1954- de uno de sus alumnos de derecho constitucional dela Universidad Nacionalde Córdoba, José Patricio “Pacho” Pereyra –hoy un viejo dirigente del PDC de la seccional 14 de la capital provincial-, al que le respondió diciéndole que prefería continuar como docente enla Casade Trejo. Luego fue el abogado Juan José Torres Bas, uno de los fundadores del partido y que años después sería un brillante diputado provincial (1963-1966), el que lo convenció y lo afilió.

En 1957 Frías debutó electoralmente como candidato a convencional constituyente nacional, luego de vacilar bastante para aceptar esa postulación en una lista en la que sólo fue electo el doctor José Antonio Allende, por la aplicación, por primera vez a nivel nacional en el país, del sistema proporcional D´Hondt.

En las elecciones del 23 de febrero de 1958 se postularía para gobernador de la provincia, cargo que había ejercido su padre -que tenía su mismo nombre- entre 1932 y 1936, último gobernador del conservador Partido Demócrata en Córdoba. El abogado Carlos Pereira Duarte acompañó al jurista recordado en este artículo como candidato a vicegobernador. En esos comicios fue electa, con el apoyo del peronismo proscripto y merced al pacto entre Perón y Rogelio Frigerio, la fórmula frondizista integrada por Arturo Zanichelli-Ángel Reale, dela Unión CívicaRadical Intransigente. La democracia cristiana consiguió que fuera electo diputado provincial el doctor Teodosio Pizarro, que en estos últimos tiempos se lo ha recordado por ser quien presentó por primera vez antela Cámaraque integraba, el 16 de septiembre de 1959, un proyecto de reforma electoral que establecía la boleta o cédula única o sistema australiano para votar, que entonces no fue aprobado, y que recién en el año 2011 se adoptó y ha sido estrenado, como una gran novedad, en las provincias de Santa Fe y de Córdoba.

Recuerdo que en dicha campaña electoral el automóvil Borgward Isabella dos puertas; que manejaba Frías, y que le había vendido poco antes otro de los candidatos a gobernador que intervino en esa contienda electoral, el doctor Eduardo Gamond dela Unión CívicaRadical, fue alcanzado por una granizada, mientras recorría como candidato el sur provincial, que le produjo en la carrocería de dicho vehículo innumerables abolladuras. Era una época en que un rival político se animaba a comprarle un automóvil usado a otro de diferente partido.

Luego Pedro José, fue presidente dela Democracia Cristinaprovincial y recuerdo que en un seminario organizado por él, muy cerca de la casa donde vivía en la entrada de un edificio ubicado en la primera cuadra dela Avenida VélezSarsfield, que los cordobeses conocíamos entonces como “la calle ancha”, me felicitó por mi entusiasmo y participación en el mismo. Los jóvenes demócrata cristianos de entonces se reunían en el Centro “Norberto Agrelo”, que tenía varios grupos de estudios, uno de los cuales, el que se ocupaba de los temas políticos, se reunía con Frías. Que lástima que esta práctica de hacer seminarios y grupos de estudio dentro de los partidos se haya perdido, y que éstos hayan dejado de ser escuela de capacitación para los jóvenes que se les acercan con aspiraciones de liderazgo político.

Sus firmes convicciones democráticas y federalistas, sus notables conocimientos de los temas políticos, su excelente oratoria, su espíritu de servicio y su desinteresada dedicación, me impresionaron e influyeron mucho en mis primeros pasos en la vida universitaria y política, y fueron para mí un ejemplo que me marcó para siempre y que me sirvieron, más tarde, para manejarme en el difícil mundo de la política.

Recuerdo también que Pedro José comenzó a escribir entonces, con la concisión que lo caracterizaba, agudos artículos políticos, doctrinarios y jurídicos en la prensa, que en aquella época eran novedosos en la práctica de los políticos y de los docentes; algo que traté de imitar años después cuando la madurez de mi vida política e intelectual me lo permitió. Creo que la docencia política a través de los medios masivos de comunicación es un alimento fundamental para el desarrollo de la vida democrática.

Su militancia demócrata cristina terminó cuando el presidente José María Guido lo designó embajador en Bélgica y enviado extraordinario en Luxemburgo (1963- 1964); más tarde, en el gobierno del presidente Juan Carlos Onganía, sería embajador antela Santa Sede(1966-1972). No quiso volver al partido por razones que nunca pude conocer, y muchas de las posiciones políticas que dicha agrupación tomó en las cambiantes situaciones políticas que le tocó vivir en el país encontraron a Frías en posiciones distintas, cuando no antagónicas, motivo por el cual algunas veces me manifestó su fastidio por las mismas, algo que nunca me animé a responderle por el respeto que le tenía. Cuando se restableció la vida democrática en 1983, el ingeniero Ángel Manzur y el doctor Gonzalo Fernández, importantes dirigentes del partido, lo visitaron y lo invitaron a reincorporarse, pero él no aceptó por entender que las posiciones del partido no lo representaban, ya que se sentía un “socialcristiano más conservador”.

