La Legislatura y la reforma política en Córdoba

 

Legislatura de Córdoba

La 5ª. Constitución de la provincia de Córdoba de 1987 hizo posible la reelección del entonces gobernador Eduardo Angeloz que la convocó. Para ello, su partido, la UCR, por no tener mayoría en la Convención, acordó con la Unión Demócrata de Centro, que las dos cámaras de la Legislatura, ampliaran desmesuradamente el número de miembros, para asegurarse en lo sucesivo una cantidad fija de legisladores para ambos partidos. A ello se le agregó que una de las cámaras podía sancionar leyes tácitamente, y luego de comenzar a funcionar se nombraron una gran cantidad de empleados.

Por eso el pueblo de Córdoba en 2001 votó en una consulta popular el reemplazo de esa Legislatura por otra unicameral, como tuvo Córdoba hasta 1871 y lo tienen la mayoría de las provincias argentinas, y ello se concretó con la reforma de la Constitución del 2001. Por ella se redujo el número de legisladores de 133 a 70, de empleados, y su presupuesto, que era entonces de 46,3, se bajó a 11,9 millones de pesos. Se mejoró la representación con un sistema electoral mixto, con un legislador elegido en cada uno de los 26 departamentos, por un lado, y otros 44 legisladores elegidos en toda la provincia por una lista única, con bancas distribuidas por el sistema proporcional, sin premio para las mayorías, ni castigo, con techo para la minorías (del 2 por ciento), como había hasta ese momento; con voto de preferencia, que nunca se reglamentó, con lo que se podría cambiar el orden de las listas impuestas por las cúpulas de los partidos. Se dispuso que hubiera legisladores suplentes, que pudieran incluso hacer relevos transitorios; se abolieron los privilegios parlamentarios, salvo el de opinión; se ampliaron los plazos de las sesiones ordinarias a 11 meses; se estableció la doble lectura para la aprobación de las leyes más importantes y se abolió la aprobación ficta de las leyes prevista en la Constitución de 1987.

También se establecieron las elecciones internas abiertas, que tampoco fue reglamentado, y el control de los fondos de los partidos, nunca bien implementado. Esta reforma permitió el acceso a la Legislatura de la mayoría de los partidos de la provincia. Con las elecciones del 2001, obtuvieron legisladores 14 partidos políticos; en la de 2003 ingresaron 10 y, en la de 2007 14 partidos.

En esta reforma constitucional se deslizaron dos errores, como fue bajar la edad mínima de los legisladores de 21 a 18 años, sin que una demanda juvenil, social o política lo demandara, aunque luego no se eligieron legisladores de esa edad; y se exageró la acción afirmativa del “cupo por sexos” al imponer que las suplencias de los legisladores no se cubrirían en el orden de lista por el que fueron votados, sino por sexos, aunque saltearan a otros, que estuvieran antes en las listas, lo que ya no sólo cambia el orden de las mismas, que de haberse reglamentado incluso podrían haber sido modificadas por el voto de preferencia, sino que distorsiona la voluntad popular.

En la Unicameral se aprobó un Reglamento interno, que mantuvo un artículo del que tenía el antiguo Senado, que contradice lo que establecen todos los reglamentos, por el que los asuntos entrados pueden ser tratados “sobre tablas” con el voto de la mayoría simple del Cuerpo, lo que ha hace que las iniciativas del Ejecutivo, que siempre tuvo mayoría en la Legislatura, entraran y salieran aprobadas, sin estudio ni debate, en una sesión.

Tampoco se reglamentó la división departamental de la provincia, y se mantuvo -con pocas variantes- la diseñada en el siglo XIX, frustrando el propósito del constituyente de redefinir la división departamental para equilibrarla, con un criterio regional, teniendo en cuenta las afinidades históricas, territoriales, de infraestructura, de comunicaciones; además de la cantidad y distribución de la población. Esta omisión hizo menos genuina la representación territorial y menos eficaz la gestión del legislador, que, en algunos casos, deben atender los intereses de sus votantes en departamentos superpoblados, como en el de la Capital, y en otros a una escasa población, como en Pocho y Minas

A ello se agregó la grave crisis que padecen los partidos; su fraccionamiento y la sustitución de sus líderes por otros sostenidos por el clientelismo político, o por una fama adquirida en los medios de comunicación u en otras actividades ajenas a la política, como el deporte, el espectáculo, etc. Ello convirtió a muchos partidos en sellos o estructuras que sólo sirven para presentar candidatos en las elecciones, o integrar alianzas. Tampoco funciona el Consejo de Partidos Políticos creado en la Constitución de 1987; y no existen ámbitos adecuados para hacer educación política.