Sin embargo, debo reconocer que muchas de sus ideas y consejos fueros postulados que sostuvimos los demócratas cristianos con mucha pasión en las convenciones constituyentes que se celebraron en la provincia de Córdoba en el año 1986/7 y 2001, que nos tocó integrar, como por ejemplo: la oposición a permitir la reelección del gobernador –lo que lamentablemente se aprobó en la Convenciónde 1987-; el proyectar el cambio de la Legislaturabicameral por otra unicameral, que fue derrotada en 1987, pero que logramos consagrar en la Convenciónde 2001, luego de una consulta popular que apoyó esta decisión; y el establecer una “Cláusula federal”, que luce en la quinta Constitución que Córdoba dictada en 1987 (artículo 16), y que dejaron sentadas las bases del “federalismo de concertación” del que tanto nos habló Pedro José.

Cuando fui convencional constituyente enla Municipalidadde Córdoba (1995) bregué, sin éxito, por su descentralización, para lo que propuse, junto con el convencional Ignacio Vélez Funes del PDC, crear comunas, dentro del Municipio -que gobierna a la ciudad que tiene el territorio más extenso (576 km2) y que es la segunda en cantidad de habitantes de todo el país-, con gobiernos elegido por el pueblo –como se acaba de votar en ciudad autónoma de Buenos Aires-, pero presididas por alcaldes. Ello significaba aplicar el principio de subsidiariedad, que siempre nos recordaba Frías en su incansable predica a favor de la autonomía municipal y comunal.

En los años 1961 y 1962 fue mi profesor de Derecho Constitucional y Derecho Público Provincial enla Universidad Católicade Córdoba, donde estudié y me recibí de abogado junto a la primera camada que se graduó en el año 1964. Sus claras y sintéticas ideas las trasmitía en sus famosas “grageas”, que eran los conceptos fundamentales de ambas materias, que lo hicieron famoso entre los alumnos, y que todavía conservo en las fichas que confeccioné para hacer el último repaso de ambas materias antes de los exámenes finales.

Luego de egresado me ayudó y estimuló para comenzar mi carrera docente en las cátedras de Derecho Constitucional en las Universidades Católica, que inicié como adjunto del profesor Carlos Chechi (desde 1967), y enla Universidad Nacional, como adscripto del profesor Carlos Tagle primero, y luego como auxiliar docente (1974). Me tocó compartir con él las sesiones del Instituto Joaquín V. González, dela Facultadde Derecho dela Universidad Nacionalde Córdoba, del que era director César Enrique Romero, otro de mis maestros inolvidables, al que Frías acompañaba como vicedirector, mientras era el profesor de Derecho Público Provincial y Municipal de dicha casa de estudios.

Con Frías participamos en la casi totalidad de los Encuentros de Profesores de Derecho Constitucional (este año se llevará a cabo el vigésimo), que se comenzaron a hacer enla Universidadde Belgrano por iniciativa del profesor Jorge Reinaldo Vanossi a principio de la década del setenta. A partir de ellos se creóla Asociación Argentinade Derecho Constitucional, que obtuvo su personería jurídica en Córdoba en 1985, de la que Pedro José llegó a ser su segundo presidente después del doctor Adolfo Rouzaut, cargo que ejerció con la prudencia y la autoridad que lo caracterizaba.

Fue miembro consultor dela Comisiónque medió en el conflicto con Chile por el Beagle (1979-1981) y sus aportes fueron muy importantes para llegar a la firma del acuerdo.

Siendo juez dela Corte Supremade Justicia dela Nación(1977-1981) lo visité en varias oportunidades para pedir por la libertad de presos políticos que me había tocado defender.

Con el advenimiento de la democracia Pedro José continuó con su tarea docente, escribiendo innumerables artículos y libros, y llegó a presidirla Academia Nacionalde Derecho y Ciencias Sociales de Córdoba (1986-1995), y al momento de su deceso era su presidente honorario. En su sede se velaron sus restos y se le rindieron los homenajes póstumos que merecía. Dentro dela Academiahabía sido el fundador y el primer director del Instituto de Federalismo. Fue, además, académico emérito dela Academia Nacionalde Ciencias Morales y Políticas.

Frías prologó mis dos primeros libros. El primero “La Reforma Constitucional. Una Nueva Constitución Argentina”, en el que publiqué la tesis con la que obtuve el título de Doctor en Derecho y Ciencias Sociales en la Universidad Nacional de Córdoba en 1977,  en la que Pedro José había sido mi consejero. En el prólogo empieza expresando su afecto y cariño al recordar que: “En el primer curso de derecho constitucional de la Universidad Católica de Córdoba a mi cargo, era alumno Jorge Horacio Gentile. Imposible no prestar atención a su inteligencia y su voluntad, conjugadas en un mismo impulso siempre positivo”.  Mi pedido para obtener el título de Doctor, me fue denegado por el decano dela Facultad de Derecho dela UNC Oscar Roger, que invocó, para fundar su negativa, una vieja ordenanza que decía que sólo podían acceder a ese título máximo los abogados que hubieran obtenido su titulo en una “universidad nacional”, y como yo lo había obtenido enla Universidad Católica, que era una universidad privada, pese a que para obtener el diploma tuve que rendir un “examen de habilitación” ante un tribunal designado porla Ministerio de Educación dela Nación. La resolución fue recurrida ante el rectorado en donde tuvo un resultado favorable y así es como pude presentar mi trabajo de tesis y obtener el título máximo. El trabajo de dicha tesis titulado: “Un proyecto de nueva Constitución parala Argentina”, no encontró editores dispuestos a publicarla después que se me otorgó el título máximo, ya que el país estaba todavía gobernado por los militares y los conceptos que el mismo contenía no convencían a los editores, por lo que recién se convirtió en libro después de haberse recuperado la democracia enla Argentina.

El segundo libro. “Algunas Ideas y Criterios para superar la decadencia argentina”, en el que publiqué, siendo ya diputado de la Nación, los primeros artículos que había escrito para la prensa gráfica, fue también prologado por Frías, quién con el afecto de siempre, afirmó: “No hay una inspiración académica en las intenciones del autor, sino más bien una pedagogía cívica. Es un profesor autor que enseña con convicción y quiere ser enseñado con humildad.” Estas palabras que me halagan, son el fiel reflejo de lo que fueron sus enseñanzas y sus ejemplos. Lo de la “pedagogía cívica” fue y es una de mis mayores preocupaciones, casi una obsesión, desde que se restauró la democracia, el mejor logro político de mi generación. Sin embargo debo reconocer, una vez más, que el mayor déficit que ha acumulado la democracia, en estos 27 años, ha sido la falta, la insuficiente o la deficiente educación política que reciben los ciudadanos, y no es posible el desarrollo de la democracia constitucional sin una adecuada educación cívica.

En el año 2000, por su recomendación,la Secretariade Culto dela Nación, que estaba entonces  a cargo del embajador doctor Norberto Padilla, me designó miembro de una Comisión Asesora, integrada por personalidades pertenecientes a distintos cultos, que elaboró, en aproximadamente doce meses, una proyecto de ley de libertad religiosa que luego fue elevado a la presidencia a través del Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto, doctor Adalberto Rodríguez Giavarini, y que no llegó a enviarse al Congreso por la renuncia que presentó el año 2001 el presidente Fernando deLa Rúa.

Los integrantes de dicha Comisión, entre los que estaba también Frías, fundamos poco después el Consejo Argentino de la Libertad Religiosa(CALIR), del que actualmente soy vocal, y del cual, antes de fallecer, Pedro José fue designado presidente honorario. Los integrantes del CALIR publicamos en el año 2004 un libro titulado: “La Libertad religiosa en la Argentina”, compilado por Roberto Bosca, en el que Frías escribió un capítulo titulado: “La Libertad religiosa en occidente”. Un ejemplar de ese libro tuve oportunidad de obsequiárselo en mano al Papa Benedicto XVI en el Vaticano, en una breve conversación con tuvimos con el Pontífice, junto con mi esposa Estela María.

Los últimos años de su larga vida lo encontraron retirado de sus actividades académicas y universitarias, aunque muchas veces asistía a algunos actos y visitaba a los amigos y discípulos regalándole libros y revistas de su valiosa biblioteca, alguno de los cuales fueron a parar a la mía, con una gentil dedicatoria.

Un golpe fuerte para él, poco antes de su fallecimiento, fue la sorpresiva muerte de Nenina, su querida su esposa, ya que la misma era un acompañamiento y un sostén imposible de reemplazar. A ello hay que sumarle el pesar que le causaban los cuestionamientos públicos que se le hicieron, en los últimos años, por haber participado en los gobiernos militares, y que fueron el motivo por el que las autoridades superiores de las Universidades Nacional y Católica de Córdoba no le rindieran, con motivo de su fallecimiento, el homenaje que merecía. Los mismos sólo lo rindieron los decanos de las Facultades de Derecho de ambas casas de estudio.

Es probable que políticamente hoy este homenaje tenga un costo político para los que lo hacemos, pero con gusto lo asumo en agradecimiento por los buenos consejos y ejemplos que nos dejó, y por las buenas intenciones y los valores que presidieron su vida, que sirvieron, incluso, para poner luz en momentos oscuros y dolorosos de la historia que le tocó vivir. Por ello es que quiero terminar este recuerdo, que también es un sentido homenaje, con esta cariñosa frase:

¡Querido Pedro José,  descansa en paz!

Córdoba, Agosto de 2011.

La Educación Religiosa en la Provincia de Córdoba

Colegio Nacional de Monserrat

Grafiti en la pared del Arzobispado de Córdoba: “No educarás¡! Fuera Iglesia de nuestros colegios” Esto me recuerda el “La Biblia no entra”, que escuché a un guardia de la muy dura Cárcel de Sierra Chica durante el Gobierno Militar cuando hacía la cola para visitar a uno de mis defendidos, preso político de entonces.

Apartándose de este clima de agravios me parece importante reabrir el debate sobre la Educación Religiosa que se hizo hace 23 años sobre la educación religiosa que tuvo lugar en la Convención Constituyente de 1987.

El Proyecto

El proyecto de ley de Educación para la provincia de Córdoba, debatido y acordado por el Consejo Provincial de Políticas Educativas, y que el Gobernador envió a la Legislatura, contiene las siguientes disposiciones sobre la educación religiosa:

Artículo 11:Derechos y deberes de los Padres. Los Padres, o quien los sustituyeren legalmente tienen, sobre la educación de sus hijos, los siguientes: Derechos:

(…)

e) A que sus hijos reciban de manera opcional, en el ámbito de la educación pública de gestión estatal, educación religiosa que les permita aprehender los valores y contenidos básicos de la creencia por la que hubieren optado.”