Adoptar el voto electrónico, como tiene Brasil, India y muchos condados de EEUU es otra asignatura pendiente que tiene Córdoba y el país.

Córdoba, noviembre de 2017.

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¿Cambiar o “parchar”?

Mauricio Macri

El presidente Mauricio Macri ha convocado a un amplio acuerdo nacional para hacer grandes cambios, a lo que nadie debería honestamente negarse, aunque algunos deban ceder algunas aspiraciones. Pero como cambiar no es lo mismo que “parchar”, el gobierno debería contestar algunas preguntas referidas a los posibles cambios institucionales, que en el discurso oficial aparecen relegados después de los económicos, tributarios o laborales, pero que para que a mí, al menos, me parecen prioritarios.

Las preguntas serían:

En lo político

  • ¿Se modificará el número de diputados que corresponden a cada uno de los 24 distritos, de acuerdo al último censo de población, como exige la Constitución (Art. 45)? Para hacer justicia, entre otros, con Córdoba, que solo elige 18; mucho menos que los 25 de la Capital Federal, y los 19 de Santa Fe, a pesar de que tienen menos habitantes.
  • ¿Se adoptará el voto de preferencia? Por este sistema los que sufragan puede marcar a alguno/s de los candidatos, con el objeto de cambiar el orden de la listas, para que así suban, según la cantidad de preferencias que obtengan, y puedan acceder los mejores al reparto proporcional. Esto se hace en Brasil, está previsto en la Constitución de Córdoba -aunque nunca se reglamentó- y en la Carta Orgánica de la Municipalidad de Córdoba -pero la reglamentación exige un mínimo absurdamente alto de preferencias para cambiar el orden de los candidatos, lo que ha impedido que los ciudadanos lo usen. Esta modalidad le daría más poder a los que votan y se los disminuiría a los que hacen las listas de candidatos, que muchas veces priorizan a sus incondicionales.
  • ¿Se adoptará el voto electrónico, como existe en Brasil, la India y mucho de los condados de EEUU, y se judicializará el manejo de las elecciones? Con ello se dejaría de privatizar y tercerizar con la empresa INDRA el escrutinio provisorio, como ocurre desde 1997; y con MSA, de Sergio Angelini, que implementó la Boleta Única Electrónica en las últimas elecciones en la ciudad de Buenos Aires y de Salta.
  • ¿Se reformará el sistema de elecciones primarias abiertas y obligatorias (PASO) para que dejen de ser una encuesta y participen sólo los partidos o alianzas que postulan más de un precandidato?

En la Justicia

  • ¿Se transferirá al gobierno de la ciudad de Buenos Aires toda la Justicia “Nacional”, equivalente a los tribunales provinciales de ese distrito, y que son más de la mitad de las magistraturas del Poder Judicial de la Nación, que pagan todos los argentinos? De este modo estos tribunales serán sostenidos sólo por sus únicos beneficiarios: los porteños.
  • ¿Se cubrirá el tercio de vacantes de jueces que hoy tiene el Poder Judicial de la Nación?
  • ¿Pagarán impuesto a las ganancias los integrantes del Poder Judicial y del ministerio público, nacional y de las provincias, como lo hacen los abogados y demás contribuyentes? La excepción debe limitarse a los jueces que juraron antes de 2017, como estableció la ley 27.346, porque la Constitución (Art.110) prohíbe disminuirle sus haberes.
  • ¿Se reemplazará el recurso de casación en contra de los fallos de los tribunales orales penales federales del interior del país, que resuelve la Cámara Nacional de Casación Penal de Buenos Aires, por otro de apelación ante las Cámaras Federales con sede en las provincias? Con ello se revisarían los fundamentos legales y de hecho, y no solo los primeros, con ocurre con la casación, porque así lo exige la Corte Suprema desde el caso “Casal” de 2005. Y porque la Constitución dispone que los juicios criminales deben hacerse en las provincias donde se cometió el delito (Art. 118).

En la educación

  • ¿Se implementará un examen a los alumnos que terminan el segundario?, como existe en muchos países actualmente, y evaluar así la calidad y defectos de la educación secundaria, para diagnosticar las causas del alto porcentaje de deserción escolar que hay a nivel segundario y universitario.