 Artículo 12: Derechos y deberes de los alumnos. Los/as alumnos/as de las Instituciones educativas de la Provincia tienen los siguientes Derechos:

a) A que se respeten su integridad y dignidad personales, su libertad intelectual, religiosa y de conciencia. (…)”

Artículo 79: “El Estado  Provincial reconocerá dentro de los principios de la Constitución y de la Ley, la libertad de la iniciativa privada para crear y gestionar institutos de enseñanza en los diferentes niveles y modalidades del sistema educativo, los que estarán sujetos al reconocimiento, autorización y supervisión del Ministerio de Educación.

Tendrán derecho a prestar estos servicios la Iglesia Católica, las confesiones religiosas inscriptas en el Registro Nacional de Cultos, las sociedades cooperativas, organizaciones sociales, sindicatos, asociaciones, fundaciones y otras personas físicas y jurídicas.”

 La Ley Vigente

Dichas disposiciones reiteran lo que dispone la ley de educación provincial vigente 8113 de 1991, que dispone lo siguiente

Derecho de los Padres

Artículo 7:Los padres, o quien los sustituyere legalmente, tienen, sobre la educación de sus hijos, los siguientes derechos:

(…)

c) A que sus hijos reciban, en el ámbito de la educación pública estatal, educación religiosa que les permita aprender los valores y contenidos básicos de la creencia por la que hubieren optado.

(…)”

Criterios de Orientación Pedagógica

Artículo 20: “Los centros educativos de la Provincia desarrollarán el proceso de enseñanza- aprendizaje en los diferentes niveles y modalidades del sistema, según los siguientes criterios generales:

(…)

c) Los docentes orientan los aprendizajes con criterio científico en un ambiente propicio para la participación activa y creadora, promoviendo el desarrollo del pensamiento crítico y la responsabilidad cívica y la formación ética y moral de los educando, en un marco democrático y solidario”.

La Comisión Representativa Honoraria

Artículo 62: “El Consejo General de Educación podrá ser asistido en sus funciones por una Comisión Representativa, convocada para el análisis y estudio de los temas específicos que aquel le solicite, a fin de ampliar las consultas con la opinión de entidades sociales representativas.”

Integración de la Comisión Representativa Honoraria

Artículo 63:La Comisión Representativa honoraria estará integrada por los representantes invitados de cada y una de las siguientes entidades:

(…)Organizaciones confesionales y laicas que sostienen instituciones educativas.

(…)”

La Constitución de la Provincia

La quinta Constitución de la provincia de Córdoba dictada en abril de 1987 y  reformada en el año 2001, que está plenamente vigente, establece al respecto:

Educación

Artículo 61.La finalidad de la educación es la formación integral, armoniosa y permanente de la persona, con la participación reflexiva y crítica del educando, que le permita elaborar su escala de valores, tendiente a cumplir con su realización personal, su destino trascendente, su inserción en la vida socio-cultural y en el mundo laboral, para la conformación de una sociedad democrática, justa y solidaria.

Política Educativa

Artículo 62.La política educativa provincial se ajusta a los siguientes principios y lineamientos:

(…)

5. Asegurar el carácter gratuito, asistencial y exento de dogmatismos de la educación pública estatal. Los padres tienen derecho a que sus hijos reciban en la escuela estatal, educación religiosa o moral, según sus convicciones. (…)”

Tratados Internacionales de Derecho Humanos con jerarquía constitucional (art. 75 inc. 22 Constitución Nacional)

La Convención Americana sobre Derecho Humanos (Pacto de San José de Costa Rica) en su artículo 12, 4 titulado “Libertad de conciencia y de religión” expresa que “Los padres, y en su caso los tutores, tienen derecho a que sus hijos o pupilos reciban la educación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones.; Este tratado internacional ha sido aprobado en la Provincia por ley 7098 de 1984 y una disposición complementaria de la Constitución dispone que: “Toda edición oficial de esta Constitución debe llevar anexos los textos de la “Declaración Universal de los Derechos del Hombre”, de la Organización de las Naciones Unidas del año 1948 y la parte declarativa de derechos de la “Convención Americana sobre Derecho Humanos” (Preámbulo y Parte I)(…)”

El Pacto Internacional de Derecho Económicos, Sociales y Culturales
en su artículo 13, 3 que: “los Estados partes en el presente Pacto se comprometen a respetar la libertad de los padres y, en su caso, de los tutores legales, de escoger para sus hijos o pupilos escuelas distintas de las creadas por las autoridades públicas…y de hacer que sus hijos o pupilos reciban la educación religiosa o moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones.

El Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos dispone en su artículo 18. (…) 4. Que “Los Estados Partes en el presente Pacto se comprometen a respetar la libertad de los padres, y en su caso, de los tutores legales, para garantizar que los hijos reciban la educación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones”.

Debate de la Convención Constituyente de 1987

En la Convención Constituyente que en 1987, entre los días 23 y 24 de abril de ese año, se debatió la cláusula -que luego de aprobó- que dice que “(…) Los padres tienen derecho a que sus hijos reciban en la  escuela estatal, educación religiosa o moral según sus convicciones.” (Art. 61 Inc. 5). En el mismo se argumentó de la siguiente manera:

El convencional Ricardo del Barco (Demócrata Cristiano) dijo: “Pero, insisto,(…)Eduardo Sánchez Martínez,(…) decía: “Esto no significa imponer una enseñanza confesional lo cual violentaría manifiestamente la libertad de conciencia de cada uno; significa en cambio que a través de la enseñanza se ayude al que se educa a plantearse problemas de la trascendencia, a plantearse la cuestión de si detrás del más allá de este mundo, no hay algo que le dé sentido. Y después, de las distintas respuestas que cada uno tenga o se dé, no sólo se respeten y toleren, sino que, además, se encuentren en el medio educativo cauces adecuados para su desarrollo y su profundización. (…) Nosotros creemos que en el escuela pública hay que promover un diálogo, también, entre la fe y la cultura, entre la cultura y la vida. Queremos que las distintas expresiones religiosas tengan su ámbito, eso contribuye al pluralismo. No creemos que los católicos que asisten a las escuelas públicas teman no encontrar en ella la expresión de su fe en un encuentro a través de la educación, del diálogo y de la reflexión. No queremos que aquellos que tienen otras confesiones religiosas, cristianas no católicas u otras confesiones, o los que no tienen ninguna no puedan encontrar su expresión en el seno de la escuela pública, según el modo, manera y circunstancia que la propia práctica educativa encuentre y que desde la legislación se oriente para que no se esconda el tema. Que nadie se avergüence de tener una fe o de no tenerla.  Lo que se intenta aquí es que la educación no omita esta dimensión humana, no que le impongamos fe alguna o que utilicemos los recursos del Estado para imponer una fe determinada, aunque sea la fe católica, que es la de la mayoría de este pueblo; tienen tanto derecho las mayorías como las minorías a expresar su disenso y buscar su verdad por otro camino. No teman los señores convencionales: no se intenta con estas cláusulas revivir polémicas del pasado. Hoy queremos transitar nuevos y distintos caminos. Deseamos ante todo que en la escuela estatal se dé un ámbito de encuentro, de búsqueda y diálogo.”

El convencional Jorge de la Rúa (UCR) expresó: “la norma estaría estableciendo una regla en virtud de la cual, fundado en el derecho de los padres a que se les proporcione a sus hijos educación religiosa en las escuelas estatales, el Estado tienen el deber de proveer esa enseñanza religiosa.(…)La Nación tiene reconocido centenares de cultos y sino hay ánimo de discriminación –como descuento que no lo hay en los miembros de la Comisión- el Estado tendrá que proveer centenares, o miles, de maestros o maestras de religión o de moral, para cubrir todo el espectro religioso e ideológico de los alumnos. Porque de lo contrario, reitero, estaríamos en un plano de discriminación. (…)Creo realmente que estamos frente de una norma que en su amplitud puede generar severos problemas de aplicación práctica, y puede generar reales y concretas situaciones de discriminación.(…)Todas estas razones(…)hacen que anticipe mi voto negativo a este precepto.”

El convencional Juan Carlos Maqueda (Peronismo Renovador): “No creemos que ese inciso del artículo que está en tratamiento lleve en sí mismo una discriminación, sino que por el contrario lleva un sentido de apertura; lleva la posibilidad que la ley máxima por vía reglamentaria, que será la ley de la Legislatura, valga la redundancia, podrá determinar las formas y los modos en que habrá de impartirse la enseñanza moral o religiosa que prevé este precepto.(…) Damos el voto favorable de la bancada del Peronismo Renovador y la Democracia Cristiana.”

El convencional Abelardo Rahal (UCR): “Creo en el hombre total. Creo en el respeto profundo entre los hombres, Creo en la educación para la libertad. Por eso es que evidentemente no puedo sectorizar al hombre y remitirlo solamente a las expresiones de su razón en la vinculación solidaria. Creo que la dimensión religiosa está totalmente compenetrada dentro de la naturaleza humana.(…)Por eso –reitero- mi voto positivo va a ser por convicción y no sólo por disciplina de bloque.”

La convencional Ileana Sabattini (UCR): “Si a un radical se le dice que se va aplicar la ley 1420, se pone contento, si a un católico se le dice que se va a aplicar la ley 1420, que está tildada de laicista, se horroriza. Pues bien, señores convencionales: hoy como no se ha mencionado la ley 1420, nos hemos dividido por el mismo tema y con los argumentos expuestos, de manera opuesta. Es decir, estamos preconizando la posibilidad de que los padres organicen fuera de la hora de clase, sin pago por parte del Estado, la educación religiosa. Se está contemplando a la persona como una integridad, no solamente educar a todos los ciudadanos, sino a todos el ciudadano; se está reiterando lo que hemos firmado en los pactos internacionales (…).”