Las respuestas dirán si los cambios resolverán los grandes problemas que nos afectan.

Córdoba, noviembre de 2017.

 

Los desafíos de la Democracia

maritain

Jacques Maritain

La democracia no tuvo buena prensa hasta el siglo pasado. Aristóteles la consideraba una forma degenerada de la politeía (equivalente a República), el gobierno de la mayoría, por no estar dirigido al bien común. Montesquieu en su libro “Del Espíritu de las leyes” de 1748, inspirado en Aristóteles, afirmó que: «La elección por sorteo es propia de la democracia; la designación por elección corresponde a la aristocracia», por ello cuando se dictaron las Constituciones de EEUU (1787) y de nuestro país (l853), se declararon republicanas, y omitieron la palabra democracia.

En el siglo pasado, las trágicas experiencias totalitarias del stalinismo, del nazismo y del fascismo; de los autoritarismo de Francisco Franco, en España, y Antonio Oliveira Zalazar, en Portugal, y de las dictaduras latinoamericanas; el horror de los genocidios armenio y judío; de las dos guerras mundiales y de las dos bombas atómicas en Japón, convencieron a la humanidad que la democracia era la más perfecta forma de gobierno y de vida en la sociedad; por respetar la voluntad popular, la libertad, los derechos humanos, la igualdad, la paz, y el bien común.

Pero, ¿qué es hoy la democracia?

Su punto de partida es la dignidad de la persona humana, y el respeto de sus bienes esenciales: la vida, la libertad y al trabajo y los derechos humanos que de ellos se derivan. Se trata de la mejor forma de representación política y de participación ciudadana. Para su mejor desarrollo es necesario educar políticamente a los ciudadanos y también a los dirigentes; limitar los mandatos, diferenciar lo público de lo privado, lo que es de la sociedad civil y de lo que es del estado, y, dentro de éste, diferenciar las competencias de los distintos niveles, poderes y órganos de gobierno y de la administración.

Que, además, haya plena vigencia de la Constitución y de las leyes, respeto de las instituciones republicanas y cumplimiento de las reglas de ética pública, que aseguren transparencia e impidan la corrupción. Las sociedades deben ser solidarias y fraternales. Y los medios de comunicación deben garantizar que la opinión pública esté bien informada y, a través de ellos, se puedan expresar todas las opiniones y debatir las grandes decisiones políticas. Que la inevitable globalización no se limite a lo económico o a lo financiero, sino que se profundicen los procesos de integración política, y se retome el olvidado ideal de un gobierno mundial, que nos permita, alguna vez, superar conflictos, desigualdades y preservar al planeta.

La Democracia del siglo XXI

En el nuevo siglo las democracias, además, necesitan: adecuar la educación, redefinir y distribuir el trabajo, orientar la economía al servicio del hombre, asimilar las nuevas tecnologías y medios de comunicación, limitar el armamentismo (especialmente el nuclear) y cuidar el ambiente.

Los nuevos desafíos que enfrenta la democracia son: los poderosos (de la política, la economía, lo militar, lo mediático, etc.); la crisis de los partidos, vaciado en “espacios” políticos; las reelecciones, que oligarquizan la política; los “círculos rojo”, que amurallan y separan a los representantes de los representados; al clientelismo y a las “organizaciones sociales”, punteros, piqueteros, lobbistas, etc. que secundan a los que medran con el poder; a las redes y nuevos medios de comunicación, que con frecuencia reemplazan la verdad con la post-verdad; al populismo, con su autoritarismo encubierto; a las grietas (políticas, sociales, territoriales, etc.), profundizadas por la política agonal; las persistentes secuelas de la guerra fría, y los intentos de reconciliación, como el que se ensaya en Colombia; las nuevas formas de violencias (bullying, escraches, desaparecidos, atentados terroristas, etc.); la corrupción; la pobreza; el narcotráfico; las discriminaciones; el cambio climático y la incertidumbre del futuro, que compromete la esperanza.

Maritain, el filósofo de la democracia, alguna vez dijo: “La cuestión no es encontrar un nombre nuevo a la democracia, sino descubrir su verdadera esencia y realizarla; pasar de la democracia burguesa, desecada por sus hipocresías y por falta de la savia evangélica, a una democracia íntegramente humana; de la democracia frustrada, a la democracia real.”

A esto estamos convocados.

Córdoba, octubre de 2017.

 

 

 

 

 

 

De Vido, Cristina y Menem

Julio De Vido

El caso del diputado Julio de Vido irrumpió bruscamente en la campaña electoral, porque el tema principal para el oficialismo es la corrupción, como el estancamiento económico lo es para la oposición kirchnerista. Se lo acusa de “inhabilidad moral sobreviniente a su incorporación” o de “desorden de conducta en el ejercicio de sus funciones” (Art. 66 Constitución), algunos le agregan “indignidad” -causal no prevista ni penada por la Ley Fundamental-; por múltiples y graves presuntos delitos que habría cometido antes de ser elegido por el pueblo.

Una serena reflexión, no influida por la disputa electoral, podría ser la siguiente:

· Sin orden judicial de arresto no cabe el desafuero de De Vido, ya que los procesos puede continuar hasta su culminación. Esta prerrogativa es de la Cámara y no es renunciable.

· Las acusaciones al ex ministro enfatizan las denuncias (80), imputaciones (30) o procesamientos (5), por hechos ocurridos cuando ejercía ese cargo, antes de ser elegido diputado.

· Si los delitos se cometieron antes de ser electo, “corregirlo” o “removerlo” (Art. 66 CN), o sea: suspenderlo o expulsarlo -como se propone en la Cámara de Diputados-, sería desconocer la voluntad popular que lo eligió a pesar de ello.

· Si el Cuerpo que integra le aplicara alguna pena; que los jueces temerosos, morosos o cómplices omitieron imponerle; la misma sería un grave desvío de poder y un atentado contra el principio de inocencia, lo que podría ser anulado judicialmente.

· Llama la atención que ese planteo no se le haya formulado cuando se incorporó a la Cámara, ni al ser designado presidente de la Comisión de Energía y Combustible de dicho Cuerpo; ni que no se lo haya intentado hacer al senador Carlos Menem, ahora candidato a ser reelecto, que tiene dos condenas judiciales que no están firme; ni a Cristina Fernández de Kirchner, tres veces procesada, a la que se le podrían haber hecho por los hechos por el que está procesada un juicio político cuando era presidente, o se le pudo haber impugnado su actual candidatura a senadora.

· La acusación a De Vido, se basa más en que fue procesado que en los delitos que habría cometido, y su defensa se circunscribe a que es un perseguido político. En esta discusión se elude explicar si fue responsable o no de la muerte de 51 personas en la tragedia de Once, o si es culpable o no de la sustracción o el desvío de millonarios recursos del Estado.

· Lo ciudadanía no entiende por qué la vara de la justicia cae con severidad solo en cabeza de subalternos (María Julia Alsogaray, Ricardo Jaime, Julio López Lázaro Báez o Víctor Manzanares), y nunca en la de los responsables político superiores (Cristina, De Vido o Menem); mientras en países vecinos los jueces condenan y ordenan prisión a ex presidentes, como ocurre en Perú (Alberto Fujimori, Ollanta Humala y Alejandro Toledo) o en Brasil (Luiz Ignacio Lula da Silva).

· También es reprochable las conductas de los ciudadanos que votan a corruptos.

Si el “afianzar la justicia”, del preámbulo de la Constitución, significa “dar a cada uno lo suyo”, nos parece que ello no ocurre en este caso, y el obrar de los diputados y candidatos en la campaña electoral nos demuestran que más interesa ganar una elección que actuar como indica la Constitución. Este reproche cabe también contra los jueces que tienen obligación de impartirla y no cumplen con ese cometido.

Si a la incertidumbre sobre nuestro futuro y a la pobreza de las propuestas de los candidatos, le agregamos una inconstitucional sanción a De Vido, además de victimizarlo agravaría la desesperanza de muchos argentinos.

A propósito de ello me viene a la memoria las palabras de mi profesor de derecho penal, el Dr. Helio Olmos -eximio abogado penalista-, cuando sus alumnos le preguntábamos: ¿por qué defendía a delincuentes indeseables?, como serían ahora estos políticos corruptos, y él nos respondía: ¡La Justicia en el juicio final!

Córdoba, julio de 2017.

Éxitos y fracasos en la campaña electoral

Mauricio Macri y Cristina Fernandez de Kirchner

A pesar que la ley fija la fecha del 14/7/17, la campaña electoral comenzó hace un año con la ley de “reparación histórica”, que aumentó haberes previsionales de ANSES, mucho de los cuales recibirán recién ese justo beneficio en víspera de los comicios.