Educación

En el caso de la educación si bien ya no se discute el derecho a enseñar y a aprender, ni el de la libertad religiosa; su ejercicio, algunas veces, es cuestionado en nombre de un laicismo trasnochado que todavía desconfía, con alguna razón, y teme de que lo que se quiere con ello es volver a usar la educación pública, de gestión estatal, con el propósito de “adoctrinar” a los educandos a favor de algún credo o confesión religiosa; cuando en realidad de lo que se trata es de cumplir con la finalidad de la educación que es contribuir al desarrollo integral de la persona humana, especialmente en lo que tiene que ver con su dimensión trascendente. Para ello es necesario trasmitir a los educandos la experiencia religiosa que la historia, la tradición y los textos sagrados nos han legado.

Las dificultades y problemas que enfrenta el hombre, en estos tiempos, como consecuencia del debilitamiento de la familia; la crisis moral; la desigualdad de oportunidades -especialmente en el plano educacional, laboral, y de ingresos-; la falta de conciencia y participación cívica, la desconfianza en los dirigentes, la inseguridad, las adicciones, y la distancia entre religión y la vida, etcétera; no encuentra en las distintas propuestas, proyectos o modelos de soluciones que se le presentan sólidos fundamentos que lo sustenten.

Para superar esto se hace necesario apelar no solo a los conocimientos científicos y técnicos, sino también a los principios y valores universales de la moral y ética, que sólo la sabiduría práctica, estudiada por la filosofía y la teología, nos la puede proporcionar. Ello nos plantea la necesidad de revisar nuestra educación pública, donde es necesario enfatizar los estudios sobre moral, ética, filosofía y teología, conocimientos en los que confluyen la razón y la fe religiosa.

Los estudios sobre moral y religión no pueden estar ausentes de los planes de estudios de los establecimientos educaciones, sean ellos de gestión estatal o privados. Esto no significa que proponemos volver a la experiencia que a nivel nacional se dio entre los años 1943 y 1955, o que se viene dando en algunas provincias, como Salta, Tucumán y Catamarca donde se enseñó y enseña educación católica, para los católicos y moral para los que no lo eran o son, sino que se trata de hacer conocer lo religioso a través y según la interpretación de las distintas tradiciones y confesiones religiosas, permitiendo así un mejor desarrollo de la faz trascendente que tiene el educando como persona, y permitir que se enriquezca en los valores que adopte para sustentar su vida como persona y como integrante de la sociedad política a la que pertenece. Ello le servirá también para mejor elegir y luego cimentar los proyectos de vida que decida emprender.

Los devotos de la ley 1420 deben recordar que la misma no prohibía la educación religiosa en los colegios, ni se proclamaba laicista, sino que la misma debía hacerse fuera de las horas de clases. Por ello no es acertado lo que se expresa en los fundamentos del mensaje que acompaña al proyecto de ley enviado por el Gobernador cuando dice que la educación religiosa: se entiende que será en un espacio extracurricular y a contraturno del horario de clases”. Con la doble escolaridad que se impone en la actualidad cada día con mayor fuerza ya no hay pretexto para que la educación religiosa se haga en la escuela, al menos en el horario extendido, y no con un criterio catequístico sino verdaderamente de educación religiosa. Los que impartirán esta educación, a diferencia de la época en que se aprobó la ley 1420, serán seguramente maestros y profesores laicos, que no necesariamente profesarán el o los conocimientos religiosos que se trasmitirán a los alumno, pero que a los mismos no se los podrá privar de ellos, sin atentar seriamente contra el derecho humano a la libertad religiosa.

La Persona y la Educación

Si de valores y educación se trata el punto de partida tiene que ser la persona humana y el desarrollo de su personalidad dentro de una sociedad encaminada al bien común.

“La primera finalidad de la educación – para Jacques Maritain es formar al hombre, o más bien guiar el desenvolvimiento dinámico por el que el hombre se forma a sí mismo y llega a ser hombre.” En cuanto ser personal el hombre es una realidad hipostática, de espíritu y materia,  que se diferencia de los demás individuos de la creación por ser conciente y libre, por ser un todo en sí mismo. Está dotado de un alma espiritual, donde la inteligencia supramaterial, dirigida hacia la verdad, se nutre del conocimiento racional, que surge de la experiencia; pero que para los cristianos está enriquecido por la revelación, que conoce a través de la fe. La libertad, otro atributo espiritual de su voluntad, lo impulsa hacia el bien; y los sentimientos lo encaminan hacia la belleza. La Verdad, el Bien y la Belleza, como absolutos, se identifican con Dios.

Maritain entiende que  “la idea griega, judía y cristiana del hombre:(…) es un animal dotado de razón cuya suprema dignidad está en la inteligencia; el hombre es un individuo libre en relación personal con Dios, y cuya suprema ‘justicia’ o rectitud consiste en obedecer voluntariamente a la ley de Dios; el hombre es una criatura pecadora y herida, llamada a la vida divina y a la libertad de la gracia, y cuya suprema perfección consiste en el amor.”

El hombre, entonces, es una animal de naturaleza, pero también de cultura y su desenvolvimiento se da en la sociedad y en la civilización, por lo que también es un animal histórico, todo lo cual demuestra la necesidad de la educación, que es el arte moral, o sea una sabiduría práctica, por el que la persona es auxiliada por las experiencias colectivas, que las generaciones pasadas han acumulado, y por una transmisión regular de conocimientos adquiridos.