Cómo el gobierno no mejoró la economía, los precios y las tarifas aumentaron más que los salarios y se perdieron empleos, la oposición tomó este fracaso como bandera. Los gobiernos Nacional, provinciales y de los municipales saturan los medios de comunicación con los pocos éxitos de su gestión, donde nunca faltan las fotos de los candidatos que respaldan.

Las elecciones primarias nacionales (PASO) fueron desvirtuadas por la falta de disputa de las candidaturas en los partidos, y se han convertido en una encuesta, obligatoria para los electores. Los partidos desaparecieron al fusionarse en alianzas alrededor de candidatos, muchas veces destacados por su visibilidad mediática, que no representan una propuesta política sino a los líderes que confeccionan las listas, como el presidente, ministros, gobernadores, intendentes o a algunos que ahora sin cargos tienen peso propio, como Cristina Fernández de Kirchner.

Único problema: el gran desorden 

La táctica que mejor intenta el oficialismo y la oposición es, igual que en la elección de 2015, polarizar -profundizar la grieta- entre Cristina, que es el pasado, y Mauricio Macri, que es el presente, sin que poco y nada se diga del futuro, ni que se propongan reformas de fondo, para terminar con el único gran problema que padecemos, que es el grave desorden que sufrimos en la calle y con la seguridad, pero también en la educación, la economía, la Justicia, en lo tecnológico, lo ecológico, en cómo integrarnos al mundo, etcétera.

Además de las obras que exhiben los que gobiernan (algunas ridículas como el tren que va en 7 horas a Mar del Plata), y que no se hicieron en los años no electorales, los caballitos de batalla de la campaña son la lucha contra: la corrupción, la pobreza y el tráfico de las drogas. Sobre la corrupción, es mucho lo que se denuncia e investiga (caso de Vido) y poco lo que aclara y resuelve la Justicia. Respecto de la pobreza no hay proyectos serios para superarla, que no sean los planes sociales. En cuando al narcotráfico el gobierno con el aumento de los decomisos de estupefacientes –que aplaudimos- nos muestra la gravedad del problema, que es el aumento desmesurado del consumo (duplicado en este siglo), sin que haya políticas para frenarla y disminuirla, ya que mientras crezca el consumo y las adicciones, la lucha contra el narcotráfico es una guerra perdida. Si aumenta la demanda de drogas, lo hará también la oferta, por más decomisos y penas que se apliquen. ¿Qué hacer con los consumidores, adictos y soldaditos de este vil negocio?, es el gran dilema a resolver.

Entonces, en política ¿está todo perdido?, ¿no hay soluciones? 

La esperanza es lo último que se pierde. En un país donde hay líderes que el mundo admira (SS Francisco, Lionel Messi y Daniel Barenboim), nuevas promesas políticas (María Eugenia Vidal, Verónica Magario y Martín Lousteau) y una ciudadanía que a pesar de las recurrentes crisis no se rinde, y que con su voto y su deseo de participar (ver las masivas manifestaciones), no admite la polarización, y reclama soluciones de fondo, y sin demoras, aunque se cristalicen después de las elecciones.

Ejemplo de ello es la educación –un tema central-, donde, además de tener clases, los niños y jóvenes necesitan formarse como líderes, no solo político -donde escasea la buena preparación-. Hay que reemplazar la enseñanza actual, que forma alumnos para empleos de baja calificación; por otra, adecuada a la nueva y dinámica realidad, condicionada por la tecnología, donde se necesita, además de educar en valores morales, hacerlo también para la innovación y la creatividad; despertar la curiosidad y la astucia para resolver nuevos dilemas que el futuro deparará y que hoy es imposible prever. Se necesitan para ello docentes e investigadores mejor formados, jerarquizados y remunerados, y evaluaciones que nos indiquen si nos acercamos o no a las metas fijadas; como el examen al terminar el secundario, que se practica en casi todo el mundo, y que en nuestro país está prohibido.

Si con coraje los demás problemas se encaran de esta manera, la política y el futuro de nuestros hijos y nietos será por más promisorio.

Córdoba, julio de 2017.