Para conseguir la libertad en la que se determina a sí mismo y para la cual fue hecha tiene el hombre necesidad de una disciplina y de una tradición de la que no puede desentenderse aunque deba luchar, muchas veces, contra ella para enriquecerla y hacerla apta para nuevos combates.

La educación, que es un arte moral y una sabiduría práctica, se desarrolla en la familia, la escuela o universidad, el Estado y en la Iglesia y no puede desentenderse de sus fines, que no son distintos de los que tiene la persona humana. Una educación preocupada por los medios o los métodos pero desentendida de los fines no es, como no lo es la que se ocupa solo de la ciencias, que indaga sobre las causas segundas, y no atiende a lo ontológico, cuando se interroga respecto de las causas primeras, que estudia la filosofía, o del destino trascendente de la persona, si tenemos en cuenta que está hecho a imagen y semejanza de Dios, de lo que se ocupa la teología.

Bien decía Juan Bautista Alberdi, que “Casi todas (las constituciones) empiezan declarando que son dadas en nombre de Dios, legislador supremo de las naciones. Esta palabra grande y hermosa debe ser tomada, no en su sentido místico, sino en su profundo sentido político. Dios, en efecto, da cada pueblo su constitución o manera de ser normal, como la da a cada hombre. El hombre no elige discrecionalmente su constitución gruesa o delgada, nerviosa o sanguínea; así tampoco el pueblo se da por su voluntad una constitución monárquica o republicana, federal o unitaria.”

Refiriéndose a los fines de la Constitución Argentina, expresaba que “El hombre tiene necesidad de apoyarse en Dios, y de entregar a su protección la mitad del éxito de sus miras. La religión debe ser hoy, como en el siglo XVI el primer objeto de nuestras leyes fundamentales.”

Agregaba que “nuestra política moderna americana (…) debe  mantener y proteger la religión de nuestros padres, como la primera necesidad de nuestro orden social y político; pero debe protegerla por la libertad, por la tolerancia y por todos los medios que son peculiares y propios del régimen democrático y liberal (…)”

“La libertad religiosa es tan necesaria al país como la misma religión católica. Lejos de ser inconciliables, se necesitan y completan mutuamente. La libertad religiosa es el medio de poblar estos países. La religión  católica el medio de educar esas poblaciones.”

La ley 25.878 de 2003 ha declarado el día 29 de julio como “el Día de los Valores Humanos” (Art. 1º) y dispone que “El Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología arbitrará los medios necesarios para que se desarrollen clases alusivas a esta conmemoración en los establecimientos educativos de todo el país.” (Art. 2º). Esto nos ratifica en la necesidad de que los “valores humanos” declarados en la Constitución, como los que tienen que ver con la religiosidad de nuestro pueblo, no pueden estar ausentes de la educación.

En la provincia de Córdoba esta reconocido el derecho que tienen los padres o los tutores de que sus hijos o pupilos reciban educación religiosa y moral, ello surge de los tratados internacionales, de la Constitución provincial y de la ley de educación, aunque en el sistema de educación de gestión publica ello no se cumple.

Sin embargo la provincia de Córdoba tiene una deuda pendiente con sus niños, con sus jóvenes y con sus ciudadanos, que es el implementar la educación religiosa, como disponen su Constitución, los tratados internacionales de derecho humanos y las leyes de educación que la rigen, y no hay razones que justifiquen esta mora de la gestión política educativa.

Programa de Educación de Valores Comunes

En el marco del convenio firmado por el Ministerio de Educación de la provincia y el COMIPAZ (Comité Interreligioso por la Paz) se realiza desde el año 2007 el Programa de Educación en Valores Comunes, con el objetivo de crear espacios de diálogo y encuentro entre jóvenes de diferentes religiones, respetando la diversidad cultural y religiosa, la libertad y la convivencia. El programa está dirigido a alumnos/as de 4° año del nivel medio y desde su implementación han participado más de 6000 alumnos/as de escuelas de gestión pública y privada de capital e interior, dichas escuelas son elegidas por las supervisiones del Ministerio.

El programa tiene como Objetivos: Favorecer espacios de diálogo y encuentro entre jóvenes de diferentes religiones que buscan una sociedad más fraterna. Fortalecer el respeto de la Libertad y la Convivencia por parte de los y las jóvenes. Dicho Programa tiene tres etapas: Una primera etapa en la que alumnos/as y docentes visitan los templos de las religiones que conforman el COMIPAZ. La segunda etapa se desarrolla en  la escuela, en cada curso, donde los y las docentes a cargo de esta experiencia, abordan con los alumnos y las alumnas la lectura y reflexión de la “Convención de los Derechos Humanos”, donde se les sugiere desde el Área de Educación en Derechos Humanos e Interculturalidad pautas abiertas orientadoras del trabajo. Por último se desarrolla un Festival por la Paz, para conmemorar el día de la libertad religiosa, donde se presentan las producciones realizadas por los alumnos/as y se realizan actividades recreativas de integración.

Conclusión

Queremos debate y no crispación respecto de la Educación, y más concretamente sobre el derecho humano a la Educación Religiosa.

Queremos mayor inclusión, pero al mismo tiempo mejor calidad educativa, reforzando la educación en valores morales y también religiosos.