Disputas por el poder o por trabajar

Mauricio Macri y Cristina Kirchner

El 2017, como todos los años impares, está signado por las elecciones, y por ello todo lo que se hace en política está en función de ganarlas, que por ser en este año sólo legislativas no cambiarán el gobierno, y muy poco las mayorías parlamentarias, pero pondrán en carrera a los que aspiran a las presidenciales de 2019. La táctica del gobierno, asesorado por Jaime Durán Barba, es tensar la relación amigo-enemigo, propia de toda disputa el poder, pero, en este caso, en vez de confrontar proyectos o programas políticos se crea una falsa opción: Macri versus Cristina, apoyar al gobierno o volver al kirchnerismo, el pasado contra el presente, volver a la “grieta”. Por eso poco o nada importa qué hacer con el trabajo, la educación, la seguridad, el cambio climático, etcétera. El Congreso casi no funciona, la economía está en veremos, la seguridad es preocupante, la educación está a la deriva, las calles cortadas, la Justicia sigue ineficaz y llena de vacantes, y la Corte Suprema es el árbitro final de conflictos que nadie resuelve (ejemplos: tarifas del gas, Milagro Sala).

Revertir el empleo cero

Pero entonces, ¿qué hacer con los graves problemas que nos aquejan?

  • Lo primero es centrar el debate político en la solución de los mismos, y no en quién o quiénes serán candidatos en el año 2019. Enfocarnos en el futuro -que es por demás incierto- y terminar con las falsas opciones como: volver a Cristina o ponerla presa, sostenerlo a Macri o subirlo al helicóptero, acentuar la ceocracia o la militancia camporista o piquetera.
  • De lograrse esto, habría que priorizar las cuestiones a resolver, que son muchas y muy complejas, y casi todas no serán solucionadas antes de éstos comicios, ni de los de 2019, como es, por caso, el de la educación.
  • El trabajo se muestra como el tema que más angustia a los argentinos y al mundo, ya que las nuevas tecnologías, aplicadas en el sector privado y público, parecen encaminadas al empleo cero. Trabajar hoy y mañana, no es lo mismo que veníamos haciendo hasta ahora. Los robots, la informática, la electrónica y el mundo digital nos obligan a pensar hoy, y preparar a las nuevas generaciones, para la innovación, la creatividad y el uso de nuevos instrumentos, que ya existen y que variarán o serán reemplazados por otros en poco tiempo, que nos permitirán gestar nuevos emprendimientos.
  • El trabajo decente, junto a la vida y la libertad, es el bien que toda persona debe ejercitar para vivir con dignidad. Sin valores la vida en sociedad carece de sentido.

El trabajo, que recordamos el 1º de Mayo, es lo que más se discute en las últimas campañas electorales de distintos países. Donald Trump triunfó en EEUU, con un florido discurso, por denunciar la baja del empleo, la consecuente reducción de los salarios, los altos costos de los servicios, como los de la medicina y la educación. Por eso les dijo a los americanos: basta de inmigrantes que les quitan sus trabajos; revertiré el tratado del Nafta que trasladó fábricas a México o Canadá, y propuso repatriarlas, junto a las que se fueron a China; cuestionó el Tratado del Cambio Climático de París de 2016 porque haría cerrar empresas que contaminan el ambiente; propuso crear fuentes de trabajo a través de obras de infraestructura y en las fuerzas armadas. Su lema “Haz América grande de nuevo” (Make America Great Again) ponía en primer lugar al empleo y relegaba, a un segundo plano, otras cuestiones como la política internacional. Si lo propuesto para solucionar esto es acertado, está por verse. Los discursos de las campañas electorales de este año en Europa y América siguen la misma línea.

Terminar en Argentina con la pobreza, la corrupción y el narcotráfico; traer inversores, equilibrar las finanzas públicas, terminar con la inflación y la economía en negro, descentralizar, mejorar la educación, reemplazar el empleo público por el privado, alivianar la presión fiscal, mejorar la infraestructura, terminar con el festival de los subsidios, reforzar la seguridad y cuidar el ambiente; son propósitos que hay que atender para que todos tengan un trabajo, bien remunerado, que les dé sentido a sus vidas y que les permita realizarse como persona.

Si este vuelco se diera, ¿Cómo cambiaría la visión que todos tenemos de la política? Hasta nos despertaría ganas de participar.

Córdoba, abril de 2017.

Los que no nos representan

 

Nigel Farage

Nigel Farage

En nuestro país y en el mundo, es notable la distancia que separa a los ciudadanos de sus gobernantes. Las últimas elecciones en EEUU y en las consultas populares: del Reino Unido -por el Brexit-, de Colombia -por el Acuerdo de Paz con las FARC- y de Italia, son un ejemplo elocuente de ello.

Las grandes y vertiginosas transformaciones sociales y tecnológicas que nos depara el Siglo XXI hacen que muchos políticos no alcancen a percibir, interpretar, diagnosticar, asumir, ni proyectar su regulación, con la claridad y la premura que los electores -en su mayoría también desorientados- reclaman.

Estos cambios radicales se muestran en:

  • la globalización, que internacionalizó el mundo de la economía y las finanzas: el sistema financiero, el mercado, el comercio y la actividad de grandes corporaciones;
  • el “cambio climático”, la contaminación del ambiente y la acidificación y el aumento del nivel de los océanos, que afectan a la “Casa común”, como dice SS Francisco en “Laudato Si”, y que el Acuerdo de París intenta paliar.
  • la existencia de organizaciones internacionales violentas como ISIS y las dedicadas al narcotráfico, la trata de persona, el comercio de armas o que escoden el dinero de la corrupción;
  • la homogenización de las manifestaciones musicales, en el cine, la televisión, las redes sociales, las artes en general y en los usos y costumbres, como la vestimenta, la gastronomía, etcétera;
  • el papel relevante que ha cobrado la ciencia, la investigación, la educación y la acumulación de conocimientos e innovaciones;
  • la aparición y fortalecimiento de instituciones políticas y económicas supranacionales, y de normas y sistemas jurídicos para reglar el mundo globalizado.

La tendencia a la reducción del empleo tanto en los sectores agrícola y extractivos, como en el industrial, que se encaminan al “empleo cero”, por la automación y robotización, y por la necesidad de suprimir las formas de producción que contaminan, o que están siendo reemplazadas por otras mejores (v.gr.: los automóviles eléctricos por los que consumen nafta); lo que se completa en el sector terciario con la digitalización del gobierno y de la administración; y la multiplicación de organizaciones sociales que reclaman, protestan y exigen la soluciones a los problemas de alimentación, vivienda, salud, educación, etc., lo que el Estado, ni las organizaciones que lo complementan o lo suplen, no alcanzan a satisfacer.

Los planes sociales argentinos y de otros países, tratan que los ingresos de ciudadanos sean más equitativos, como son: la bolsa- familia en Brasil, la “Renta mínima de inserción” (RMI) en Francia, o el dividendo social que reciben cada año los que viven en Alaska – EEUU- cuyo monto varía según el rendimiento del organismo gestor: Permanent Fund Dividend Application (en 2006, fue de U$S 1.106.96 anuales). Los suizos acaban de rechazar en un referendum, con el 78% de los votos, la implantación de una “Renta básica de inserción” (RBI), de 2500 francos mensuales que cobrarían todos sus habitantes tengan o no ingresos. Iniciativa similares se propusieron ante la Comisión Europea en 2013, en Finlandia y en Utrecht -Holanda-.

La revolución en las comunicaciones hizo cambiar en política el diálogo, el discurso, el debate y las formas de relacionarse y consensuar. Tampoco es igual, ni parecida, en este siglo, la relación entre representantes y representados; ni el funcionamiento de los poderes dentro del Estado; nacional, provincial y municipal; como el de los órganos legislativos, ejecutivos y judiciales; y las amplias administraciones que los acompañan.

Los discursos, ilustrados con gestos e imágenes, son más breves; y contienen títulos y subtítulos contundentes, que acentúan las diferencias entre que se propone con lo que se quiere sustituir, y, muchas veces, descalificando al que piensa o sostiene lo contrario. Las redes sociales son el vehículo más eficaz de comunicación; las encuestas y los medios gráficos están en crisis y a los expertos no siempre se los escucha.

Los sistemas electorales y las prácticas representativas se crearon para una sociedad diferente de la actual, por eso es que ya no sorprende la aparición de outsider que denuncian al establishment y a los efectos negativos de estas mutaciones, como Donald Trump en EEUU; Nigel Farage, en el Reino Unido; Alexis Tzipras en Grecia; Beppe Grillo en Italia; Marine Le Pen en Francia, Pablo Iglesias en España, etc., con propuestas, populistas o nacionalistas, poco claras de cómo remediar los males que denuncian.

Conclusión: los ciudadanos y los políticos debemos acércanos y compartir más y mejor los nuevos problemas quejan.

Córdoba, diciembre de 2016.