Hoy con la extensión de la jornada escolar no cabe hablar de la enseñanza religiosa fuera de las horas de clase, ni que la enseñanza religiosas sea extracurricular o fuera del turno escolar; ni que la misma sea impartida por ministros de las distintas confesiones religiosas como en el siglo XIX; ello lo pueden hacer en estos tiempo maestros y profesores laicos, que profesen o no los credos religiosos que se enseñan.

Si una consigna habría que proclamar en este momento en Córdoba, sería:

Educarás¡! En las familias, en las escuelas, en las universidades, en la política; sin proscribir a “Dios, fuente de toda razón y justicia”, ni a la Biblia, la Torá ni a el Corán.

Córdoba, Noviembre de 2010.

Educación Religiosa: El Valor de los Valores

Simbolos Religiosos

No alcanza con hacer más inclusiva a la educación y aumentar el contenido de lo que se enseña, es necesario mejorar su calidad, y dar prioridad a la formación sobre la enseñanza, y a la transmisión de valores sobre los conocimientos.

Si “la primera finalidad de la educación – como recuerda Jacques Maritain – es formar al hombre, o más bien guiar el desenvolvimiento dinámico por el que el hombre se forma a sí mismo y llega a ser hombre”, la educación debe transmitir valores, que tienen por fuente la razón, pero también la fe religiosa de cada uno, y que fueron aportados por las distintas tradiciones religiosas a la cultura y a la moral universal.

Por ello urge incorporar la educación religiosa a los planes de estudio, y cumplir así con el Pacto de San José de Costa Rica cuando dice: “Los padres, y en su caso los tutores, tienen derecho a que sus hijos o pupilos reciban la educación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones.” (Art. 12,4); y con las constituciones provinciales, como la que nos tocó sancionar en Córdoba en 1987, que reza: “Los padres tienen derecho a que sus hijos reciban en la escuela estatal, educación religiosa o moral, según sus convicciones.

La emblemática ley 1420, mal llamada de “enseñanza laica”, no era contrario a ello, sólo que decía: “La enseñanza religiosa sólo podrá ser dada en las escuelas públicas por los ministros autorizados de los diferentes cultos, a los niños de su respectiva comunión y antes o después de las horas de clases.” (Art. 8)

En la actualidad sólo en Salta, Tucumán y Catamarca se enseña religión en los colegios del Estado, quizás porque en otros lados se teme reabrir crispados debates como los que se dieron: en 1884 al dictarse la ley 1420; o en 1943 cuando por un decreto derogado en 1955 se implantó en las escuelas la enseñanza de la religión católica, y moral para los que no profesaban ese culto;  o en 1959 cuando “libres” y “laicos” discutieron en la calle la ley Domingorena, que autorizó a las universidades privadas.

La educación religiosa que proponemos no pretende reimplantar en los colegios estatales la materia religión católica, como ocurrió entre 1943-1955; sino que se enseñe, con criterio pluralista, los principios éticos, filosóficos, y teológicos de las distintas tradiciones religiosas, lo que expresan sus Libros Sagrados, y se muestra en su liturgia; y que integran la cultura de la humanidad.

La enseñanza catequística, que alimenta la fe de quienes la tienen, debe impartirse en los templos o colegios religiosos, y no en las escuelas del Estado.

Prohibir la enseñanza religiosa, con el alcance indicado, en la educación pública estatal, es discriminar y atentar contra a libertad de conciencia,  religiosa y de enseñanza, además de contrariar las normas antes citadas.

El ejercicio de la libertad religiosa en la educación pública, es el mismo que ejercitan los padres con sus hijos, o los docentes en los colegios religiosos; donde educar no es imponer, discriminar o negarse a hacer conocer textos o prácticas religiosas, que el educando puede o no aceptar, compartir, e incorporar o no a su proyecto de vida.

Las religiones, como los credos políticos, hoy también pueden enseñarse con criterios “universalistas”, incluso lo pueden hacer quienes no comulgan con la fe que se enseña. La pluralidad religiosa no debe llevarnos al absurdo de no estudiar ninguna religión, sino que nos convoca a tratar de conocerlas a todas.

Si a un niño se le enseña, desde la razón, que debe respetar a los demás, para ser él mismo respetado; no se lo confunde si se le agrega a ello que los que tienen fe consideran al prójimo como hijo de Dios, y que todos los hombres han sido creados iguales, a su imagen y semejanza. De este modo se le brinda mejores razones para incorporar ese valor a su conducta.

Aquello que decía la ley 1420 que la enseñanza religiosa se haga fuera de las horas de clase hoy está superado por la doble escolaridad o la extensión de la jornada, y la incorporación de cátedras libres y materias optativas en las carreras universitarias, donde se puede se enseñar religión, libros sagrados, Derecho Eclesiástico, Relaciones Interreligiosas, etcétera.

Al reformar las leyes de educación, como estudia hacer Córdoba, debemos recordar que está pendiente incorporar la educación religiosa; que ayudará a trasmitir valores a conductas hoy viciadas por la anomia, la corrupción o la violencia, y debilitadas en sus vínculos fraternales, de cooperación y de solidaridad; lo que no mejorará, como está probado, con hacer más severas las leyes o con aumentar las penas en el Código Penal.

Córdoba, julio de 2010.